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El Monstruo de Santa Rosa: “Dentro de poco saldré libre”

Estas son pruebas que el diablo le pone a uno para ser probados, para ver si estando preso uno desmaya; pero mi fe es tan grande como el Dios Todopoderoso”. Estas líneas las escribió Manuel Alejandro Espinoza Roa, de 29 años, condenado a pena máxima por los delitos de feminicidio agravado y violencia sexual en perjuicio de su pareja, Greily Carolina Ortega; homicidio intencional agravado y violencia sexual agravada contra los tres hijos de la mujer de siete, ocho y nueve años, hecho acontecido el pasado 6 de septiembre de 2015 en el barrio El Cerro, Santa Rosa de Agua, al norte de Maracaibo. Manuel fue bautizado por la colectividad zuliana como “El Monstruo de Santa Rosa”.

La madrugada de aquel 6 de septiembre se convirtió en tragedia para los Ortega. Una disputa entre la pareja culminó trágicamente con la muerte de la mujer y sus tres pequeños hijos; solo una bebita de seis meses para ese entonces sobrevivió al desenlace fatal de sus consanguíneos. Al menos cuatro cartas redactó “El Monstruo” a su hermana Marisel Espinoza y a su progenitora, mientras se encontraba en los calabozos del Eje de Homicidios de Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Maracaibo.

Muchos le decían que él debía estar en un manicomio en lugar de estar preso, reveló en uno de los manuscritos. “Un inspector me dice: ‘A ti te tienen que meter en un cuarto acolchonado, porque lo que estás es loco, no es normal, te ríes cuando te dicen que 30 años de prisión’; y qué puedo hacer yo, llorar no puedo, les digo, y me dicen que estoy loco”, explicó en una de las cartas Manuel Alejandro.

Marisel Espinoza declaró para Versión Final que en la primera visita que le realizó a su hermano después de la sentencia, le comentó que nunca tuvo defensa y los abogados no permitieron que le realizaran una revisión psiquiátrica. “De Manuel se burlaron mucho en el juicio. Él es el mayor de cuatro hermanos, recibió maltratos por parte de mi padre en reiteradas oportunidades durante la infancia y se fue de la casa cuando apenas era un adolescente. Su primera hija la tuvo hace 12 años y es padre de cinco niños más, entre ellos los morochos. Él es muy tranquilo, nunca ha sido agresivo”, informó la pariente de Manuel.

“El Monstruo de Santa Rosa”, según reveló su hermana, nunca estuvo sumido en la indigencia, pero sí tomó el camino de las drogas. “Manuel agarró las drogas porque quiso. Le hemos preguntado varias veces si cometió ese crimen y no recuerda nada. Según él se quedó dormido entre las 12:00 de la medianoche y las 4:00 a. m. (horas en las que se perpetró el cuádruple crimen)”, manifestó Marisel.

Desde niño, su progenitora notó en Manuel una actitud inusual. Varios especialistas lo estudiaron y aunque no precisaron un diagnóstico, era medicado para controlar su ansiedad. El tratamiento estaba basado en Trileptal y Rivotril (anticonvulsionantes) y Sinogan (antipsicótico neuroléptico). “Psicólogos y psiquiatras revisaron a mi hermano y le pusieron un tratamiento médico que lo calmó bastante, pero no aguantó el maltrato de mi padre y huyó de la casa”, precisó. Sin diagnóstico preciso Manuel Alejandro Espinoza nunca tuvo un diagnóstico preciso.

Sus progenitores tenían conocimiento de que “algo sucedía” y siguieron a cabalidad su medicación, hasta el momento en el que él decidió abandonar su residencia por los maltratos de su padre. Aunque “El Monstruo” asegura en sus letras amarlo y respetarlo, sus familiares coinciden en que él sería el detonante de su “incapacidad”.

Expertos opinan que Manuel Alejandro es un sociópata. “El hecho de que no recuerde haber cometido los crímenes y asegure estar dormido durante ese tiempo con afirma que el hombre no se encuentra bien de sus capacidades mentales. No podemos precisar si está en condiciones de estar dentro de una cárcel o un sanatorio mental, es necesario realizarle varios estudios para determinar si todos su actos se realizaron de forma consciente o no”, destacó el psiquiatra Luis Gómez a este rotativo. Su familia lucha para que él sea revisado por un médico.

También confían en que pronto saldrá en libertad pues creen en que Dios obrará para él. Más de tres meses se cumplen de su sentencia a 30 años de prisión por cinco homicidios. Oro indefinido En Guasipati, estado Bolívar, Manuel Alejandro asesinó a puñaladas a la educadora Crisálida Contreras, de 82 años, el pasado 28 de octubre de 2016.

Se presume que el crimen contra la profesora lo perpetró el joven para robarle sus pertenencias. Hijos de la víctima revelaron que en la propiedad hacían falta joyas. En una de las cartas escritas, él manifiesta que no deben informarles a los funcionarios del Cicpc el escondite del oro. “Hermanita no le pares bola al petejota (Cicpc), que yo le dije del oro, yo lo que estoy es vacilando porque él me quiso humillar. Ahora es él quien me jala bolas pero dile que no puedes ir para allá”, escribió Manuel Alejandro a su hermana. Actualmente se encuentra recluido en el retén de Cabimas, donde purga la condena. 

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