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Gabriel Ripstein sorprende con “600 millas” [+Foto]

El mexicano Gabriel Ripstein ha claudicado al empuje de “la sangre, que es muy espesa”, dice, y ha acabado rodando una película, “600 millas”, donde aborda el tráfico de armas entre EE.UU y México, tras años de trabajo como productor ejecutivo, editor y guionista para grandes estudios como Sony o Altavista.

“Después de escribir guiones por encargo ya tenía claro qué era lo que quería y eso no pasaba por satisfacer a todo el mundo. Ésta es la película que yo quería hacer, he sido lo más honesto posible conmigo mismo y con el material que tenía en mis manos”. confiesa el director.

El debutante, ganador este año con “600 millas” del premio a la mejor ópera prima del Festival de Berlín, asegura en conversación telefónica con Efe desde México que ésta honestidad es, precisamente, “la gran lección” aprendida de su padre, el laureado realizador mexicano Arturo Ripstein.

“Siempre he admirado de mi padre que siempre ha sido muy coherente consigo mismo y con el cine que ha hecho“, asegura, y, al revés de lo que pueda parecer, nunca sintió la necesidad de distanciarse del peso de un padre tan ilustre, más bien al contrario.

Gabriel Ripstein define su cine como “realismo dramático” y conviene en que para ser cineasta hace falta más que un padre famoso, “ser terco e insistente y tener un poco de suerte y otro poco de talento”, aunque reconoce que “la sangre es espesa, y empuja”, como le pasó a su padre, hijo también de otro gran cineasta mexicano, Alfredo Ripstein.

“600 millas” es una “road movie”, pero también una “buddy movie” (película de compañeros) porque lo es “de personajes en una situación límite y lo que tienen que hacer para sobrevivir”.

Aún así, Ripstein subraya que no pretende “simplificar un problema complejísimo como es el del tráfico de armas”, ni busca “señalar responsabilidades o culpas”.

Obsesionado por el toque realista, Ripstein no solo ha buscado al director de fotografía de los hermanos Dardenne, Alain Marcoen, al que localizó por Linkedin, sino que sus narcos “ni se acercan a los arquetipos”.

Los suyos no son capos glamourosos cargados de joyas en mansiones millonarias, ni sus policías rudos y de pocas palabras, sino que son personas normales que deben lavar los platos si no quieren que se enfade su esposa.

Por ello, concluye, su interés era “retratar a los últimos eslabones de la cadena, los que se ensucian las manos”.

Ripstein está deseando que la película llegue el próximo viernes a las salas españolas: “Es un privilegio enorme. Ojalá haya algunos que se confundan y vayan al cineaunque crean que van a ver una de mi papá”, bromea el cineasta. 

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