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Venezuela pasó de receptora de inmigrantes a catapulta de emigrantes

Óscar Shuliaker, de Argentina; Edwige Nerini, de Francia. Ofelia Soto, de México; Wojciech Galazca Zajac, de Polonia. Hans Brinner, de Suiza.

Venezuela siempre enamoró a los inmigrantes. Recuerda el historiador Juan Carlos Morales Manzur, que desde el siglo XIX esta nación recibe gente de Europa y países del sur.

Los primeros inmigrantes llegaron por grupos. Una referencia son 374 alemanes que, junto con Luis Felipe de Tovar, fundan la Colonia Tovar en 1843. Dos años antes, llegaban los primeros italianos al Zulia. Eran 29. Las primeras colonias comenzaban a establecerse entonces. Momento próspero. Se habla de italianos, españoles, estadounidenses, alemanes, franceses e ingleses. Muchos se unieron como miembros de casas comerciales encargadas de exportar las riquezas criollas.

Un poco más de diez años antes, en 1831, se promulgaba en Venezuela su primera Ley de Inmigración. Vivían en el país 61 extranjeros. —Y todo esto respondió a una política del Gobierno de traer inmigrantes a Venezuela porque estaba despoblada. La guerra había causado pérdidas elevadas— cuenta Manzur. Antes de que Shuliaker, Nerini, Soto, Galazca Zajac y Brinner cruzaran océanos y cielos pasaron muchas cosas en estas tierras y en el mundo. En la Argentina que Óscar Shuliaker dejó atrás, gobernaba Isabel Martínez de Perón y una junta militar planeaba instalarse a la fuerza en el poder para tumbar el peronismo. Él tenía 27 años y se había montado en un avión con destino venezolano. 

En la Francia de la Nerini de 18 años transcurría la posguerra. La guerra de la que no escapó Polonia le dejaba un mal sabor de boca a Galazca Zajac. Y Brinner solo quiso aprovechar las virtudes prometedoras de un país en la transición de dictadura a democracia.

Oleadas de inmigrantes

Acá había tierras desaprovechadas. El expresidente Antonio Guzmán Blanco (1870-1877, 1879-1884, y 1886- 1888) quería mano de obra extranjera. Le llegó a pagar a externos por vivir aquí. Raimundo Andueza Palacios y Joaquín Crespo, sucesores, mantuvieron y ampliaron los planes.

—Entrado ya el siglo XX, los exmandatarios Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, también supusieron el establecimiento de extranjeros. No en gran cantidad, pero sí significativo. Tanto así, que esos extranjeros se convirtieron en una élite económica y social— salva Juan Carlos Morales Manzur.

Se encargaban de negocios que los venezolanos no hacían a gran escala. Escarlyn Morales y Silvana Navarro, en su tesis Venezuela: de receptor de inmigrantes a emisor de emigrantes, relatan que la inserción laboral contribuyó a la creación de la nueva clase media. Italianos y españoles instauraron la industria de la confección de ropa, tanto artesanal e industrial. Los portugueses comenzaron como choferes para luego fundar líneas de transporte. También, junto con italianos, brindaron aportes en la fabricación y distribución del pan, construyeron redes de abastos y supermercados y diversificaron la educación cultural y religiosa. Eso ocurrió hasta la II Guerra Mundial. Europa quedó devastada por las pugnas.

—Venezuela acoge a los extranjeros con mucho agrado porque así lo establecían las políticas del Gobierno. Se establecieron acá, formaron familias y se quedaron varias generaciones hasta el presente—.

En los años 60 y 70 se da otro tipo de inmigración. Venían de países con altos índices de pobreza y de violencia. Por ejemplo, Colombia. Otros huían de las dictaduras del sur —Argentina, Uruguay, Chile—. También de Ecuador, República Dominicana y Haití. Esta es la tercera oleada de inmigración.

A la inversa

Durante la Venezuela de la era de Chávez se han ido dos millones de venezolanos. Milagros Dávila nunca pudo ejercer periodismo en Maracaibo. Debió irse a Valledupar, departamento del César en Colombia, para saber qué era hacer diarismo. Se fue en 2010.

Este no es un fenómeno exclusivo a la era socialista de la nación. Según Juan Carlos Morales Manzur, viene desde el Gobierno de Luis Herrera Campins, en 1983, cuando ocurrió el “viernes negro”. Se dio la abrupta devaluación de la moneda nacional. Más tarde, con la gestión de Carlos Andrés Pérez, sucedieron eventos que culminaron en el “Caracazo” en 1989. En 2003 el proceso se maximiza. Entre 2008 y 2013, la migración se convierte en un hecho “asombroso”.

—Emigran personas de clases media, altas y medias bajas. Huían (…) Muchos de los descendientes de los españoles, portugueses, italianos que se establecieron en los años 50 en Venezuela se fueron. Adquirieron la nacionalidad de los países de origen de sus abuelos y padres— explica.

La socióloga Catalina Labarca admite que Venezuela vive un tiempo histó- rico único, pero la crisis se expande por todo el mundo como epidemia. Está en Latinoamérica, que tiene sus propios problemas. En este escenario el inmigrante se con gura como un peso más para cualquier sociedad.

 

 

 

 

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