Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

La sonoridad del perijanero

Desde la cuentística familiar y de su anecdotario personal, el cronista y pintor Jesús Vílchez cuenta cómo se vivía la zulianidad en su tierra, Machiques de Perijá.

viernes 16/03/2018
1:40 PM
  • Ana Karolina Mendoza

  • @AnaKarolinaMP

  • Nil Petit

Ahí, en Machiques de Perijá, se habla canta’o.
—Hay dos señores: Blas Valbuena tenía una «vuelta ‘e yuca» (lo que llaman hato por ahí) que se llamaba El Arenal y, entonces, llegó a tomar con su amigo, Ángel María Ferrer. Antes no había música ni nada. Había que coger un instrumento y cantar. Entonces venía un «cantador», que ahora se le dicen «versólogo», pero nosotros le decíamos «cantador», porque hablaban canta’o. Entonces, él va y le dice al otro en público:
La yuca del arenal/ está clara, cauta y vana/ suena como la campana/ y no le penetra el mal.
Y el dueño de El arenal, le dice:
Ángel María Ferrer/ tiene una vuela ‘e yuca/ ‘té buena o ‘té maluca/ pero tiene qué comer.
Hay otro que fue un muchacho con un real, que lamadre le dio pa’ ver qué le vendían en el abasto, y le dijo: «Señor ‘Fulano’, mami que qué le puede vender con este real pa’ almorzar», y el tipo le dijo: «Cónchale, muchacho, ¿y qué te puedo dar con un real?». Entonces, estaban unos hombres ahí, tomando, y uno le sacó la cuenta:

Dale una locha de sal/ una de arroz y manteca/ le acomodáis tres de esos (plátanos) y queda pa’ reventar—.
Los «cantadores» aún se encuentran en Machiques. En la fiesta de San Benito, el 27 de diciembre, ellos hacen gala de su repentismo y contrapuntean versos al Santo Negro en pleno chimbangle. El propio de Machiques, que no es clave de gaita perijanera sino «grita’o», dice así:
El que toca la tambora tiene la camisa rota/ tiene la camisa rota, dice un cantador. Y el otro le responde: Tendremos que reunir, tendremos que reunir para comprarle la otra.—

***

Jesús Vílchez nació el 21 de mayo de 1939. Tiene, cronológicamente 77 años. —Pero no, tengo 78, porque yo meto en la cuenta los nueve meses que mamá me tuvo en la barriga—dice carcajeándose el cronista, pintor y cultor machiquense que se niega a modernizarse, es decir, a abandonar las características de su idiosincrasia. Los cuentos que le echa a Tinta libre no están registradas en ningún libro o documento. Forman parte de la cuentística familiar y de su anecdotario personal.

El canta’o al hablar también fue una estrategia lúdica para los machiquenses que se formaron en la escuela primaria hasta los 60, puesto en la zona no había liceos y quienes deseaban estudiar bachillerato debían mudarse a Maracaibo y estudiaban en los liceos Baralt, Udon Pérez y Jesús EnriqueLossada, las únicas instituciones autorizadas por el Ministerio de Educación para egresar Bachilleres. —Toditos: los de la época, nuestros hijos y algunos nietos tenemos ese canta’o, porque cuando nos tocaba aprendernos las tablas de sumar o de multiplicar era así: «Uno más uno dos./ Dos más dos son cuatro./Cuatro y dos son seis./ Seis y dos son ocho/ y ocho dieciséis…».Eso me hace acordar de al «Titán» de los Puertos de Altagracia (Rafael María Ávila, repentista nativo del municipio Miranda en la Costa Oriental del Lago), porque a él no podían corregirle la rima que tenía, porque ese es el sabor. Así se interpretan mejor las cosas del pueblo.

—Aquí hay sabor pa’ todo. Y ese sabor viene del hablar del pueblo. Aquí éramos económicos, a pesar de la abundancia que había (por la gran producción agropecuaria): en estas tierras se usaba lo que llaman un «gusteador», pero como el pueblotiene su al hablar se decía: «prestáme el gustador». Ese era un hueso que lo amarraban en el techo y, como lo que había era fogones de leña,ese humo espantaba las moscas. Las mujeres iban hacer unos fideos (pasta larga) y no tenían con qué darle sabor: «decímele a fulanita que me preste el gustador». Entonces, metían el hueso ese ahí y hervía, y al rato lo sacaban y lo devolvían, y les quedaba el gusto a los fideos. …». Bueno, y así nos acostumbramos a darle cambiarle el nombre a las cosas, a deformarlo, pues.

***

—En los bares de mi juventud, donde no entraban menores de edad, se agarraba una botella de «Oranchecruch» y se tocaba como charrasca. Otro agarraba un «taurete» y tocaba el cuero como un tambor. Y pa’lfurro, le metían el talón al vacío del «taurete» y sonaba ronquito como un furro. Y a veces aparecía un cuatrico por ahí. Y hacíamos una rueda y comenzábamos a improvisar las letras—.
Así se formaban las parrandas en cualquier época hasta finales de los 70. A la gaita le incluyeron otros instrumentos y la fusionaron con otros ritmos, recuerda Vílchez, y en Machiques comenzaron a escucharse otros géneros traídos por los hijos de los hacendados que estudiaban en Maracaibo o fuera de Venezuela.
Las serenatas estaban prohibidas. —La recluta pasaba y se lo llevaba a uno si lo veía formando escándalo—. Para enamorar había que pararse en la esquina de la casa de la muchacha, en una bicicleta alquilada (porque costaban 150 bolívares), hasta que ella se asomara y lo viera a uno.
***
—Los cronistas porfiamos de dónde venimos—, sentencia Vílchez, sentado debajo de una mata de mango en el patio de su casa en Machiques y estando rodeado de los 18 cuadros pintados por él en los que se registra la historia del primer municipio de la Sierra de Perijá (le siguen la Villa del Rosario y parte de Jesús Enrique Lossada).
—Machiques lo elevaron a municipio en 1841,pero que hay errores en los registros. Los historiadores han conseguido errores. Venancio (Pulgar)vino aquí a pelear con los perijanerosfue en 1963, dice un historiador que no voy a decir el nombre. Pero ya Machiques tenía 25 años. El otro dice que cuando quemaron La Villa no existía Machiques, pero ya habían pasado treinta y pico de años.
Pero la historia del pueblo que yo me sé es otra. Los indios estaban tranquilos, Sierra arriba y vinieron los españoles a colonizarlos. No se sabía si eran yukpas, wayuu… ellos eran indios y les pusieron los nombres de las étnias. Y así. Aquí hubo matanzas de indios, de blancos, de negros…Luego los prijaneros se alzaron en la época de Guzmán Blanco y Venancio (Pulgar), quien era presidente de la provincia del Zulia, fue quien calmó a la gente y organizó el territorio. Pero murió muchísima gente pa’ que nosotros estuviéramos aquí y yo estuviera echando estos cuentos—.


El presente reportaje pertenece a la décimo tercera edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 20 de enero de 2017.

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