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La eutanasia de lo abuelos

La hipertensión y la diabetes son dos de las enfermedades que más atacan a los venezolanos en la vejez. Los fármacos para contrarrestarlas están escasos.

Hipertensivos, no hay. Insumos, no hay. Medicamentos para calmar la diabetes, no hay. Alimentos para nutrir correctamente a las personas de la tercera edad, están limitados.

“Nos están matando, es una eutanasia lo que tienen en contra de nosotros”, es Carlos Petit, secretario general de la Federación de Trabajadores del Zulia (Fetrazulia) el que lleva la vocería de los jubilados y pensionados a través del teléfono. Habla de la falta de medicamentos, de la Ley del Bono de Alimentación que fue promulgada por la Asamblea Nacional (AN) y no se cumple. En ese momento de la entrevista planifica una reunión en conjunto con sindicalistas de otras empresas estadales y municipales, quienes reclaman las condiciones de su jubilación —esos 40 mil bolívares que apenas tocan sus bolsillos—.

“Suerte la de ellos”, dice María Inés Contreras, refiriéndose a los que reciben pensión. Ella está en mendicidad. Un recipiente de mayonesa de cuatro litros es lo que lleva en su brazo día y noche. En él deposita sus limosnas. Son las 5:00 de la tarde y está anocheciendo temprano en Maracaibo, María decide abandonar la jornada e irse a su casa.

Alcanza a reunir de 600 a 800 bolívares diarios. Eso le sirve para comerse un pastelito o dos, y así pasa todo el día sentada en cualquier piso del centro de la ciudad: entre callejones, paraguas, techos de cartón, charcos de aguas servidas o sedimentados con comida descompuesta y humos de cigarrillos que se combinan con el de los “pinchos”. Su estómago suena y ella agita el pote para que le echen más dinero. Quiere tener segura la comida.

Es un día más. Ha dejado de lado las medicinas que tiene que tomar. Una pierna vendada es el resultado de un arrollamiento que sufrió hace 30 años, nunca fue al médico y ahora sufre. Prefiere no perder tiempo buscando los fármacos que necesita. No sabe si es diabética o hipertensa, aunque se desmaya en ocasiones.

Luis Fernando Cabezas, presidente de la Asociación Civil Convite, destinada a defender los derechos humanos en el país, maneja cifras en cuanto a los casi cinco millones de adultos mayores que existen en Venezuela. El abogado argumenta que de esta población, el 40 % es hipertenso o diabético y la escasez de medicamentos ronda el 60 %.

A eso se refiere, días después, Carlos Petit. Estando en plena asamblea con los jubilados y pensionados menciona a Tarek William Saab, defensor del Pueblo. Quiere que asuma una “verdadera” defensa de los derechos humanos, del derecho a la vida de las personas de la tercera edad. Su angustia recae en que ha visto a compañeros morir por hambre o por falta de algún medicamento. Lo lamentable es que no sabe cuántos porque en el acta de defunción no hay diagnósticos por inanición, las letras dicen paro respiratorio o cardíaco, “como si eso le diera otro matiz a la muerte”.

En el Área Metropolitana de Caracas donde regularmente hay mejor abastecimiento de medicina, Convite hizo una investigación en febrero en 40 farmacias y arrojó que había 100% de escasez en los seis principales principios activos con lo que se trata la hipertensión. Para marzo, la misma evaluación dio como resultado el 100% de desabastecimiento en fármacos para diabéticos y 99,6 % en antihipertensivos.

María, con 72 años, ve de cerca la muerte, aunque ya eso no le importa tanto. Tiene un hijo que no puede ayudarla por sus obligaciones. Es viuda. El trajinar diario sería digno de reportajes periodísticos, donde el encabezado se tratase de la mendicidad en la tercera edad. Ella misma hubiera vendido su historia porque dos años atrás era pregonera, en eso se mantuvo desde niña, cuando llegó junto a su padre desde San Cristóbal.

Sin garantía

Gustavo Villasmil es médico internista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ejerce diariamente en la comunidad de Petare, en el estado Miranda. Ha visto morir a niños y ancianos en avanzados grados de desnutrición, aunque el diagnóstico final no diga eso.

Dice que el 80 % de los medicamentos están escasos en Venezuela. Cita las cifras de Convite para hablar sobre los recetados por diabetes e hipertensión. A la primera de ellas la llama “demonio” y la padece el 5 % de la población, mientras que la otra patología la sufre una de cada cinco personas, concentrándose mayormente en la población de la tercera edad.

Los mecanismos para obtener insulina o Valsartán para la hipertensión son engorrosos. Lo que no permite la continuidad del tratamiento. Eso le preocupa. Los pacientes de Táchira y Zulia, para él tienen mayor suerte por estar en zonas fronterizas, aunque tengan que cancelar a altos costos.

Villasmil hace referencia a la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) que estima que el 65 % de la población costea el acceso a la salud por sus propios medios. A esto no pudiera acudir María, no tiene el dinero; ni siquiera reuniendo una semana de limosnas. Y no puede contar con el sistema de Barrio Adentro porque según el galeno solo alcanza a cubrir del 5 al 10 % de los requerimientos de la población. Le tocará seguir sin examinarse, seguir y quizás morir.

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