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Hace 60 años Luis Aparicio debutó con los Medias Blancas

Transcurría octubre de 1955, cuando Frank Lane, gerente de los Medias Blancas de Chicago, anunciaba el cambio de Alfonso “Chico” Carrasquel a los Indios de Cleveland.

La prensa de Chicago fustigó el movimiento de Carrasquel, quien fue el torpedero de la Liga Americana en el Juego de Estrellas los tres años previos. “Necesitarás una máquina para reemplazar a ‘Chico’”, le manifestó un periodista a Lane, quien respondió: “Sí, eso es precisamente lo que tenemos… Una máquina, y su nombre es Luis Aparicio”.

Fue precisamente ante los Indios y frente a “Chico” Carrasquel que los Medias Blancas le dieron la oportunidad a Luis Aparicio de hacer su presentación en las Grandes Ligas.

A sus 22 años, el 17 de abril de 1956, en el viejo Comiskey Park de Chicago, “Luisito” se convirtió en el sexto jugador venezolano que irrumpía en las Mayores.

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Aparicio, único criollo miembro del Salón de la Fama del béisbol, se estrenó en la Gran Carpa como el paracorto titular de los patiblancos, y el octavo bate del mánager Marty Marion, en el encuentro que los Medias Blancas derrotaron 2-1 a los Indios.

“Mi debut fue algo redondo al tener allí también a ‘Chico’ Carrasquel. Él me ayudó muchísimo a llegar allí, tanto en el terreno como fuera del terreno. Él fue mi ídolo”, indicó Aparicio.

Carrasquel, quien asumió un rol de mentor para Aparicio, fue el que recomendó a su compatriota a la gerencia de Chicago, antes de que Aparicio decidiera acordar un contrato por 10 mil dólares.

Debut soñado

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Aparicio, quien dio su primer paso hacia la inmortalidad frente a 16 mil 773 espectadores, ligó de 3-1 en ese encuentro, participando además a la defensiva en una doble matanza junto al camarero Nellie Fox.

El zuliano le conectó a Bob Lemon su primer incogible en el big show. Lo hizo en la parte baja del séptimo inning, abriendo así la cuenta de los dos mil 677 inatrapales con que terminó su legendario carrera de 18 campañas.

“Lemon era un pitcher que tiraba muy buena curva. Tiraba de todo, y era como todos los pitchers de antes, que no andaban con tonterías. Si les hacías buenos swings te la tiraban por la cabeza para intimidarte. Yo me salvé en mi último turno, porque le pude dar el hit”, recuerda Aparicio.

Con “Carrasquelito” del otro lado, el debut de Aparicio se convirtió en la segunda ocasión en la historia que dos shortstops criollos eran titulares un encuentro. “Chico” y Pompeyo Davalillo fueron los primeros en lograr la hazaña el 3 de agosto de 1953, en un partido entre Medias Blancas y Senadores, esceni cado en el Griffith Stadium de Washington.

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“Con ese frío que estaba haciendo qué iba a pensar que terminaría en el Salón de la Fama. Yo ni sabía qué era eso, pero lo que sí sabía era que ya estaba en Grandes Ligas. Por eso tengo mucho que agradecerle a Dios, quien me dio la habilidad de jugar béisbol, a La Chinita, y a Alfonso, porque me ayudó mucho. Él fue muy importante para mí”, puntualizó “Luisito”, quien terminó inicio por buen pie una temporada en la que terminó siendo el primer latinoamericano en ser premiado como Novato del Año.

Aparicio finalizó su primera zafra con promedio de .266 y 21 bases robadas, líder del joven circuito, e incluso logró recolectar un 7 porciento de los votos al premio como Jugador Más Valioso. Desde que se tomó su primer “cafecito”, el criollo le devolvió a las ligas mayores la esencia del robo de base como un estrategia ofensiva, su velocidad, habilidad e inteligencia, fue su carta de presentación y su marca registrada a lo largo de su histórica trayectoria.

 

 

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