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TOPE DELIA PLAZA

La matraca también está dolarizada

Cargar una cantidad de dólares en Venezuela resulta una idea atractiva para cualquiera. La diferencia entre bolívares y la divisa extranjera permite que, con una suma no muy grande de verdes, un turista de otro país pueda darse una vida de lujos y placeres en el país.

matracaPero eso es exponerse en mayor dimensión a los problemas internos con los que el venezolano debe convivir día a día. Par de chilenos, quienes tomaron un avión desde Santiago para venir a ver a su selección de fútbol el pasado 30 de marzo en Barinas, sufrieron algo considerado común para un viajero criollo: el “matraqueo”, a todas luces, una extorsión.

Para ir a la ciudad llanera, los amigos del país austral no pudieron conseguir un boleto de avión directo y optaron por trasladarse vía aérea a Barquisimeto para rodar hasta la tierra de Ezequiel Zamora. A salvo arribaron a su destino, en el que verían golear unos días después a La Roja 4-1 sobre la Vinotinto, pero con una anécdota digna de contar seguramente en su regreso a casa.

“Nos quitaron 300 dólares en el viaje hasta Barinas”, cuenta Pablo Gómez, un periodista chileno que viajó tras su selección, junto con Andrés Rodríguez, trabajador en la minería, ambos de 31 años. En los casi 250 kilómetros que separan las dos ciudades, en par de alcabalas le dieron la voz de alto y al percatarse del particular acento chileno, las autoridades decidieron extorsionarlos.

Cuentan lo ocurrido en la carretera entre los crepúsculos y el llano, que la recorrieron en un taxi. “Los primeros que nos pararon fueron guardias nacionales, así nos dijo el taxista, recuerdo que estaban vestidos de verde. La siguiente fue con unos de uniforme café claro (Policía Nacional Bolivariana)”, resaltó Gómez.

La evidente devaluación del bolívar ante la divisa estadounidense ha invitado a que el crimen olvide la moneda local y se internacionalice. El pasado 20 de marzo, un ciudadano de nacionalidad egipcia, Adbel Ismail El Sayed Hassan Adbelaziz, de 30 años, fue asesinado en las puertas del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar.

Cuando salía con cuatro compañeros de la misma nacionalidad, provenientes de Frankfurt (Alemania), fue interceptado por un delincuente quien lo ultimó tras resistirse al robo. El joven Aleyrin Jesús Canelón Silva se entregó a los pocos días confesando su crimen. El responsable, al parecer, fue advertido por un funcionario del Seniat, quien al chequearlo se percató del fajo de dólares que tenía además del celular de última generación y no dudó en “pichárselo”.

puesto controlGómez confiesa que no sabía de esa noticia. Lo que conocía de la situación en Venezuela lo descubrió al leer en internet de la actualidad del país unos días antes de su viaje. “En Chile no se sabe mucho de eso, sí sabía lo del cambio y sabía que podía pasar eso. No pensamos en vivirlo, pero supongo que no debo ser el primer extranjero que se lo hacen”.

En la primera nos quitaron 100 y 200 en la segunda. Nos bajaron, quizás nos vieron la cara de turistas y decían que era una revisión normal. Miraron el auto, nos miraron a nosotros sin mayor pretexto”, relata el chileno.

Pese a tener todos sus documentos en orden, al igual que el taxista que los transportaba, las amenazas de los uniformados no faltaron. “Dijeron que nos iban a llevar presos una noche, que nos iban a retener los dólares y que tendríamos que esperar al otro día que llegara un fiscal y que a él también le hubiésemos tenido que pagar”, puntualizó.

El único susto
Pese a eso, el viaje de los dos amigos chilenos resultó un éxito más allá de la goleada que comandaron Mauricio Pinilla y Arturo Vidal en el estadio La Carolina. El ínfimo valor de la moneda patria les permitió disfrutar de las mieles del cambio al paralelo. “En Chile también hay focos de delincuencia y no le he tenido miedo a nada. En Venezuela nos sentimos seguros porque nos movimos con pocos dólares, en Caracas la pasamos súper bien porque estuvimos en un sitio bueno como Las Mercedes”.

Fueron 800 dólares los traídos por Gómez desde Chile. “En Caracas nos quedamos en un hotel cinco estrellas por cuatro noches y salió súper barato. Gastamos mucho en bolívares pero pocos dólares, fuimos con dos chicas a cenar por 70 mil en total en la cuenta para los cuatro. Son increíbles los tipos de lujos que nos pudimos dar”, añadió.

Para Gómez, profesional al igual que su compañero, la “dolce vita” que se dieron en Venezuela significa un poco más de la mitad de su sueldo mensual. “Un universitario en promedio gana mil 500 dólares y un técnico sin título puede llegar a cobrar entre 600 y 700. En 360 dólares está el sueldo mínimo en Chile que son 250 mil pesos”, afirmó.

Junto a Rodríguez se llevó una anécdota digna de contar más allá de los gastos lujosos que un venezolano no se puede dar ni con decenas de salarios mínimos.

Vio de cerca cómo la corrupción y la matraca son el pan de cada día en los cuerpos de seguridad del país. “Mi visión de Venezuela no va a cambiar por lo que me hicieron porque me gusta la gente y el país”, aseveró el turista austral.

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