El diario plural del Zulia
TOPE DELIA PLAZA

LUZ, la alma mater que se niega a morir (I)

Con una asfixia presupuestaria y víctima de cientos de robos masivos, la máxima casa de estudios de la región está inmersa en una innegable crisis. El esfuerzo de voluntades busca mantenerla viva

Nunca el lema Post Nubila Phoebus: “Después de las nubes, el sol” había vuelto a recobrar su esencia misma desde aquel octubre de 1946 cuando reabrió La Universidad del Zulia luego de 42 años cerrada. Una frase que quedaría inmortalizada como un ejemplo de que no importa qué tan fuerte sea la tormenta, al final siempre llega la luz.

Este enunciado, plasmado en el escudo de la institución, fue creado por el doctor Jesús Enrique Lossada, primer rector de la alma mater luego de retomar las actividades académicas. Hoy, casi 76 años después, la comunidad universitaria de la máxima casa de estudios de la región y una de las de mayor prestigio del continente, según el Ranking QS Latin American University 2022, reafirma ese sentido de pertenencia y la disposición de seguir dando todo de sí para que LUZ resurja de las cenizas, cual ave fénix.

LUZ en la actualidad está inmersa en una profunda e innegable crisis, con una asfixia presupuestaria de vieja data, una imponente estructura que parece haber quedado en el olvido, víctima de cientos de robos masivos y una deserción considerable de alumnos, profesores y obreros, aunado a los efectos que dejó la pandemia de Covid-19.

Esta ha sido, según sus autoridades, la peor incertidumbre que ha vivido la centenaria universidad en mucho tiempo. “Debemos ver cómo desde el punto de vista presupuestario se ve afectada la academia, la investigación”, asegura Clotilde Navarro, Vicerrector Administrativo de LUZ, nombrado por el Consejo Nacional de Universidades.

El centro de educación superior recibió la tercera semana de diciembre pasado solo 10 % de los recursos presupuestarios que había solicitado en 2020 para el período fiscal del 2021. Lo mismo pasó a finales de 2019.

En este momento, la deuda institucional pasa de los 650 mil bolívares, indica Navarro.

Esto se ve reflejado, además, en el deterioro de la inmensa infraestructura que requiere fondos multimillonarios para su recuperación, que solo parece importarles a sus dolientes.

“Si analizamos la parte de mantenimiento e infraestructura de LUZ es una situación que amerita mucho dinero y con un presupuesto insuficiente es imposible. Las facultades, en su mayoría, tienen problemas de electrificación por los robos que hemos sufrido”, explica en conversación con Versión Final.

Presupuesto 2022, presentado bajo protesta

La más afectada, dice, ha sido la Facultad Experimental de Ciencias, que está totalmente en ruinas. Aunque menciona otros espacios como el Rectorado Viejo, la sede de la Dirección de Seguridad Interna (DSI), la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y Tecnología (Fundacite) y la Dirección de Infraestructura (Dinfra).

Otro problema que se suma es el de la impermeabilización y pintura de todos los espacios, incluidos los decanatos. Solo en el núcleo Ciencias se necesita rehabilitar 2.800 m² de techo y pintura para 3.500 m².

Facultad Experimental de Ciencias, el marginado patrimonio histórico de LUZ (II)

“Es una situación de crisis que afecta a la colectividad, no podemos ocultarlo. Negarlo sería negarnos a nosotros mismos”, asevera. Sin embargo, resalta los esfuerzos que hacen para mantener la universidad abierta.

“Es una labor mancomunada de las autoridades y los trabajadores. (…) Nos mantenemos en constante movimiento buscando alianzas con la Gobernación, las Alcaldías, la empresa privada. Esa es la tarea que tenemos”, expresa.

La autoridad universitaria adelanta que la semana pasada se aprobó en Consejo Universitario el presupuesto 2022, estimado en 66 millones 776 mil 821 bolívares. Este será presentado a Caracas bajo protesta, pues no han sido asignados recursos para el funcionamiento ni mantenimiento de la casa de estudios.

Y es que el presupuesto es tan poco que la mayoría de las facultades trabajan por autogestión.

“El Estado le ha dado la espalda a la Universidad durante mucho tiempo. El deterioro de la infraestructura se debe a la misma falta de presupuesto. El año pasado, lo poco que enviaron solo alcanzó para cubrir una facultad”, precisa, por su parte, María Gabriela Retamosa, presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias de LUZ.

Ambos concuerdan con que el detrimento de la estructura empezó antes de la pandemia y se agudizó en 2020 con el inicio de la cuarentena.

La universidad de Occidente más atacada por el hampa

LUZ fue fundada en 1891. A finales del siglo XX, albergaba más de 65 mil alumnos, distribuidos en las 11 facultades habilitadas en Maracaibo y sus dos núcleos, ubicados en Cabimas y Punto Fijo.

La deserción, motivada por los robos, la inseguridad dentro del campus y la “situación país”, es notable. Hoy su matrícula estudiantil se aproxima a los 22 mil, mientras que la profesoral es de 4.200 profesionales, entre activos y jubilados, y empleados son 4.500 aproximadamente.

Hoy, la nómina la paga directamente el Gobierno nacional. Los profesores, por ejemplo, reciben sus salarios directamente de Caracas, sin intermediación de la Universidad, como debería ser.

El Observatorio de Derechos Universitarios de Aula Abierta registra, desde marzo de 2020 hasta el 31 de enero de 2022, 71 ingresos del hampa en LUZ. Equipos, cableado, aires acondicionados, compresores, transformadores… nada ha quedado.

Son pérdidas multimillonarias”, asegura Navarro. Los robos han sido permanentes; los saqueos empezaron en 2018 y 2019 y estos dos últimos años la situación ha empeorado.

Dependencias como la Dirección de Cultura, el Rectorado Viejo, la Dirección de Servicios Estudiantiles, el Consejo Central de Pregrado, la Dirección de Recursos Humanos, el Servicio Bibliotecario, Serviluz, fueron saqueadas totalmente.

Los laboratorios de Química y Petróleo de la Facultad de Ingeniería también fueron desmantelados, al igual que todos los espacios de la Facultad Experimental de Ciencias, incluido el Museo de Biología.

Lo mismo ocurrió con la facultad de Veterinaria, donde los últimos dos años se contabilizaron 27 robos, “sin contar todas las cosas que faltan y no nos hemos dado cuenta”, añade Retamosa. “Arrasaron con laboratorios y oficinas, destrozaron todo lo que pudieron. Se robaron más de 700 metros de cable de distintas partes de la facultad”.

La Facultad de Ingeniería tampoco escapó de esta realidad. Allí, la crisis empezó en 2019 con el mega apagón en marzo. Ahora, no hay energía eléctrica en la mayor parte de los espacios y de los aires acondicionados solo dejaron los caparazones.

El abandono, cómplice de la inseguridad

LUZ es, sin dudas, una ciudad dentro de otra; conocida también por una vasta edificación que se pierde en su misma inmensidad pero que hoy, quizá, juega en su contra. En la mayoría de lugares de la casa de estudios reina una espeluznante soledad y da la sensación de inseguridad por estar en medio de una zona boscosa.

Todos los núcleos están rodeados de un abundante follaje verde con árboles de todo tipo, acompañado de maleza, y hoy la universidad no alberga ni siquiera la mitad de personas que en años anteriores asistían a diario. Este factor, según Navarro, hace que la criminalidad aumente.

“Se han hecho esfuerzos con los organismos de seguridad. Tenemos una fuerza policial dentro de la universidad pero no da abasto, eso es una realidad. Los robos han sido permanentes y es una de nuestras grandes preocupaciones”, manifiesta el Vicerrector Académico.

Atribuye la ola de hurtos masivos a delincuencia externa pero no niega que también pudiesen estar involucrados los mismos miembros de la DSI. “Ya se han apresado a varios funcionarios nuestros. Esto tiene que cambiar”, refiere.

Recuerda que el parque automotor también “fue destruido totalmente”. A eso se le agrega la escasez de gasolina y el bajo salario de los trabajadores que no alcanza para acudir a los espacios universitarios.

El “cementerio” de autobuses se encuentra en la Facultad Experimental de Ciencias, el núcleo más grande de LUZ dentro de la ciudad universitaria y el más afectado. Las cifras de pérdidas son incalculables.

El hampa logró entrar a los laboratorios para llevarse equipos tecnológicos, computadoras, aires acondicionados, materiales de oficina, reactivos, entre otros. Estudiantes denuncian que el edificio tiene “años abandonado”, incluso antes de la pandemia.

Otro de los lugares emblemáticos de LUZ es el comedor central. Hoy, el edificio donde alguna vez sirvieron de 4 mil a 5 mil platos diarios, está en completa destrucción.

Totalmente en ruinas, abandonado y desvalijado. Los ladrones se llevaron puertas, rejas, ollas, ventanas y desvalijaron los depósitos de refrigeración.

Ya desde 2016, los estudiantes denunciaban que en el lugar solo ofrecían arroz con vegetales y, a veces, sopa. Sin nada de proteína; aunado a los constantes robos de los que fue víctima. Las cantidades de comida también fueron disminuyendo hasta que dejó de funcionar en 2017, cuando esta realidad se volvió insostenible.

“LUZ es LUZ”

Pese a las vicisitudes, la magnitud de lo que representa pertenecer a LUZ, de una u otra forma, siempre ha sido -y será- una vivencia única. Y esto queda demostrado en el esfuerzo que hace el valioso capital humano por mantener viva la universidad en este, uno de sus peores momentos.

La Facultad de Humanidades, por ahora, mantiene la semipresencialidad en sus 11 carreras. Aunque más poblada que Ingeniería o Veterinaria, se puede notar el vacío en los pasillos y salones del Bloque A.

Para el profesor de Semiología Publicitaria, Marcial Fuenmayor, hay mucha motivación institucional para “levantar” la universidad y que los estudiantes regresen a las aulas.

LUZ es la principal casa de estudios de la región y todavía sigue siendo muy prestigiosa, una de las mejores de Latinoamérica. Volver a clases es garantía de un desarrollo sostenible y que se pueda superar esta situación”, argumenta.

La misma idea comparte su colega Guadalupe Sánchez, quien imparte clases de Conducción de Televisión del Departamento de Periodismo Audiovisual. “Hay menos estudiantes, es una realidad. Pero nos estamos viendo una o dos veces por semana en los espacios universitarios”, expone.

Califica como “positivo” regresar a la “normalidad” y es fiel creyente de que “LUZ es LUZ, la máxima casa del saber”.

Para la profesora Berta Arguello, de Géneros de Radio 1 y 2, el centro de educación continúa siendo referencia en el mundo “por la historia que tiene, es una universidad centenaria, y la calidad del estudio que se da, a pesar de las adversidades existentes, es excelente”.

“Los periodistas zulianos formados en LUZ siguen dando de qué hablar cuando ejercen en otras latitudes”, afirma.

     

Por su parte, la Facultad de Medicina está operando de forma 100 % presencial (escuelas de Medicina, Nutrición y Dietética, Enfermería y Bioanálisis), al igual que la de Odontología. La diferencia tan notoria con las demás zonas de la universidad ha dado mucho de qué hablar.

“Nosotros nos diferenciamos de otras facultades porque le ponemos empeño. Nosotros mismos limpiamos, ayudamos a los profesores a que vengan, damos todo para que siga funcionando”, explica Mónica Núñez, estudiante de quinto año de Medicina.

En la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas están en proceso de inscripción. Alega un miembro del Centro de Estudiantes de Derecho que, hasta la semana pasada, se contabilizaban 492 nuevos ingresos, una cifra “bastante buena”.

Esfuerzo conjunto por la recuperación

LUZ es un vivo ejemplo de que el llamado “trabajo de hormiguita” sí da sus frutos. De forma paciente y constante, con mucho esfuerzo y dedicación, se han sumado las voluntades de las autoridades, profesores, alumnos, obreros, incluso de los mismos egresados, para el reacondicionamiento del campus.

Aunque todo es hecho por autogestión, y realmente se necesita de un presupuesto multimillonario, el espíritu dadivoso y el arraigo hacia lo que para muchos es “su segunda casa” han sido el motor para el inicio de su renacimiento.

Todo el edificio principal de la Facultad de Ciencias Veterinarias ya se encuentra electrificado, al igual que el núcleo de Grano de Oro, tras recibir apoyo de la Alcaldía de Maracaibo con algunos cables que necesitaba.

Cuenta con una matrícula de 515 estudiantes, 27 profesores activos y dos jubilados que imparten materias desde el exterior como colaboradores, según detalla María Gabriela Retamosa.

“Los estudiantes hemos asumido responsabilidades para recuperar varios laboratorios que estaban en funcionamiento antes de que empezara el caos. Siempre estamos tocando puertas, pidiendo ayuda”, recalca.

Y agrega: “Cada vez que se hacían públicos los robos veíamos todo oscuro. Afortunadamente las autoridades de la facultad, el decano, el director de escuela y el secretario docente, hicieron lo imposible por activar la facultad y que pudiéramos volver”.

En cuanto a las investigaciones, dice, nunca han dejado de hacerse. La revista científica de la Facultad publica artículos casi semanalmente.

“LUZ para mí es todo. Las universidades siguen estando porque los estudiantes seguimos estando allí. Sigo apostando por su total recuperación”, puntualiza.

“Es un arraigo generacional”

La experiencia del núcleo técnico, específicamente en la Facultad de Ingeniería, es un ejemplo de superación. Poco a poco se ha ido afianzado en la comunidad universitaria ese fuerte vínculo que se crea apenas entras a la familia de LUZ.

La profesora de la escuela de Ingeniería Mecánica, Rosi Rosendo, acota que, a pesar de los ataques delincuenciales, se ha podido rescatar parte del servicio eléctrico en algunas zonas, como el galpón Justo Márquez, que cuenta con varios laboratorios y salones de clases.

El espacio luce limpio y está apto para impartir clases, que por el momento son semipresenciales, aunque carece de acondicionamiento. También han recibido ayuda de la municipalidad en cuanto a la recolección de escombros y desmalezamiento.

Hemos tenido apoyo de nuestra población estudiantil, de algunos profesores, empleados, obreros y egresados. Hacemos constantemente jornadas de limpieza pero nos falta reinstalar los aires acondicionados y tampoco tenemos energía de 220 voltios”, reconoce.

Ante la contingencia, han optado por montar salones improvisados en espacios abiertos, aprovechando los recursos naturales que les brinda la academia.

“Poco a poco vamos recuperando con mucho amor. De los muchachos nace ese interés de que las cosas funcionen. Pueden observar en estos espacios las ganas que tenemos de volver a ser lo que éramos antes o mejor, con la esperanza de ofrecer mejores condiciones a nuestros estudiantes”, sostiene Rosendo.

Incluso, los padres de los alumnos se han involucrado en las actividades.

Es un arraigo generacional, hay una sensibilización muy grande. Particularmente para mi es mi segunda casa. Me formó y ahora ser profesora para mí es un orgullo, decir ‘le estoy dando algo’ a LUZ, no solamente enseñando en educación sino también en valores como solidaridad, compromiso, responsabilidad”, manifiesta con emoción.

Entre los proyectos también menciona la recuperación del laboratorio de Geodesia, referencia en el mundo.

Reconocimientos por sus trabajos investigativos

Por su parte, el decano de la Facultad de Ingeniería, Mario Herrera, recuerda que tras las mejoras hechas en el Ala B ha sido posible que los nuevos ingresos asistan a clases presenciales y se familiaricen con lo que vivirán los próximos cinco años.

“Nos pareció que era prioritario que estuvieran presentes allí como una garantía de mejorar su crecimiento. Necesitamos tener ese contacto con ellos y crear un vínculo”, argumenta.

Asimismo, el profesor resalta la entrega de dos reconocimientos, uno nacional y uno internacional.

En febrero pasado, la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) de Venezuela otorgó el Premio Mujeres en Ciencia 2021 a la profesora de LUZ, Suher Yabroudi.

Es profesora titular de la Facultad de Ingeniería de LUZ, donde además dirige el Centro de Investigación del Agua. Sus trabajos sobre desalinización, tratamiento de aguas residuales domésticas e industriales y lixiviados de rellenos sanitarios han sido referencia dentro y fuera del país.

También tienen un reconocimiento del Gobierno de China por sus trabajos de investigación, “el Centro de Investigación del Agua es un centro de referencia en el mundo”.

“Nuestra revista técnica de ingeniería ingresó nuevamente en el ranking de referencia a nivel nacional y estamos en el cuarto lugar, eso demuestra el trabajo que la facultad ha venido realizando a pesar de la pandemia”, replica.

Herrera indica que el censo actual “sobrepasa por mucho” los 1.000 estudiantes. “Seguimos trabajando. Esperamos recobrar el 100 % de la presencialidad para el segundo periodo de 2022”.

Son muchas las personas que quieren cambiar la realidad actual de LUZ, enfrentándose a las trabas que se presenten.

Ana María Colina, decana de la Facultad de Agronomía, es una de ellas. “Hoy más que nunca estamos trabajando, hay un sentido de pertenencia por parte de los profesores y los alumnos”, comenta.

Durante la pandemia por Covid-19, los laboratorios, como el de nutrición animal y de suelos y agua, estuvieron abiertos para servicio tanto de la comunidad agrícola como de la región, resalta. Por esto, fue premiada con una Orden en Primera Clase de Don Juan de Chourio en los actos del tricentésimo aniversario de la Villa del Rosario.

Agronomía hace historia

Desde el inicio de 2022, empezaron con clases semipresenciales, tanto en pregrado como en posgrado, y también se han dado cursos de extensión. Todas las semanas, según apunta, los estudiantes visitan las haciendas La Esperanza, en el municipio Rosario de Perijá, y Alto Viento, en la Cañada de Urdaneta.

La primera es considerada un importante bastión genético; la segunda se mantiene con producción de leche y queso, además de concretar la venta de algunos mautes para ceba y de novillos para carne.

Rubio lamenta que, como institución, no reciben presupuesto desde 2019. “Pero eso no nos ha detenido. El 95 % de las unidades curriculares de pregrado se están dictando y tenemos un personal fiel que da todo de sí para volver a darle vida a la facultad”, expresa.

El edificio central solo sufrió hurtos mínimos en algunas aulas, a diferencia de la unidad técnico psicosanitaria, una dependencia, donde sí hubo un robo masivo de cables de electricidad. “Requerimos cerca de 1.000 metros de cableado para seguir desarrollando nuestro proyecto de apicultura”, emplaza.

La rehabilitación del vivero también está entre sus prioridades. Garantizar la crianza de especies arbóreas que servirían para el ornato de Maracaibo y municipios aledaños y la reforestación de cuencas hidrográficas es el objetivo.

Este año, la facultad hará historia con la graduación de 21 ingenieros agrónomos de la extensión de aula del Sur del Lago de Maracaibo. “Es la primera promoción y es un éxito total para nosotros. Eso habla de acciones concretas, nos enorgullece estar al frente de esta gestión”, dice con orgullo.

Es la alma mater que se niega a morir. Y ese sentimiento llega hasta la médula de todos los que en algún momento fuimos LUZ.

Aún quedan muchos desafíos por enfrentar.

Continuará…

Lea también
También te sugerimos
Comentarios
Cargando...