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Madre de adolescente asesinada en San Francisco: “La estaban cazando para violarla”

Luis Eduardo Hernández, de 39 años, tenía semanas cazando a su víctima. Al saber que Mayerlis Lisseth Sierra Molina (14) se había quedado sola cuidando a su sobrinito, de 4 años y con problemas de autismo, se saltó la cerca de la residencia, en el sector Villa Margarita, de San Francisco.

Sigiloso entró a su habitación y la acorraló. En presencia del niño la violó, la golpeó con un bate en su rostro y antes de huir la dejó desnuda colgando del mecate que sostenía la hamaca.

Mientras Raúl Paz, cuñado de Hernández, desde la esquina de la casa vigilaba la zona. Nadie se dio cuenta de lo que ocurría. Las ollas se cayeron, los gritos de auxilio se desvanecieron. Se presume que la tenían amenazada.

A las 3:00 de la tarde del martes, el novio de la jovencita, de 15 años, le escribió y Mayerlis no le contestó. Él pensó que estaba dormida. Una amiguita del barrio llegó a su hogar a buscarla, a esa misma hora, para irse juntas hasta su clase de danza que recibían en la iglesia evangélica Enmanuel. La adolescente despeinada asomó su cabeza por la puerta, y le dijo a su compañera que no asistiría a las prácticas porque le dolía la cabeza. Al parecer en ese momento el sádico estaba con ella.

El aberrado, bajo los efectos de la droga, al culminar con su “hazaña”, salió campante, y en la vivienda vecina, propiedad de su cuñada, Basilicia González, quemó unas pertenencias que servían como evidencia para los sabuesos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).

Hallazgo

A las 6:00 de la tarde del pasado martes, Karina Medina de 26 años, llegó a la vivienda luego de su jornada de trabajo como doméstica. Iba a buscar a su hijo y se encontró con la puerta del cuarto trabada. Cuando la empujó para ingresar vio caer al piso el cuerpo de su hermana, detrás de la puerta.

Impactada cargó a su niño, a quien golpearon en un ojo, y llamó a los vecinos. Enseguida le avisaron a Eunice Molina, madre de la adolescente, que Mayerlis había tenido un accidente y que llegara rápido. Ella, en el momento, estaba en la consulta médica para el control de su tensión alta; del problema no le dieron explicaciones.

A la estudiante de tercer año de Bachillerato la vistieron, y cargada en brazos la llevaban hasta la estación de Bomberos del Sur, en la Zona Industrial. En el camino, una patrulla del Cuerpo de Policía del Estado Zulia (Cpbez), los interceptó, los auxilió y en la unidad terminaron el traslado de la joven hasta la estación. A las 6:43 de la tarde, el médico de guardia certificó su muerte.

La progenitora de 52 años, al llegar a la estación, pidió ver a su hija a quien encontró desfigurada por los golpes en su cara. La mujer está devastada.

Desgarrador

Con el dolor latente por la pérdida, Eunice, ayer en la mañana frente a su casa, recordó cómo su hija, hace una semana, le advirtió que Luis, el vecino, “la miraba mucho y la desvestía con la mirada. A mi hija la estaban cazando”.

La madre le dijo a la niña que no saliera y se encerrara en la casa. El hombre, al no verla más, decidió buscarla “y me la mató, a mi chiquita”.

La mujer estaba ida. Las lágrimas que corrían por sus mejillas reflejaba su desespero. Contó con rabia que el asesino estuvo rato entre ellos, luego del hecho. Los vecinos en su búsqueda tumbaron el rancho de latas que está frente a la casa de la ultimada, menor de cuatro hermanas.

Detención

El homicida además aprovechó y se robó unos electrodomésticos y unos artículos de cocina. “De repente lo vi entre la gente que me daba sus condolencias. Y enseguida lo reconocí y le dije a los funcionarios de Polisur que era Luis el asesino de mi hija. No me equivoqué”, relató Molina.

Los funcionarios, a las 9:30 de la noche se llevaron detenidos al hombre y a su cuñado Raúl, al igual que dos niñas que vieron al homicida entrar a la vivienda y al novio de la adolescente. Solo Hernández y Paz quedaron tras las rejas al confesar su crimen. Estos enseguida fueron entregados a los detectives del Eje de Homicidios del Cicpc, quienes dejaron cerrado el rancho de láminas de acerolit, para practicarle pruebas criminalísticas, carrera universitaria que Mayerliss deseaba estudiar luego de salir del colegio.

Para los vecinos, la muerte de la joven ha sido una tragedia. La comunidad está de luto y exige justicia.

 

 

 

 

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