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TOPE AMERICARGO

Editorial // Venezuela, la patria que hoy pierde a sus hijos

El cada vez más álgido tema migratorio de los venezolanos debe ser atendido con el mismo empeño y la misma fuerza solidaria que nuestra nación ha mantenido históricamente con los pueblos del mundo.

Venezuela desde la Primera Guerra Mundial ha recibido ciudadanos de diversas zonas geográficas, sin vacilación. Luego, tras la segunda guerra mundial, esta realidad fue «in crescendo» y tuvo mayor alcance y relevancia. Pero no solo se trata de haberlos recibido, sino de su integración en nuestra idiosincrasia y en la familia venezolana como tal.

Especial atención, en este sentido, hemos tenido con nuestros hermanos latinoamericanos, con quienes hemos estrechado lazos de solidaridad más profundos; es difícil no encontrar a un cubano en Miami que en la dictadura de Castro no haya tenido un pariente en nuestro país, o un chileno refugiándose en Venezuela escapando de la cruenta dictadura pinochetista; lo mismo con lo argentinos buscando seguridad en nuestro territorio, o los peruanos huyendo de tanta pobreza y desigualdad social; y así con tantos ciudadanos que alguna vez cayeron o vivieron una desgracia por causa natural o política.

Hoy, por responsabilidad de un modelo corrupto y autoritario, nuestra gente ha tenido que recurrir al exilio. No es lo deseado ni lo que alguna vez pensamos hacer los venezolanos.

Si había un país con menos vocación migratoria era Venezuela. Salimos al mundo para hacer turismo y se nos conocía como el “ta’ barato dame dos”. Economías se levantaron con nuestra presencia. Miami, Aruba, Curazao y ciudades de Colombia son algunos de los ejemplos.

Aspiramos desde lo arraigado de nuestro espíritu, que los venezolanos dejemos de salir en bandadas y podamos resolver el tema político lo más urgente posible. Esto debería motivar y obligar a los líderes nacionales a construir una UNIDAD NACIONAL con un solo plan de salida. No más agenda individuales y ocultas. El sufrimiento de nuestra gente debe provocar la conformación de una unidad política homogénea y férrea que derrote este modelo hambreador para hacer posible que Venezuela recupere el brillo y luz que merecemos.

Somos el mejor país del mundo y el más bendecido por Dios. Tan solo falta desterrar el mal satánico que tenemos.

No nos cansaremos de alzar nuestra voz para que dejen de migrar nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros nietos.

Somos una nación de integración y unión, no solo caras afuera, sino principalmente caras adentro. Somos casa, hogar, morada, no escape ni desarraigo. Somos respeto y paz. No merecemos bofetadas o ataques, ni dentro, ni fuera de nuestra patria.

Carlos Alaimo
Presidente Editor

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