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Enero cierra con 112 homicidios en el Zulia

Se sienta en el porche y los ve pasar de celeste. Llora sin consuelo, da gritos y vocifera “que para que quiere seguir viviendo si ya no tiene por quién hacerlo”. Ella es Danith Zabala, la madre de Freidy Eduardo Castro Zabala, de 14 años, quien murió el pasado 13 de enero al recibir un disparo en el pecho cuando salía de clases.

El caso de esta madre desconsolada refleja la historia de muchos de los homicidios acontecidos en el primer mes del año 2016.

Freidy Castro cumpliría 15 años a pocos días de su asesinato. Su vida no valió nada para su verdugo, un balazo le truncó los sueños. Pasaron 16 días para que su asesino se entregara ante el Ministerio Público.

Las patrullas volvieron a rondar en el núcleo que abarca a los tres liceos Rafael María Baralt, Antonio Guzmán Blanco y Francisco Duarte, luego del crimen.

“Cada lunes acudimos al CICPC Zulia para ver cómo van las investigaciones, sabemos que los detectives han procurado la captura del Job”, dijo Norbelis Mejías, prima de Freidy, unos días antes de que el Job se entregara.

Mi tía llora sin parar, se aferra al retrato de Freidy, lo añora a cada instante, se deprime, se pone pensativa, no la podemos dejar sola”, detalló Mejías. Para Zabala su hijo menor fue tragado por la violencia.

Otro de los tantos casos contabilizados en el mes de enero, fue la muerte de Enrique Alberto Perozo González, de 27 años, a quien le dispararon cuando llegaba a su residencia en la urbanización Los Mangos para despojarlo de sus pertenencias, entre estas, un celular Caribe 4.

No pudo cumplir sus sueños más anhelados: graduarse y casarse. Los planes que tenía el joven de 27 años se fueron a la tumba con él luego que lo mataran para robarlo.

Más de uno lo llora hasta la fecha. Y más por la impunidad que reina sobre los asesinos de sus familiares. Su recuerdo queda constante entre amigos y allegados. Creen que la Justicia Divina llegará.

Un muchacho alegre, educado, trabajador, dedicado a sus estudios y familia y morir así, es injusto”, decían en su funeral.

Otro de los crímenes que marcó el mes de enero fue el de un joven que se opuso a pertenecer a una banda delictiva y le juraron la muerte. “Eudomar” y “El Chiva”, tras una serie de acosos contra Diego Armando González (15) le dispararon, en el barrio Casiano Lossada IV. “Eudomar” y “El Chiva” quedaron detenidos tras el suceso.

Los familiares del joven refirieron, al momento del hecho, que el muchacho era acosado constantemente por los azotes, pero no pensaron que negarse al delito lo conduciría a la muerte.

La violencia está en todas partes. Cuando un par de esposos pensaban compartir en una venta de pasteles situada en la avenida 4 Bella Vista los sorprendió la desgracia. Delincuentes intentaron arrebatar una cadena a Jhonny Guzmán (64), quien al resistirse recibió un disparo en el abdomen, mientras que el mismo proyectil se alojó en una pierna a su esposa, Eglé de Guzmán (60). Jhonny falleció nueve días después, en el Hospital Coromoto.

En otro hecho delictivo, donde la violencia y la desconsideración prevaleció murió el vigilante Adolfredo Ferrer (60), quién cumpliendo su deber impidió que pistoleros ingresaran a un centro de apuestas situado en Los Estanques para tirotear al encargado.

La impunidad
“La impunidad es una constante, en el caso de los venezolanos, uno de los factores que siempre ha estado presente es la impunidad”, asegura Alexis Romero, profesor e investigador del Instituto de Criminología de LUZ.

El delincuente sabe que no va a ser castigado. La población está consciente que la impunidad, siempre ha estado presente en la sociedad venezolana. Hay demasiada permisividad en lo social, usted puede decir que hay una ley de tránsito y todo el mundo la viola y eso es impunidad”, destacó Romero.

El profesor de la Universidad del Zulia explica que actualmente el país está viviendo en un estado de anomia. “No es de extrañarse que haya impunidad en una sociedad tan permisiva”, afirmó el experto.

“No se castiga el delito”
“Ocupamos los lugares mas violentos, con mayor número de homicidios, no hay un Estado eficaz y eficiente, no se castiga el delito, lo que se está es promoviendo que se cometa”, detalló Natalia Sánchez, socióloga e investigadora de la Universidad del Zulia.

“Usted sabe que no puede cometer delito porque sabe que va a pagar, esto no existe en Venezuela porque se sabe que no va a tener un castigo. El Estado está invisible, invalidado, los venezolanos que no cometen delitos no lo hacen, no porque vayan a ser castigados, sino porque internamente tienen restricciones morales”, afirmó Sánchez.

“La moralidad es la que está sosteniendo el hecho de que los venezolanos no nos matemos, hay un grupo que esta fuera de la ley que son los delincuentes”, prosiguió la socióloga.

La experta opina que la socialización que hemos aprendido es desde el núcleo familiar. “La familia, la religión son los que nos han orientado a que reprimamos las acciones fuera de la ley”.

Opinó que el número de delitos es cada vez mayor. “El Estado debe regular el castigo cuando hay delitos”.

“En Venezuela el delincuente no se castiga, y la persona que trabaja con mucho esfuerzo no es premiada. El control lo debe llevar el Estado. Pero lo llevan los cuerpos fuera de la legalidad”, sentenció.

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