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Ingresan a su casa, le roban un bulto de harina y lo estrangulan

Los delincuentes evaluaron a su víctima. Esperaron la madrugada para ingresar a su casa, en el sector Panamericano, robarla y luego asesinarla. El objetivo de los desconocidos presuntamente era robar el dinero que Julio César Barboza González, de 60 años, guardaba en una de las gavetas de la habitación donde dormía.

A las 3:00 de la mañana de ayer, los vándalos se saltaron la cerca de la vivienda número 16-103, con fachada de pérgolas negras y paredes blancas, de la avenida 91. Confrontaron al perro que se la mantenía suelto, custodiando la casa. “No era de raza, pero era muy bravo. Lo supieron torear y lo dejaron salir a la calle. No aparece”, contó Enrique Perozo, cuñado de Barboza.

Los criminales, de forma sigilosa, caminaron hasta el estacionamiento de la casa y observaron las ventanas. No sabían cómo entrar y quitaron los siete vidrios que tiene una de las ventanas. Con fuerza doblaron el metal que hay entre una y otra, hasta formar un pequeño hueco, por donde se presume metieron a un niño para que entrara y abriera la puerta principal.

Robo

Los maleantes recorrieron la casa hasta llegar al cuarto que está frente a la cocina y donde dormía Julio. Lo consiguieron acostado, y antes de que gritara “auxilio”, le amordazaron la boca con la funda de una almohada. Le amarraron las manos con un mecate y lo colocaron en la cama matrimonial, boca arriba, indicó Perozo.

Mientras, ellos desbarataron el dormitorio. Vaciaron seis gavetas, tiraron la ropa al suelo y voltearon el colchón de la cama individual que estaba en el mismo espacio. Durante su estadía se llevaron el dinero en efectivo de las ventas del puesto de comida que tenía con su hermano, Hénder Barboza.

Sustrajeron un bulto de harina, un pote de mayonesa, una gavera de cervezas, un celular de última generación, un reloj de acero y unas gomas de marca que había comprado la semana pasada.

Hénder, hermano menor de “Julito”, llegó a las 4:00 de la mañana, a la vivienda para preparar y organizar el puesto, que cada día se abría a las 6:00 de la mañana. El familiar se quedó anonadado al encontrar las puertas abiertas. Entró a ver qué pasaba y halló el cadáver de su pariente, en bermudas y sin vida sobre la cama.

 

 

 

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