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Valentino: “Amo a Venezuela tanto o más que a mi propio país”

Caballos y ponis son los únicos animales que están presentes en su show. Asegura que muchos artistas circenses venezolanos están triunfando en varios países del mundo

Cuando las luces se apagan y cuelga el traje de lentejuelas, Valentino se dispone a narrar a Versión Final las historias que no suele compartir con el público.

Rodolfo es su nombre detrás de la carpa. Junto a su hermano Renato, él es el hombre que balancea en las alturas y paralelamente administra y coordina la empresa que su padre le legó: El circo Los valentinos.

Sus claros y almendrados ojos color café, transmiten una confusa mezcla de nostalgia y orgullo. Él se toma su tiempo para compartir sus más íntimos secretos y rememorar los inicios de esta profesión que hoy le permite saborear las miles del éxito en un país que siente como suyo, a pesar de no haber nacido aquí.

— ¿Cómo es la vida en el circo?

—Para nosotros que nacimos y crecimos en este mundo, puedo decir que es algo muy bonito. Mi familia ya tiene seis generaciones dedicadas a esto y se ha convertido en nuestra forma de vivir. Cualquier otro puede verlo como un estilo de vida muy complicado, pero no cabe duda que los seres humanos somos seres de costumbre y nosotros amamos esta vida.

—Entonces, ¿su pasión por el mundo circense es heredada?

—Mi papá fue trapecista, domador y animador. Él siempre fue mi ídolo. Recuerdo que desde niño, siempre decía que quería ser como mi padre. Él siempre nos decía que si pasábamos con buenas calificaciones, nos traería de vacaciones al circo. Aunque casi nunca lográbamos notas excelentes, igual nos traía de vacaciones al circo (risas).

— ¿Por qué decidieron adoptar a Venezuela como su país?

—Mi papá recorrió Norteamérica, Centroamérica, toda Sudamérica y parte de Europa, específicamente España y Portugal. Luego, llegó a Venezuela en el año 1980, cuando yo tenía cuatro añitos. La segunda vez que vino, fue en 1989, cuando hizo un programa en Venevisión. Recuerdo que el público nos recibió con mucho cariño, con los brazos abiertos y aquí nos quedamos. Yo amo a mi país, pero con su permiso, debo confesar que yo amo a Venezuela tanto o más que a mi propio país.

— ¿Cómo es la vida detrás del telón?

—La vida del circo es igual que la de una persona de ciudad, pero al revés. Ustedes cuando salen de vacaciones, se van a viajar. Nosotros cuando salimos de vacaciones, nos vamos para nuestra casa, en México. Ser nómada es una de las cosas más bonitas del circo porque hoy estás aquí y mañana no sabes. Hay quienes nos preguntan si no nos cansamos de viajar y estar de país en país. En cambio, yo me pregunto si los demás no se cansan de estar siempre en el mismo lugar.

— ¿Es posible ser nómada y conformar una familia?

 —En el corazón no se manda. Muchos dicen que lo más lógico es que uno debe casarse con gente de circo y a lo mejor sería lo más fácil, pero eso no lo decidimos nosotros. Uno se enamora a veces de una persona de circo y en otros casos no. Lo importante es saber si ella está dispuesta a viajar con uno. Yo creo que si el amor es verdadero, juntos se irán a recorrer el mundo.

— ¿Tú te casaste con una artista de circo?

—No, ella es de ciudad. Yo tengo un hijo que se llama Valentino y acaba de cumplir tres años. Él está en Panamá. Sin embargo, mi hijo siempre viene y yo también voy cada vez que es posible. Cuando esté más grandecito, ya se vendrá conmigo definitivamente al circo.

— ¿Visualizas a tu hijo como artista de circo?

—Él tendrá libre albedrío porque lo más importante es que sea feliz y haga lo que más le guste. Sin embargo, me corto la cabeza si no se convierte en artista de circo. Sé que lo trae en la sangre. Él vive, sueña y come circo. En su casa tiene trapecio, todo el día se viste de payaso y juega a ser malabarista. Yo no necesito inculcarle nada.

— ¿Cuántas generaciones han pasado desde que iniciaron en el mundo circense?

—Como artistas, ya han pasado seis generaciones. Específicamente el circo Los valentinos, tiene cuatro. Fue fundado por mis abuelos, hace casi 80 años. Todos mis hermanos, están en el mundo del circo, al igual que mis tíos por parte de padre. Por parte de mamá, el 90 % de la familia es del circo. Eso es un orgullo para nosotros.

—Desde entonces, ¿cómo cree que ha evolucionado la cultura circense en Venezuela?

—Es algo muy bonito porque la cultura del circo en Venezuela ha crecido enormemente. Muchos artistas circenses venezolanos están triunfando en varios países del mundo, en circos muy reconocidos de Canadá, Estados Unidos y Japón. Eso es algo que me alegra mucho.

—Hay quienes no quieren asistir a los circos, en general, por el tema del maltrato animal.

—Los animales siempre los hemos tratado con mucho amor, pero hay quienes no están de acuerdo. Poco a poco los hemos excluido. Ahorita solo tenemos caballos y ponies. El mundo ha evolucionado. A lo mejor las técnicas de antes eran más rígidas. Ahora se utilizan técnicas a base de paciencia y premios.

— ¿Cómo afecta la situación económica de Venezuela a Los valentinos?

—Mi abuelito siempre nos decía que el circo debe estar totalmente desvinculado con la política y la religión. Entonces, nosotros nos hemos adaptado a las circunstancias. Nosotros siempre tratamos de ajustarnos y buscar otras alternativas, porque vivimos del circo.

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