Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Libros al galope

Biblioteca móvil, itinerante o circulante. No son un invento novedoso y mucho menos de patente nacional, pero como casi toda creación del ser humano, responde al reconocimiento de una necesidad

martes 12/06/2018
3:40 PM
  • Mary Cruz Finol

  • @cruzdesaman

  • Josephlyn López (Ilustración)

«Aaaah, eeeeh, ooooh, llegó la bibliomula, llegó la bibliomula. Aaaah, eeeeh, Aaaah, eeeeh. Aaaah, eeeeh». Los ojos de los niños sonríen, saltan al compás de sus mejillas sonrojadas, y no es precisamente a causa del frío, es el júbilo por ver a Morichala llegar. Fuerte y voluntariosa, enviste un traje grisáceo que va a la perfección con un alforja de encantos. Morichala sabe mucho, le encanta leer.

A llantas o patas

«Hay un acto de fe cuando promovemos la lectura y escritura», afirma sereno Pedro Maldonado, promotor de lectura del Proyecto Bibliomulas de Mérida, una labor de profunda humanidad y cultura que nació en la Universidad Valle del Momboy, Valera, estado Trujillo, a través de la Cooperativa Caribana, y se replicó en Mérida a partir del 2010. Desde entonces, fuertes y aguerridas mulas hembras, animales ideales por su aguante y dominio en los terrenos altos y escabrosos, han facilitado el acceso a la literatura y el conocimiento universal en las escuelas de la periferia, eslogan no oficial del proyecto, pero que se respira cada que Morichala y sus compañeros humanos llegan a alguna escuela de la región en medio de vítores y aplausos.

El entusiasmo en la Tierra del Sol Amada no es muy distinto del que profesa el niño andino, pues si bien no hay tracción a sangre movilizando a Rómulo Gallegos, Franz Kafka o Isabel Allende, no hay quien detenga a los pequeños que corretean al Gigante de Latón al coro enérgico de «¡Ahí viene el bibliobús, ahí viene el bibliobús!».

Desde el 2015 se disfruta de la Unidad Móvil de Biblioteca y Cine «Bibliobús» del Banco Central de Venezuela, subsede Maracaibo, una herencia del Banco del Libro, precursor de los servicios bibliotecarios itinerantes en el país a partir de 1968.
En un intento por combatir contra los libros cerrados y las mentes infértiles, en palabras de Yulis Molero, coordinadora regional de la Red de Bibliotecas Públicas por la Biblioteca Nacional de Venezuela, los bibliobuses son una respuesta bibliotecaria inmediata para las «poblaciones más vulnerables como un compromiso de interés social en pro de la cultura de un pueblo… Impacta de manera positiva, porque permite ubicar un servicio itinerante con actividades de música, teatro, danza como un medio para promocionar la lectura».

Los objetivos del Bibliobús van más allá de facilitar libros a un niño. La planificación varía siempre entre lecturas dramatizadas de cuentos icónicos, rompecabezas, proyecciones y charlas sobre la historia de la moneda y el cono monetario. A veces cuenta con la colaboración de los bachilleres de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia que realizan su servicio comunitario en el Bibliobús, la llamada «lectura casa por casa».

Marilin Villasmil, comunicadora social, tocó puerta por puerta en poblados de La Ciega, Santa Rosa de Agua y la aldea Dominguito de Sabaneta en 2016: «Si los adultos de las casas mostraban interés en la lectura que hacíamos, se dejaba una “caja viajera” a modo de préstamo en la comunidad».

Letras a estribor

Los libros, en cualquiera de sus presentaciones, chiquitos, gorditos, ficcionales o concebidos para el rescate de la memoria, se han negado siempre a enlistarse en el sedentarismo. Por eso, no sorprendió —o tal vez sí— toparse con la modalidad de las bibliolanchas, bibliofalcas y bibliobongos en el Amazonas.

Todo inició en 1986 con las «cajas viajeras» a bordo de las bibliolanchas, recipientes plásticos similares a un baúl de un metro de largo por 50 centímetros de altura que contenían libros y revistas de diferentes tipos, objetos lúdicos, películas y hasta algún balón. Los servicios móviles en la región se fueron reinventando y a partir de 1992 la lectura fue escoltada en bibliobongos por las riberas amazónicas de la ruta Samariapo-San Carlos de Río Negro, visitando más de 20 comunidades en su viaje inaugural, y por iniciativa de la Red de Bibliotecas Públicas.

Nuestro título pionero en Latinoamérica como el primer servicio bibliotecario lacustre se mantuvo vivo hasta el 2007, pues los pueblos indígenas atendidos desde el 92 por la Bibliofalca, —jivi, piaroa, kurripaco, piapoco, baniva y puinave—, no han vuelto a disfrutar del «acto social con el libro como instrumento», explica con palabras esperanzadas de en un futuro retomar el servicio, Rohen Torres, homólogo de Molero en el estado amazónico desde el 2014: «Nosotros los bibliotecarios debemos diseñar y planificar estrategias para hacer llegar no solo los libros, sino también la palabra».

Historias para llevar

Aunque muchos de los conceptos acuñados sobre bibliotecas itinerantes destacan la implicación de un vehículo en la descripción, resulta bastante común ver como esta opción de democratización de la lectura encuentra su camino a cuatro patas: existe el caso del «Camel Mobile Library», una biblioteca móvil llevada por camellos que recorren el desierto keniano. En Tailandia, los elefantes tienen la máxima responsabilidad de transportar material educativo a las más de 40 villas norteñas urgidas de cultura universal y literatura. Además de cajas de libros, antenas de televisión satelitales y computadores.

Desde hace dos años, Morichala comanda la loable labor de sus antecesoras, Frailejona y Estrella, aventurándose por los caminos del páramo merideño para compartir los viajes de Pierre Aronnax a bordo del Nautilus, las excursiones alrededor del mundo de Phileas Fogg, los fantásticos encuentros de Alicia en el país de las maravillas, las desventuras de Oliver Twist, el misterio de El gigante de Milla, la loca Luz Caraballo o las tradiciones del suelo andino; historias pedidas por los pequeños.

Los destinos siempre varían, pues el proyecto siempre está presto para acercar la cultura a toda escuela de la periferia: ya sea en la U.E.B. «Andrés Eloy Blanco», ubicada en el sector Piedra Gorda a 3 kilómetros de Timotes o en la escuela «Nicarache» en el Páramo de Mucuchies, a 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar, la más alta de todas. «Nos reciben como si fuéramos de otro mundo, como si fuéramos el presidente de algún país», comenta decoroso Pedro Maldonado, a quien bien podríamos llamar un héroe de la otredad.

Ya sea al trote, sobre ruedas, o a la espera de puentes que conecten la cultura con cada rincón de Venezuela, un millar de historias esperan ser contadas, leídas, dramatizadas, cantadas. Mientras, Morichalas comparten el paraíso siempre imaginado por Jorge Luis Borges*.

Bongo
Es una embarcación utilizado para el transporte fluvial. Para el servicio de modalidad móvil en Amazonas fue elaborado a partir de la corteza del árbol «Palo de Mure», moldeada por los indígenas y encofrada en madera de sasafrás; protegido con pintura anticorrosiva y un techo de zinc cubierto de palmas.

 


 

(*) Referencia a la cita «Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca» del poeta argentino Jorge Luis Borges.

(**) Cada 28 de enero se celebra en España el Día del Bibliobús.


 

El presente reportaje pertenece a la 41.a edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 8 de junio de 2018.

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