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Nueve años de la muerte de Hugo Chávez: ¿Cómo ha cambiado Venezuela desde entonces?

El fallecimiento del expresidente dejó un fuerte vacío en las filas de su proyecto socialista bolivariano, el cual intentó ser cubierto tras el ascenso de Nicolás Maduro al poder

Luego de días de incertidumbre, rumores y escuetos comunicados diarios por parte del entonces ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, la tarde del 5 de marzo de 2013 quedó grabada en la memoria de muchos venezolanos. Desde el Hospital Militar de Caracas, Nicolás Maduro informaba sobre la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.

“Recibimos la información más dura y trágica que podamos transmitir a nuestro pueblo. A las 4:25 pm, ha fallecido el comandante presidente”, anunció Maduro compungido en cadena nacional. En 1992, Venezuela conoció al teniente coronel Chávez por un discurso televisado, luego de dar un golpe de Estado fallido contra el gobierno democrático de Carlos Andrés Pérez. 21 años después, cerraban el ciclo nuevamente a través de la pantalla, dando por concluido un capítulo de la historia reciente del país.

Nueve años han pasado desde entonces. Una de las consecuencias directas de la muerte de Chávez fue el ascenso al poder de Nicolás Maduro, a quien nombró su sucesor días antes de viajar a Cuba para atender su cáncer. De hecho, de aquel cuadro transmitido casi una década atrás en el Hospital Militar, la mayoría de sus personajes actualmente se mantienen en lo más alto de la cúpula gobernante. Solo Elías Jaua parece estar ahora fuera de los reflectores, como parte de una facción más conservadora del chavismo, y que en los últimos años se ve cada vez más reducida ante el gran viraje político, económico y social del gobierno, recoge un reportaje de El Diario.

Otro país

Para el sociólogo y doctor en Procesos Políticos Contemporáneos, Juan Manuel Trak, resulta una tarea complicada el describir la transformación que ha tenido la sociedad venezolana tras nueve años sin Chávez. En entrevista para El Diario, reconoce que todavía es muy pronto para hablar de cambios culturales o de los valores que forman la identidad nacional.

Lo que sí destaca son las huellas que dejó el chavismo en el tejido social, con fenómenos que la han marcado irreparablemente, como la migración de más de seis millones de venezolanos en los últimos cinco años.

Ha transformado demográficamente la sociedad y sus consecuencias todavía no estamos al tanto de poder medir con total certeza. Tenemos cambios profundos también en el tema de la calidad de la educación, lo cual se va a ver reflejado en el mercado de trabajo; la destrucción no solamente de la industria petrolera, sino también del tejido productivo, que no era mucho, pero sí lo había. Y eso va a traer muchos cambios importantes en las formas de trabajo de los venezolanos”, señala.

De acuerdo con el estudio Migración y refugio en Venezuela 1998-2020, de Mauricio Phélan y Emilio Osorio, durante todo el gobierno de Chávez se calcula que emigraron aproximadamente 768.000 venezolanos. Reseña que en su mayoría se trataba de personas de alto nivel educativo y recursos económicos, generalmente con destinos como Estados Unidos, Canadá o Europa.

A partir de 2014, la curva migratoria crece hasta explotar en 2017, cuando la crisis política y la emergencia humanitaria compleja empujaron a millones de venezolanos a buscar una vida mejor. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que la cantidad de desplazados podría equivaler al 17 % de la población, siendo la segunda mayor ola migratoria del mundo, solo superada por Siria.

Definitivamente el país dejó de ser el mismo que existía en 2013. Problemas para entonces evidentes como la inseguridad y la deficiencia en los servicios públicos se intensificaron, mientras aparecieron otros nuevos como la escasez de combustible, agrega El Diario.

Trak destaca también nuevas realidades como la hiperinflación, la desnutrición infantil y la rápida transición de una democracia frágil y populista a un gobierno autocrático y represivo. Además menciona la brecha social acentuada en los últimos años, y que entierra el discurso del oficialismo de la lucha contra la burguesía.

Tenemos una sociedad más desigual, donde unos pocos manejan mucha riqueza, y donde el poder está concentrado en manos de una oligarquía que se ha enriquecido del erario público. Y eso en detrimento de la sociedad, que es de las pocas en la región que ha retrocedido en todos los indicadores como educación o salud en estos 20 años”, explica.

El fin del espejismo

Otro aspecto importante que el sociólogo resalta es que la crisis general de los últimos años contribuyó a derribar algunos antiguos paradigmas que estaban arraigados en la psique del venezolano. La más importante fue el mito de que Venezuela era un país rico solo por contar con vastos recursos naturales. Una percepción surgida desde la segunda mitad del siglo XX, cuando la bonanza petrolera creó un espejismo de desarrollo que no se correspondía con la realidad de muchos sectores históricamente pobres.

“No éramos un país rico. Teníamos riquezas en la forma de recursos naturales, pero que no fueron transformados de manera productiva a través de una industria nacional para generar ahora sí riquezas. Puede que se esté acabando ese mito, y dependiendo de hacia dónde se resuelva este conflicto político y económico, puede derivar en un cambio de la perspectiva que tienen los venezolanos en relación a lo que somos como país extractor de petróleo”, dice.

Comenta que también hay otros elementos idiosincráticos que, aunque deteriorados, aún siguen fuertemente presentes.

Asegura que la falta de legitimidad del régimen de Maduro y la represión vivida en años como 2014, 2017 y 2019 afectaron la forma en que percibimos la política. Igualmente, el desencanto con los partidos y liderazgos, así como los procesos electorales cuestionados de 2018 y 2020 volvieron al venezolano, antes apasionado y proactivo, más desinteresado en los asuntos políticos.

Aun así, Trak afirma que en el fondo, aún sigue esa chispa que llevaba a muchos a madrugar en los centros de votación en cada convocatoria.

En términos de cultura política, la creencia en la democracia se mantiene fuerte, aunque haya bajones en algunos sectores. Pero las elecciones como mecanismo de resolución de conflictos políticos sigue siendo el preferido por los venezolanos. Aun cuando no hayan sido eficaces en los últimos años debido al tipo de sistema de gobierno que tenemos”, asegura.

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