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Sus opiniones son órdenes

El presidente Nicolás Maduro opinó que la Ley de Amnistía era “inconstitucional en todas sus partes” y el Tribunal Supremo de Justicia así lo sentenció; el diputado Héctor Rodríguez, del Psuv, dijo que otorgarles títulos de propiedad a los beneficiarios de Misión Vivienda era “un riesgo” para el programa social y el máximo tribunal falló a su favor. Ahora las objeciones del oficialismo se enfilan contra el referendo revocatorio.

Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, olfateó esta suerte de patrón en la conducta de las instituciones del Estado y lo ventiló en Twitter el lunes: “Van cuatro del régimen que dicen que no habrá referéndum revocatorio: Diosdado, Jorge (Rodríguez), Aristóbulo y Tibisay. Faltan el TSJ y el Alto Mando de la Fuerza Armada”.

Y parece que es cuestión de tiempo que el Consejo Nacional Electoral (CNE) anuncie que el referendo no va en 2016. “Van a buscar todas las excusas habidas y por haber para no hacerlo, incluso presupuestarias”, opina Jesús Castillo Molleda, politólogo y profesor universitario.

El chavismo, dice, quiere llegar a 2017, el único puerto seguro donde pueden resistir una derrota de ese calibre, porque aún vencidos en las urnas pueden designar a un vicepresidente capaz de rescatar a la revolución del desastre en que se encuentra, y también para tener oportunidad de buscar un candidato presidencial que dé la talla. “La agenda de los aliados al Gobierno es que por ninguna razón –explosión social, manifestaciones de calle, Carta Democrática, un tsunami– puede haber referendo este año”.

Maduro

Castillo Molleda afirma que el Gran Polo Patriótico y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) coinciden en que hay que salir de Maduro: los oficialistas, porque la mala gestión del presidente perjudica a los liderazgos regionales y municipales; los opositores, por la escasez de alimentos y medicinas, los altos índices inflacionarios, la inseguridad y un sinfín de motivos.

“Pero para salir de Maduro no hay necesariamente que entregarle el poder en unas elecciones presidenciales a la oposición. Sería idiota pensar que el gobierno, teniendo las instituciones a su favor, jugaría a darle el poder a la oposición. No tiene lógica”.

Es por esto, insiste el politólogo, que no habrá referendo en 2016. ¿Qué le queda por hacer a la MUD entonces? Meterse en la agenda de las elecciones regionales. “Ahí el CNE no tendría ninguna excusa para no hacer elecciones porque ya están programadas. Y la oposición ganaría grandes espacios que debilitarían más al Gobierno”.

Cambio de marea

Cuando el chavismo ganaba elecciones convocaba a la gente a las urnas por cualquier cosa; ahora que las pierde, no las quiere hacer nunca, comenta Fausto Masó, escritor y analista político, quien vaticina que Maduro perdería el revocatorio tres a uno.

Las cifras recientes dan las luces: en las presidenciales de 2013, el mandatario obtuvo 7.587.579 votos; la MUD, en las parlamentarias de 2015, sumó 7.707.442. Si esta tendencia se mantiene y el referendo se celebra este año, Maduro quedaría fuera del cargo y habría que llamar a elecciones con un chavismo muy debilitado.

“Su estrategia es no celebrar el revocatorio este año y desalentar a la oposición. Pero es una estrategia que tiene un problema: aquí la situación se agrava cada día. Este año puede haber revocatorio por la fuerza de los hechos, aunque no creo que este país aguante indefinidamente. La situación de las colas es demasiado grave”.

Si Venezuela fuese un país “normal y próspero”, apunta Masó, el hecho de que no se celebre un revocatorio es inocuo, y ese no es el caso. “El revocatorio serviría de válvula de escape y el chavismo quizá lo aceptaría, pero Maduro no lo quiere porque si pierde el revocatorio lo pierde todo. Maduro hace una elección en su casa y la pierde”.

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