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Perros devoran cadáver de hombre baleado

Rubén Enrique Fonseca Brito, de 30 años, corrió y saltó cercas tratando de huir de la muerte. Presuntamente lo encontraron robando y lo persiguieron hasta matarlo de un disparo de escopeta. Ayer, vecinos del barrio El Chaparral, de la parroquia Luis Hurtado Higuera, hallaron su cadáver en descomposición, y siendo devorado por los perros callejeros, en el patio de una pieza, en la avenida 87.

Al sujeto le apodaban “El Negrito” y a decir de sus conocidos era un azote de barrio, pese a que trabajaba como ayudante de albañilería, según su hermano Kendry Fonseca, quien se presentó en el lugar del suceso a reconocer el cuerpo.Por un dragón tatuado en su brazo derecho lo identificó en segundos.

Los residentes del barrio, el pasado martes escucharon unos disparos. Salieron a averiguar pero no vieron nada irregular.

datosversionfinalLos días transcurrieron y un olor fétido comenzó a agobiarlos. Revisaron la zona pero no supieron de dónde salía, hasta que ayer en la mañana observaron a más de cinco perros conglomerados, en el patio de una pieza de concreto que está en venta, propiedad de Guillermo Guerrero.

Como la vivienda está cercada y deshabitada cargaron a un niño y este se saltó el bahareque. Revisó los alrededores y entre la maleza encontró un cadáver desfigurado. Asustado, avisó a sus parientes y estos alertaron a los funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), que cubren ese cuadrante.

Investigaciones

Los uniformados se aproximaron al sitio del suceso, apartaron a los curiosos y ayudaron a los detectives del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), con el levantamiento del cadáver, que trasladaron hasta el cementerio Corazón de Jesús, por su avanzado estado de descomposición. Tenía disparos de escopeta.

El padre de la víctima estaba nervioso y prefirió no hablar. Kendry, por su parte, recordó que la última vez que vio al mayor de sus ocho hermanos, fue el martes a las 8:00 de la noche que salió de su residencia en el barrio Torito Fernández, con ocho mil bolívares que debía entregar. “El Negrito”, dejó un hijo.

La esposa de la víctima contó que esa noche Rubén iba de salida, quiso evitárselo. Asegura que le insistió en reiteradas veces que no saliera con ese efectivo a la calle y no le hizo caso. Para ella, a su marido lo mataron para despojarlo del morral donde llevaba guardado el dinero, que le llevaría a un amigo.

Fonseca quedó irreconocible. Los caninos le devoraron las piernas y parte de la cabeza. Los residentes del barrio los apartaron del cuerpo y lo cubrieron con una sabana.

Los sabuesos, en sus experticias, colectaron unas sandalias negras, una gorra y prendas de ropa que al parecer Rubén dejó botadas en el camino, mientras huía.

Para los investigadores el móvil del crimen es la venganza. No descartan otras hipótesis pero la versión que les llegó es que Rubén, estaba “robando”.

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