Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Cantos de amor en la poesía

El amor como forma de vida fue el tronco del que se desprendieron sus convicciones sociales e ideológicas. Andrés Eloy Blanco, el poeta cumanés, fue también abogado y político. Se conmemoran 120 años de su nacimiento

lunes 12/03/2018
12:43 PM
  • Mayli Quintero

  • @MayliQuintero

  • Andrea Phillips / Viviana Navarro

“Cuando tú te quedes muerta, / cuando yo me quede muerto, / tendrán que enterrarnos juntos / y en silencio; / y cuando tú resucites, / cuando yo viva de nuevo, / nos volveremos a amar / en silencio…”.
Andrés Eloy Blanco le cantó al amor, le cantó a la esposa. El hombre, además de poeta, fue abogado, político, periodista, dramaturgo y orador.

El escritor venezolano, nacido en Cumaná hace 120 años, es mayormente recordado por los poemas que develan sus convicciones cívicas y sociales, como el famoso «Angelitos negros». Sin embargo, versos como: «…no sé si me olvidarás / ni si es amor este miedo / yo solo sé que te vas / yo solo sé que me quedo…», se convirtieron en voz de muchos.

Pero el amor en la escritura de Blanco va más allá de lo romántico. Claudio García Soto, investigador y profesor de Literatura Venezolana de la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia (LUZ), identifica en la poesía del escritor tres vertientes esenciales: la político-ideológica, la social y la lírico-amatoria. Todas confluyen, afirma, en la temática amorosa, que se ramifica en amor a la esposa, a la madre, al padre, a los hijos, a la patria, al pueblo.

«…dicen que el querer se acaba / y el amar es infinito, / amar es hasta la muerte / y querer hasta el olvido», es un fragmento de Pleito de amar y querer. Este emblemático poema es casi un manifiesto de lo que amar significa para el poeta. Amar es crearse y crear porque «no hay un hombre que supere / a la versión que de ese hombre / da la mujer que lo quiere; / ni existe mujer tan bella, / ni existe mujer tan pura / como la que se figura / el hombre que piensa en ella».

Así dibuja el poeta una ideología, desde esos versos propone una actitud para hacer política: «Y el amor se vuelve afán / de gritarle al pordiosero: / -Quiero y porque quiero, quiero/ que nadie te quite el pan». He aquí el sentido social conjugado con el tema del amor. «…y en la voz del campesino / vaya un poco de mi amor (…) / y así el amor es caricia / que se nos va de las manos / para servicios humanos / en comisión de justicia».

Las marcas de sus vivencias

Blanco vivió persecuciones políticas, cárceles y exilios. Padeció y enfrentó tres regímenes dictatoriales: el de Cipriano Castro, quien persiguió a su padre; el de Juan Vicente Gómez, siendo aún estudiante de Derecho; y el de Marcos Pérez Jiménez, contra quien militó desde el exilio.

 

«Nuestro pueblo, a la hora de amar, ama con los versos de Andrés Eloy Blanco; a la hora de cantar, canta con los versos de Andrés Eloy Blanco; y a la hora de rebelarse, se rebela con los versos de Andrés Eloy Blanco», Miguel Otero Silva, escritor.

 

Sin embargo, según afirma el profesor García Soto, «el político, el luchador social, conciliador desde su perspectiva cristiana, a pesar de todos sus padecimientos, cárceles y torturas; execra la venganza y la retaliación». Esto lo evidencia en uno de sus poemas escrito desde su último exilio en México: «Por mí, ni un odio, hijo mío, / ni un solo rencor por mí, (…) / ni andar cobrándole al hijo / la cuenta del padre ruin / y no olvidar que las hijas / del que me hiciera sufrir / para ti han de ser sagradas / como las hijas del Cid». Porque todo odio es negador del amor, asevera el catedrático, por lo que no está permitido «derramar ni la sangre que cabe en un colibrí».

El escritor Miguel Otero Silva, en un texto de 1960 llamado Croquis de Andrés Eloy Blanco lo resume afirmando que Blanco fue siempre leal a su condición humana y a sus principios de justicia, de la misma manera que su condición humana fue siempre leal a su sembradora misión de poeta.

“Por su índole amistosa, por su amplitud espiritual, por su prédica constante de la comprensión y tolerancia entre las gentes, ningún venezolano, acaso, encarnó nunca como nuestro Andrés, el espíritu de la unidad nacional”, escribió Aquiles Nazoa, en el cuarto aniversario de la muerte del poeta, en 1959.
Blanco también cantó a la madre, como a la patria, desde el amor. En un poema dedicado a su ahijado, con tono aleccionador, mas no riguroso, le explica: «Crece pensando en Venezuela. / (Venezuela es el espejo / en que tu madre se ve cuando se peina. / Si eres malo con Venezuela, es lo mismo / que si al espejo de tu madre lo quebraras con una piedra). / Siendo malo con Venezuela, / es posible que tengas mucha plata en el Banco, / pero, por lo demás, serás un sinvergüenza».

En este sentido también sus pensamientos sociales y políticos de justicia e igualdad, de patriotismo se calan y entremezclan en una alegoría de los miedos infantiles al «Coco», como los temores del pueblo al dictador: «Echa músculos, quiere a tu madre, / que nunca esté el espejo ni roto ni empañado, / y con respecto al Coco, óyelo bien: el Coco / le tiene miedo a los muchachos».

 

VíNCULO CON MARACAIBO

La casa de la cultura de Maracaibo en los años 60 llevaba el nombre de Andrés Eloy Blanco.

 

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El presente reportaje pertenece a la segunda edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 5 de agosto de 2016.

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