Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Acción social para la música

El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela es una de esas pocas obras que aún funcionan bien en Venezuela. Un don, la percepción, las capacidades y la voluntad son los elementos que han transformado la realidad social de miles de jóvenes que tocan y luchan

jueves 24/08/2017
4:28 PM
  • POR MARÍA JOSÉ TÚA

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El sistema nacional de orquestas preescolares, infantiles y juveniles está contribuyendo en gran medida a construir, en el espacio público, una imagen del músico venezolano exitosa, una carrera profesional como posibilidad, con estatus y reconocimiento social; un modelo y oportunidad a seguir para las juventudes venezolanas. Se están creando, así mismo, nuevos significados relacionados con la cultura del mérito, el esfuerzo, la constancia y la disciplina, como dignos caminos que conducen hacia una Venezuela mejor»

Discurso de José Antonio Abreu por el Premio Nobel Alternativo, en diciembre de 2001

Nadie desconoce a El Sistema. El programa que logra la enseñanza y la práctica académica de la música a través de orquestas sinfónicas y coros. Ideado como un instrumento de organización social y de desarrollo humanístico, este proyecto mutó a política cultural tras años de gestión entregada por parte del maestro Abreu.

«Si la cita con el ministro es a las 3 de la tarde, llega a las 9 de la mañana y empieza a esperar. Él va a hacer que te canses para que te vayas, pero el que se va a cansar es él, y cuando te vaya a atender, porque no le va a quedar otra, te va a aprobar todo lo que le vas a pedir, por la persistencia», son las palabras con las que entrenó el maestro a Lía Bermúdez en los noventa, cuando la escultura se iniciaba en la gerencia cultural. Es una anécdota que cuenta ahora Régulo Pachano, presidente del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez. Y añade: «Ese es Abreu».

La crianza en un hogar muy musical en Monte Carmelo, estado Trujillo, determinó que más tarde José Antonio Abreu se hiciera un músico de carrera, profesor ejecutante y maestro compositor mientras descubría y deleitaba con el órgano, el clavecín y el piano. Pero el instrumento mejor llevado por él siempre ha sido la dirección.

Desde sus 35 años, su mantra de «Tocar y luchar» ha hecho permanecer en el tiempo El Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, proyecto que para 1976 se sumó a las notables iniciativas de algunos artistas para educar al hombre y su espíritu en una Venezuela socialmente complicada.

Formación ciudadana

En 1949, el maestro checo, Emil Friedman, tenía la necesidad de formar pedagogos musicales y aprovechar el gran talento musical natural del venezolano. Exploró las posibilidades de dar la oportunidad a los niños de edad escolar de experimentar con los instrumentos clásicos y de ahí nació el lema «No hay cultura sin cultura musical», que coreaban en el kindergarten que luego se transformó en el caraqueño colegio Emil Friedman.

«Según Friedman, la música abre un camino muy especial y expedito para ir desarrollando el sentimiento de los niños, la sensibilidad y la motivación hacia otras manifestaciones artísticas. Es por ello que el colegio Emil Friedman ha establecido un modelo educativo basado en el desarrollo armónico del intelecto y el sentimiento», es la expresión del instituto.

El otro movimiento de incorporar la música a la formación académica fue hecho en Maracaibo. En 1976, Friedman, Oscar D’Empaire y Augusta Faría de Hans crean el colegio Bellas Artes. La flauta dulce y la historia de la música eran materias comunes para los alumnos impartidas por los uruguayos, los argentinos y los chilenos que emigraron en esa época.

A la par, Carlos Giménez con Rajatabla también evidenció la evolución de la visión cultural de los artistas en Venezuela. Por primera vez, el Estado venezolano subsidiaba programas de disciplinas artísticas gracias a las gestiones del director de teatro argentino. El apoyo gubernamental ayudó a llevar los programas al interior del país y a que Rajatabla se hiciera con una sede y allí profesionalizara a los actores.

Sin embargo, Abreu, de regreso de su estadía en Estados Unidos, donde se especializó en gerencia, comenzó a vislumbrar una concepción mucho más global de esta en el ámbito cultural, basándose en los conocimientos que lo hicieron un tecnócrata. «Al convertirse en gerente, su instrumento se hizo más grande. Siguió haciendo música, pero la perspectiva fue una más grande», equipara el profesor Pedro Moya, director académico de El Sistema Zulia.

El maestro juntó la planificación con el arte, en este caso, la música, y el alcance social como concepto desprendido de la economía política. Así nace este programa que «no forma músicos, sino ciudadanos», como lo sostiene el maestro compositor Juan Bautista Sampayo, presidente de La Compañía de la Ópera de Maracaibo Rafael Urdaneta.

Sampayo, instruido en Inglaterra, se impacta porque su hijo de 14 años, concertino de la orquesta juvenil Rafael Urdaneta, perteneciente a El Sistema Zulia, estudie y practique desde esa edad la novena sinfonía de Mahler. Como en él, admira en otros miembros de la orquesta la obra completa de Abreu «una formación íntegra de ciudadanos que, además, salen músicos», ya que El Sistema «envía al mundo» a muchachos con un instrumento, pero, más que todo, con una formación.

«El ideal de Abreu fue  agarrar a un tipo, enseñarlo a tocar y convertirlo en ciudadano y en un transformador de otros hombres», clarifica Alexis Blanco, periodista, actor y director de teatro. La autoestima, la felicidad, la convivencia, la solidaridad, la tolerancia, la disciplina, el liderazgo, la responsabilidad y la socialización son los valores y las «destrezas importantes para la vida» que confluyen en el aporte que hace esta filosofía educativa al desarrollo humano y social de la sociedad venezolana. Así lo clarifica la periodista Chefi Borzacchinni en su libro Venezuela en el cielo de los escenarios.

«La búsqueda de que las piezas y las notas sean cada vez mejores responde a la necesidad del ser humano de progresar y contribuir. No es por la carencia de algunos, es por la necesidad de todos», es la premisa que recrea el profesor Moya a partir de los valores promovidos. «En los ensayos y los conciertos confluyen todas esas necesidades en la primera sinfonía de Beethoven o en la Fuga con Pajarillo».

Educación social por el arte

¿El Sistema constituye el programa de responsabilidad social de mayor impacto en la historia de Venezuela?, vale preguntarse cuando se repara en que además del don (talento), el joven debe tener un contexto (familia, comunidad, academia) que coadyuve a su formación como ciudadano. Y el Estado es el principal encargado de financiar los recursos de todo tipo implicados en esta labor.

Además, El Sistema tiene muchos amigos que han apoyado ese empeño en favor de la integralidad como premisa. Así es como otros aspectos inherentes a las orquestas y los coros se han formado y fortalecido, como el Centro Académico de Lutería, que desde 1982 hace aprender a los jóvenes a remendar y a preparar sus instrumentos.

«Estas iniciativas las persiguen los europeos: educar al pobre y al rico», expresa Blanco, quien, por expensas del mismo Abreu, acompañó a la orquesta por Europa en un viaje auspiciado por marcas tan famosas para el capitalismo que apenas es creíble que apostaran por esta expresión tan social que involucra política, economía y cultura.

Así es como esta empresa venezolana nacida en la década del 70 ha ido expandiéndose por otros semilleros en el mundo. «El Sistema nace en Venezuela porque Abreu es de esta tierra y aquí debía comenzar», tiene en cuenta Moya. De las posibilidades de su idea inicial, arguye: «Si le llegas a Abreu con una idea nacional, la convierte en latinoamericana. Y si es latinoamericana, la convierte en mundial». Esto, básicamente, porque las bases sobre las cuales se erige esta filosofía son universales.

Como la «enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina», define la Real Academia de la Lengua Española la propedéutica, mientras que, para los antiguos griegos, el proceso de crianza de los niños, entendida como la transmisión de valores (saber ser) y saberes técnicos (saber hacer) inherentes a la sociedad, se denominaba paideía. Blanco acuña ambas concepciones para determinar a El Sistema como una filosofía de educación social por el arte.

Solidaridad sin fronteras

Una madre cocina para sus hijos en el interior de una vivienda rural. Los pequeños adelantan sus tareas cuando unos golpes secos a su puerta los hacen temer y correr: «A Venezuela han llegado más de 200 mil personas desplazadas. ACNUR y el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela cooperan para proteger a niños afectados por conflictos armados»

Un audiovisual producido por esta alianza cuenta la historia de la niña Luz y su familia mientras cruzan las aguas de Santa Bárbara del Zulia en una piragua que navega y suena, impulsada por la tristeza del suelo nato y las notas vibrantes del nuevo comienzo.

Desde el 2013, la Agencia de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) para los Refugiados (ACNUR) estrecha vínculos con la Fundación Simón Bolívar (Fundamusical), órgano rector de El Sistema, en favor de la infancia y la juventud de los refugiados. «Las ideas se tocan cuando se entiende que una sociedad avanzada es la que es piadosa», es la forma que le da Moya a la figura de colaboración que la organización y la institución promueven más allá del horror y más cerca de la creación.

La directriz de ACNUR es integrar a los refugiados en sus nuevas comunidades. Antes de 2012, en ninguna de las zonas donde la organización tenía presencia existía un referente comparable con El Sistema. Madeleine Labbiento, oficial de información pública de la agencia, define la música y la metodología de Fundamusical como el complemento idóneo para la reinserción social de los refugiados en otros suelos mediante la formación educativa y cultural que brinda el programa.

ACNUR ha patrocinado la dotación y remodelación de núcleos en las zonas fronterizas en los estados Zulia, Táchira y Apure. Del mismo modo, la agencia ha promovido las condiciones para desarrollar en esos núcleos el oficio del lutier. Así, otro aporte de la agencia ha sido el respaldo a la primera producción discográfica de El Sistema Zulia. Sin embargo, ambas entidades (Fundamusical y ACNUR) requieren de más recursos para reimpulsar el núcleo en Santa Bárbara y así garantizar la permanencia de los alumnos en el programa, al solucionar las limitantes de transporte y obtención de instrumentos que tienen.

La perfecta sinfonía que forma la lucha por la integración social y contra la xenofobia de ACNUR con el interés de El Sistema en mejorar el entorno de sus muchachos, darles formación y desarrollar sus talentos es única en el mundo. Ahora, este modelo de incorporación de los refugiados busca replicarse en otros contextos, como en el de Jordania, en el Medio Oriente.

«En los campos de mi tierra, la tormenta estremecía (…) Tristes tuvimos que marcharnos. Lejos nos fuimos a soñar a nuevas tierras de esperanza. Con nostalgia, llegamos al lugar. Una nueva oportunidad nace con la música y nueva gente. Y en el corazón del hermano nace alegría nuevamente. Ya no tengo que correr, ya no tengo que temer. Solo tengo que luchar y solo tengo que tocar», declama el verso final de la actuación con música, coros y letras de los niños.

Intervención de realidades

En 1976, la amplia visión de estadísticas, planificación, modelos proactivos y bases políticas de Abreu   comenzó a construir modelos y a intervenir realidades  al incorporar los 423 núcleos de formación y sus mil 340 módulos; el Centro Nacional de Acción Social por la Música (CNASPM) en Caracas; sus centros de lutería y su editorial; a los 700 mil niños y jóvenes en formación; a 9 mil 10 docentes en las 24 entidades del país; a Chefi Borzacchinni en las letras; a los artistas Carlos Cruz Diez con sus sillas cromáticas y a Jesús Soto con su penetrable araguaney en el CNASPM; a Wuilly Arteaga y su violín roto en represión; a Dudamel en Los Ángeles y a las notas musicales de Armando Cañizales en el cielo.

«A Abreu lo va a tener que estudiar un equipo multidisciplinario para entender esa gran molécula que es El Sistema», sublima Blanco. Pero advierte: «Con sus bemoles». También los tenía Simón Bolívar, compara el periodista. Pero indudablemente, el bien y el mal sobrepasan a una mente y a un maestro capaz de educar —en un tiempo distinto— a la propia presidenta del Consejo Nacional Electoral, una virtuosa de la viola. Y por puro contagio, Blanco empieza a visionar: «Un país con 3 millones de músicos será distinto, nunca será pobre». Y eso sí es irreversible.

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