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Muere octava paciente de Especialidades Pediátricas

Ala 1:00 de la tarde de este martes falleció Michell Palmar, de 12 años, en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Fundación Hospital de Especialidades Pediátricas (FHEP). Personal de enfermería asegura que los familiares descuidaron el protocolo de tratamientos.

Parientes de Michell comentaron que la menor sangró por la nariz. Una enfermera que no quiso revelar su identidad recordó que cuando un paciente tiene las plaquetas bajas, producto de la quimioterapias, sangra.

Desde este viernes y hasta el martes murieron ocho niños, según indicaron familiares de otros pacientes oncológicos y personal médico.

Enfermeras que pre rieron mantenerse en el anonimato relatan que de estos ocho niños, cuatro se encontraban en una fase avanzada de la enfermedad.

Según los galenos, el resto de los niños murieron tras sufrir complicaciones propias de su padecimiento. Sin embargo, los padres de los pacientes denunciaron que existe escasez de tratamientos y que han tenido que comprar los medicamentos para quimioterapias, y otros insumos.

“Precarias” condiciones

Este miércoles, los allegados a los pequeños realizaron la que sería la segunda protesta de esta semana, frente a la FHEP. Exigieron dotación de insumos y que se instalen, lo más pronto posible, las unidades de enfriamiento del tercer piso de Oncología, donde, desde hace un mes, no funcionan los aires acondicionados.

Yoleida Colmenares, oncóloga del hospital, resaltó que más tardar hoy se daría de alta a los tres pacientes que permanecían hospitalizados. Pero se conoció que hasta la noche de ayer, uno de los niños seguía recluido en el tercer piso del centro de salud. Solo un abanico acondicionaba su ambiente. No fue dado de alta porque aún presenta una infección bacteriana.

Especialistas en oncología infantil explicaron que estos pacientes requieren ocupar espacios que cuenten con aires acondicionados, para evitar la proliferación de bacterias, ya que el calor incrementa las probabilidades de contagios.

Ante la protesta que sostuvieron la mañana de ayer los representantes de los infantes, el secretario de Salud, doctor Richard Hill, subrayó que las unidades de enfriamiento ya fueron reparadas y que trabaja en que se instalen en el menor tiempo posible. Detalló que un compresor tuvo “problemas mecánicos”; razón por la cual se llevó inmediatamente al taller.

El presidente de la FHEP recordó que los equipos del lugar tienen más de 20 años funcionando y que han presentado problemas. “Pero se han ido solucionando en el camino”.

El galeno dijo que ayer llegó un lote de medicamentos que el gobernador, Francisco Arias Cárdenas, reunió. Vancomicina y Metronidazol fueron algunos de los antibióticos que recibieron; mientras que entre los analgésicos se encuentra el Tramadol. La dotación alcanza para un mes, según dijo.

El responsable de la cartera de Salud comentó que “nunca se ha tenido satisfacción al cien por ciento en cuanto a abastecimiento de medicinas”, y que actualmente en la FHEP existe un déficit del 40 %. Dijo que no guardan cantidades mayores de medicinas para “evitar que se venzan”.

Ocho vidas robadas

Ocho vidas se perdieron en la gresca. No murieron por culpa de la represión ni del “terrorismo”. Fallecieron en una unidad oncológica de la Fundación Hospital de Especialidades Pediátricas de Maracaibo, entre el abandono y la ineficiencia del Estado venezolano.

Ocho almas, junto con sus padres y amigos, albergaban esperanzas de recuperación de sus padecimientos, pero recibieron a cambio un desahucio de facto. Hubo agonía donde se presumía alivio.

Las autoridades desgastaban sus energías en el debate sobre la Constituyente, durante las horas en que ellas agonizaban. Fueron más diligentes cerrando las en apoyo a una iniciativa política presidencial, que en la compra y distribución de medicinas para el pueblo que les eligió.

El paralelismo es sarcástico, tenebroso. Las prioridades de estos tiempos parecen ser la política, la represión a las protestas, la Asamblea Nacional Constituyente o las órdenes del Presidente. No lo son arreglar aires acondicionados en salas clínicas ni dotar de medicamentos a la presunta “taza de oro” de la salud zuliana.

El oficialismo local sobresalió en su diligencia para reponer una imagen del expresidente Hugo Chávez en Rosario de Perijá, este fin de semana, justo cuando las vidas de Valery, Ángel, Jhony, Camila, Rucmary y otros tres pequeños venezolanos se esfumaban de las manos de quienes tienen el sagrado y constitucional deber de protegerlas.

Sobran las bombas lacrimógenas, escasean las “quimios”. Se multiplican los perdigones, faltan los yelcos. Hay excesos de esfuerzos políticos por imponer las ideologías, mientras expiran los inventarios de analgésicos y soluciones fisiológicas.

El recuento más reciente resalta el fallecimiento de ocho pequeños, la posterior protesta de sus padres y la publicación en prensa de la nefasta noticia y aún así las autoridades no espabilan como deben, para lograr el que siempre ha sido su deber constitucional: garantizar la salud del pueblo zuliano.

Duele la apatía. Las pérdidas de estas pequeñas esperanzas son, en conjunto, una prueba más del fracaso de un modelo distintivamente inepto para solucionar los verdaderos problemas de Venezuela.

No habrá Constituyente que solvente semejante indolencia.

Estos gobernantes y sus funcionarios deberán responder penal y moralmente por la violación flagrante del artículo 83 de la Constitución: “La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida”.

Todo apunta a que la lista aumentará. Nadie actúa con determinación. Tristemente, ya en esos ocho pequeños no hay vida. Y no la perdieron… se las robaron.

 

 

 

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