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Sujeto asesina a su exsuegro porque no le dejaba ver a sus hijos

Una película de horror vivió la comunidad de la avenida 150 con calle 58 del barrio Sabana Grande, del municipio San Francisco, cuando la tarde de este martes fue asesinado a sangre fría Rubén Darío Mejías González, de 58 años, por su exyerno, Antonio José Fuenmayor, de unos 40 años aproximadamente.

Eran las 4:30 de la tarde, acababa de llegar la luz por la zona y la familia Mejías estaba reunida tomando café en el patio de la casa. Darío estaba conversando y jugando con dos de sus nietos menores e hijos del homicida, cuando de pronto y sin que nadie se percatara, Fuenmayor abrió el portón y con revólver en mano los amenazó y aseguró vengarse y matarlos uno a uno.

Shirley Mejías, nieta de la víctima, relató los momentos de angustia que en tan solo minutos acabó con la vida de un hombre reconocido por todos como alegre, trabajador y buen vecino. La chica, quien tiene pocos meses de embarazo, dijo que ella se encontraba en el frente de la vivienda cuando escuchó una detonación, sin percatarse que esta venía del fondo de su casa.

Al regresar a la tertulia que mantenía su abuelo se encontró con la dantesca escena. Fuenmayor le había disparado a Mejías quien murió desangrado.

El homicida la tomó como rehén para poder escapar, apuntándola le rumoró que continuaría su cacería familiar hasta acabarlos a todos. La  golpeó y salió huyendo despavorido.

En la esquina detuvo a un joven chófer de la línea Suramérica, quien prefirió no identificarse, lo obligó a desembarcar a los pasajeros y lo apuntó para que lo sacara de la zona. En el camino, Fuenmayor le dijo: “Cuando regreses vas a ver lo que hice”.

El conductor, aún asustado, comentó que el hombre vestía jean, camisa roja, estaba descalzo y se encontraba bajo los efectos de estupefacientes. También dijo que lo llevó hasta el barrio Bolívar. El homicida le quitó ocho mil bolívares y su documentación.

Obsesión fatal

Los eventos violentos no son nuevos para esta familia. Gladys Mejías, hermana del difunto, recordó que en el año 2013 cuando su sobrina Rusmaira Mejías aún convivía con Fuenmayor, este trató de envenenarla dándole de comer Campeón (veneno para ratas), además de palizas que le propinó en diferentes ocasiones. 

Luego de ese suceso, esta decidió abandonarlo y regresó a la casa de su padre. Sin embargo, su pesadilla no terminó allí, Fernández comenzó a acosarla, seguirla y vigilarla a todas partes a donde ella se dirigía. Los dos menores concebidos por ambos eran la excusa perfecta para buscarla, pero este al ver que su exconcubina no quería regresar, tomó venganza con la familia.

Amenazas constantes

A pocas horas de cometer el asesinato, Fuenmayor llamó a los familiares asegurando que continuará la masacre, como si se tratara de una cuenta regresiva. “Nos ha llamado más de siete veces, diciendo que viene por la madre de su ex y luego por ella. Estamos desesperados, dijo que lanzará una granada, queremos que lo agarren y pague por este crimen”, refutó Gladys.

Los familiares de Mejías comentaron que el hombre tenía cuentas pendientes con la justicia; incluso habría estado preso por un delito que no precisaron.

Mejías, a quien su familia llamaba “El Torcido” por cariño, era operador de maquinaria de profesión, pero desde hace muchos años se desempeñaba como distribuidor de frutas del Mercado del Sur (Mercasur).

Era el segundo de nueve hermanos, tenía tres hijas hembras y dos varones.

 

 

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