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Le disparan en la cabeza por resistirse al robo

“¡Ay mi amor, que buen regalo me diste, cómo te vinieron a matar hoy”, gritaba entre llantos y sollozos ahogados la esposa de Franger Alberto Vera Irazábal, de 24 años. Su cumpleaños se había teñido de sangre. Una marca imborrable al ver el cuerpo de su compañero de vida con un disparo de escopeta en la cabeza.

A las 7:30 de la mañana de ayer Vera, como de costumbre, salió temprano de su casa ubicada en el parcelamiento El Cajuil, detrás de las caballerizas, en la parroquia Francisco Eugenio Bustamante. Su destino era la empresa de cambio de lubricantes Lusercolca, en la Circunvalación 1, donde trabajaba desde hace varios años. 

Vecinos del sector relataron que el infortunado fue interceptado a dos cuadras de su casa por unos sujetos desconocidos. El hombre fue sometido y puesto de rodillas en medio de la carretera 100. Según funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalistas (Cicpc) Vera presuntamente se habría resistido al robo.

El cuerpo inerte de la víctima yacía sin vida sobre un terreno baldío de la zona. Sus homicidas lo despojaron de su cartera y un viejo celular. El proyectil entró por la frente y salió por la sien del fallecido, dejándolo muerto en el sitio.

Karina Atencio sentada en una vieja silla plástica, rodeada de familiares y frente al cadáver de su esposo lloraba desconsolada. Suplicaba a los oficiales le dejaran tocar por última vez el cuerpo. La joven explicó que el infortunado se dedicaba a trabajar para mantenerla a ella y a su pequeña de cinco años. Agregó que el hombre no tenía problemas con nadie.

Vera, quien emigró desde Maracay a la capital zuliana hace 22 años, también dejó en la orfandad a otros cuatro hijos de crianza. Según Atencio, su pareja había sido víctima de robo en varias oportunidades previas a esta.

La última vez, hace 20 días atrás, unos hampones le robaron su teléfono inteligente.

El Cajuil es un botadero de cadáveres y un criadero de delincuentes. “Aquí a diario roban y matan gente y nadie dice nada. Con frecuencia somos testigos de cómo distintos vehículos llegan a cualquier hora del día y dejan botados a los muertos para ocultar sus desastres”, puntualizó Raíza Villalobos, miembro del consejo comunal del referido barrio y además prima de Franger. El barrio es un sitio ideal para delinquir. Los hampones se esconden detrás de las zonas enmontadas y sorprenden a los transeúntes.

 

 

 

 

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