Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

¡Aquiles va con humor!

En un ‘santiamén’ podemos ‘poner la torta’ cuando pretendamos hablar sin gracia sobre Aquiles Nazoa, poeta, ensayista, escritor y periodista. El humorista representativo de los que sí han sabido criticar y crear con inteligencia. Sobre su vida se sabe mucho, así que ¿por qué no osar hacerlo con una gracia pretendida?

viernes 13/04/2018
9:21 AM
  • Héctor Daniel Brito

  • @betonchobrito

  • Andrea Phillips (Composición gráfica)

En los techos rojos capitalinos,
nace un Nazoa en El Guarataro,
y así, ojeroso y encorvado, como se muestra
en las fotos,
se volvió, aquel mocoso, un hombre ilustrado.

Hablan de un «talón de Aquiles»,
pero el caraqueño tiene un humor negrito,
como las letras del Dominguito,
un semanario que han criticado.

Ese bohemio no se ha dejado,
tiene de escudo letras picantes
que, a políticos y militantes,
boquiabiertos ha dejado.

 

Humor y amor

El abogado, filósofo, escritor y fotógrafo Otrova Gomas (el seudónimo de Jaime Ballestas) declaró en el documental Una mancha inocente que «el humorista no es el cómico de la literatura», sino que su función o efecto puede ser más trascendente a través de una risa reflexiva. Es decir, el lado más icónico de Nazoa.

En ese sentido, Fruto Vivas, arquitecto, compartió hace algunos años en el reportaje audiovisual Rostros de Venezuela: «Aquiles era solidario y enfrentado a todas las cosas horrendas que sucedían en el mundo para esa época… Aquiles tenía la lengua más brava que yo he conocido en mi vida; jamás se le paró la lengua para decirle cuatro cosas a la gente». Una característica que le permitió a Nazoa explotar su lado «más crítico» —aunada a sus pensamientos de izquierda— para poder crear una visión firme sobre los temas que enfrentaba la Venezuela del siglo XX. Una misión que asumió como defensor del pueblo contra las injusticias de esos días. «El humor es una de las formas de creación más complejas y más difíciles que existen. Lo realmente mágico es descubrir las misteriosas claves de la ruptura que produce una risa», reveló Gomas en una entrevista; un componente que le sirvió a Nazoa en el aporte de diversas obras que publicó durante su carrera, en las que escribió desde ensayos académicos hasta poemas infantiles.

 

Lo que abunda en estos días,
lo intuía Aquiles hace rato,
que para su credo o alegato
los pincelazos de Picasso.

Chaplin y Andersen inspiraron al artista,
el creador de la Caperucita,
pero ojo: la criollita,
la que es guapa como Chita.

Las historias se hacen sublimes,
como la del equino de los jardines,
que en sus ojos saltarines
reflejaba colorines.

 

Aquí-les va Caracas

«Caracas era entonces un lugar del que poco se sabía en el mundo, sumido en deplorable atraso. Y esa es la Caracas en que yo nací, la Caracas a la que perteneció mi familia, la Caracas de la que yo vengo, y por eso puedo hablar de ella con tanta propiedad» (Nazoa, 1967). Con esta cita, Aquiles comparte una de las características más importantes del arte de hacer registrar y relatar: la pertinencia.

La docente e investigadora Alecia Castillo sugiere en el trabajo Aquiles Nazoa, su vida y su visión de Caracas que el escritor conocía de dónde venía y dónde estaba parado: «(Nazoa) deja constancia de una ciudad que desaparece como tal, para convertirse en una metrópolis babélica, dura y agresiva»; con ello, a través de sus diversas obras: ensayos, poemas y textos libres, poco a poco denunciaba lo que comentó José Ignacio Cabrujas en 1988: «(Caracas es) una ciudad en la que no puede existir ningún recuerdo. Es una ciudad en permanente demolición que conspira contra cualquier memoria». Y allí estuvo Aquiles, registrando y metiendo el dedo en las llagas del poder.

 

En sus versos hay derechas, izquierdas,
y otras tragedias,
tejidas como una media,
pero con política seria.

Sobre la torta que puso Adán
seguro escribe con poesía
aquel Aquiles, que no es mesías,
junto al membrete: su capital

Aquí les va, Aquiles viene,
pues como Lázaro resucita
cada vez que alguien recita
al Nazoa de los quereres.

 

El poder de la risa

Cine, televisión, periódicos, teatros y donde hubiese un escenario para levantar la voz, Aquiles Nazoa estaba allí. En tiempos dictatoriales los humoristas han sido, quizá, uno de los grupos más odiados, de acuerdo con Gomas, pues ridiculizan a la autoridad y a todo sistema que pretenda mostrarse superior a los demás, venga de donde venga.

Laureano Márquez, humorista, asegura que sus colegas son una especie de visionarios, con capacidad de advertir sobre lo que viene. No hay razón exacta, pero siempre han estado del lado opuesto de las cosas e, irónicamente, muchas veces con mal humor «porque ese es el único del que (se) puede disponer para sí», de acuerdo con Nazoa; si fuese lo contrario: «lo vende».

Emilio Santana, destacado periodista venezolano, compartió una entrevista que le realizó a Nazoa, en la que este discute la posición del humorista venezolano desde un plano general y la forma en la que el humor funciona como la estructura —inteligente o no; trascedente o no— de muchos cuentos:
«Hay entre esos cuentos algunos que la persona inteligente escucha con agrado porque en ellos el color, o sea la intención, pasa a un plano de interés muy secundario con respecto a sus méritos específicamente humorísticos, es decir, el ingenio en la elaboración, la lógica en el argumento, la agilidad en la exposición y la sorpresa en el desenlace. Pero hay muchos otros en los que, como en los malos cuadros, la violencia del color agobia a todos los otros valores, y esos ya no son chistes, sino actos de bajeza.

—¿Ha decaído el buen humor entre nosotros? —preguntó Santana.

—Ha decaído. A mí no me han vuelto a encarcelar desde 1956 —respondió Nazoa.

Porque, como dijo Aquiles, «el mundo se divide en dos clases: la gente seria y la gente»; por fortuna, aquí uno puede escoger adonde pertenecer.

 

 


 

El presente reportaje pertenece a 37.ª edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 13 de abril de 2018.

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