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Darwin Rubio embistió a Luis Vera Sulbarán por impedir el paso en una barricada

Crimen de odio. Así califica Tarek William Saab, defensor del Pueblo, el tipo de asesinato cometido el pasado, a las 9:05 de la mañana, por Darwin José Rubio, chofer de la Droguería Médica del Sur.

El hombre de 37 años, a bordo de un Ford 150, Tipo Cava, placas A103BD6V, color blanco, atravesó la avenida 16 y frente al semaforo de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE) insultó a los jóvenes que protestaban contra el Gobierno con una barricada. Les tomó fotos con su teléfono celular y embistió contra un grupo para acabar con la vida de Luis Vera Sulbarán, de 20 años. Lo arrastró 300 metros.

Un grupo de funcionarios del Cpbez, entre ellos una oficial que estaba en el lugar, lo salvó de ser linchado. Los manifestantes le echaron gasolina al camión y lo quemaron. La fiscal 11, Yanis Domínguez, investigará el homicidio.

“¡Yo estaba al lado de él. Yo me salvé porque me lancé hacia un lado. Nos fuimos a parar y el mardito arrancó. Yo le dije: ‘Luis, quítate’ y se quedó en el medio. Pensó que el chófer iba a parar, pero se lo llevó por delante, y yo estaba lejos para empujarlo”.

La voz quebrada pertenece a un compañero de estudios de Luis. El joven temblaba al contar cómo lo mataron.

El chofer lo atropelló y acabó con su vida, tal como lo hizo Omar Barrios con Paúl René Moreno Camacho la tarde del jueves 18 de mayo, en la antigua avenida Fuerzas Armadas.

La camioneta conducida por Darwin Rubio no tenía cargamento. Iba de la avenida 16 Guajira y se detuvo en el semáforo para cruzar hacia la Prolongación Circunvalación 2. Los manifestantes que mantenían las vías cerradas le indicaron que no había paso. Rubio se molestó y se llenó de ira al no poder pasar. Insultó a los protestantes y luego les tomó tres fotografías con su celular y amenazó con exponerlos con las autoridades del Gobierno. “¡Señor no puede pasar para allá, no hay paso!”, fueron las últimas palabras de Luis, miembro del Movimiento Estudiantil URBE, desde hace dos meses. Los testigos no daban crédito a su muerte. El chofer estalló y aceleró con el cuerpo del joven en el parachoque. Sabía que lo llevaba arrastrado y no se detuvo.

Persecución 

Dos motorizados del Cpbez, quienes mantenían la zona de “guerra” resguardada al ver que el conductor llevaba al estudiante a rastras, lo comenzaron a seguir y a 300 metros, justo a la altura de la Plaza de Toros, lograron detenerlo. Más atrás corrieron los estudiantes.

Rápidamente, los uniformados bajaron al conductor de la camioneta. Los universitarios pretendían lincharlo. La oficial Verónica Beltrán, de la policía regional abrazó a Rubio, protegiéndolo de la turba. A la funcionaria la golpearon para tratar de quitarle de los brazos al asesino. Un refuerzo de efectivos le arrebató a Darwin y lo escoltó hasta una patrulla que enseguida arrancó sacando al señalado del lugar. A Beltrán la trasladaron hasta Sanipez. Darwin fue remitido a la sede del PNB en San Francisco. Los encapuchados estacionaron la camioneta en el fondo del Colegio de Abogados. La rociaron con gasolina y le prendieron fuego.

El cuerpo de Vera quedó quebrado sobre el pavimento. Su pantalón negro se rompió. La franela gris manga larga quedó curtida, al igual que sus gomas azul marino. Sus compañeros llenos de dolor, angustia e impotencia lo cubrieron con una sábana quirúrgica celeste y sobre ella colocaron la bandera y su gorra tricolor. Más de 400 personas rodearon el lugar. Tomaban fotos y grababan la escena que abarrotó las redes en segundos. Media hora después de lo ocurrido llegaron al lugar los jefes del Eje de Homicidio del Cicpc-Zulia, junto con tres detectives de la Brigada A y cinco sabuesos de Criminalística a realizar las experticias. Al llegar la furgoneta que se llevaría el cadáver, la multitud comenzó a cantar el himno nacional. Los investigadores revisaron el cuerpo y consiguieron sus credenciales de la URBE y otra de la Universidad Rafael Urdaneta, donde estudió Arquitectura durante dos trimestres. Su morral, deshilachado, lo colocaron entre sus piernas, al igual que los panes con salsa y queso que tenía guardado en una tasa para desayunar. Lo engavetaron y lo trasladaron hasta la morgue.

Oscar Belloso, rector de la URBE, repudió el asesinato. “Su muerte se pudo haber evitado. Debe haber justicia. La protesta se originó por el rumor de que entregamos al CNE la data de los estudiantes y eso es falso”. Declaró tres días de duelo en la Universidad.

“Me enteré por Instagram” 

En la morgue de la Medicatura Forense, una hora más tarde, llegó Luis Vera Boscán. En shock, preguntaba por el cuarto de sus cinco hijos. “Me enteré por las redes sociales, por Instagram. Leía el nombre de mi hijo y las fotos lo delataban. Era él y me vine enseguida… No me creo que sea mi hijo, debo entrar a verlo con mis ojos”, expresó el señor de 65 años.

 “Mi hijo era un gran muchacho. Él no se metía en las protestas, era buen estudiante y trabajador. Nos ayudaba mucho con los negocios de la familia. Era amante del basquet, pertenecía al equipo de la URBE. Era una de mis luces”, decía el progenitor devastado.

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