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Maduro es Hugo Chávez

“Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en un escenario que obligaría a convocar de nuevo a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

Es el ocho de diciembre de 2012, la última vez que Hugo Chávez le habló al país. Maduro no asiente, no sonríe, no da las gracias. Su rostro, ceñudo, es el signo visible del grave estado de salud del expresidente. También es la última voluntad del líder revolucionario, aunque ahora muchos de sus votantes se pesquen diciendo: “Yo soy chavista, no madurista”. Como si apoyar a Maduro significara romper con el comandante, como si Maduro no fuese el presidente del PSUV.

“El madurismo, como el grupo de simpatizantes de Maduro, no existe. Creo que las encuestas dicen todo lo contrario”, afirma María Alexandra Semprún, profesora de Sociología Política. Tal vez el pequeño comité que hay a su alrededor hable de “apoyar a Maduro”, añade, porque guras relevantes del chavismo, como Jorge Giordani, exministro de Planificación, ha manifestado públicamente su rechazo al heredero.

“Chávez murió en el mejor momento para convertirse en una gura irreprochable, mágica: teniendo un precio petrolero alto y un gobierno que podía responder a los requerimientos del pueblo. Chávez y la varita mágica del petróleo a 90 dólares se acabaron”.

Maduro tampoco ha traicionado a Chávez, agrega Semprún. No es la carencia de lealtad el problema, sino que la capacidad de convencimiento que su maestro tenía sobre las masas es inigualable. “Él sigue la agenda de Chávez, pero Chávez podía cumplirla porque tenía recursos económicos y carismáticos para ello. Y el carisma no se hereda”.

Estar convencidos

“Yo soy chavista y madurista. Quien diga que Maduro no es Chávez, no es chavista”, sentencia Humberto Villa, un vigilante de 59 años que está a punto de graduarse de Administrador en el Tecnológico de Maracaibo. “Dicen que las misiones no sirven y mira, yo me gradué de bachiller en la Misión Ribas”.

Para Villa todo se reduce a una sola cosa: tener una concepción revolucionaria clara, sólida. Él, desde tercer grado de primaria, se siente alineado hacia el socialismo. “Ni aún por el estómago de mis hijos renuncio a mi concepción de izquierda”.

Reconoce que en el PSUV hay distintas corrientes de pensamiento, y que a esa diversidad no hay que temerle, al contrario. “Nosotros no estamos de acuerdo con el pensamiento único”. Cree que la escasez de alimentos, esa guerra económica, no es más que un pase de factura por las resoluciones de la ONU que acreditan a Venezuela como garante de la soberanía alimentaria de sus habitantes.

“Nicolás Maduro es Hugo Chávez. Es el legado de Hugo Chávez y nosotros, por supuesto, acompañamos ese legado”. La lealtad política de Eduardo Labrador, diputado del PSUV ante el Consejo Legislativo del Estado Zulia, no tiene fisuras. Sabe que no faltan quienes quieran confundir a los socialistas separando las aguas, pero confía en la solidez de sus convicciones.

Hay mínimas diferencias entre las políticas económicas del alumno y el maestro, sí, Labrador lo sabe, pero no son ideológicas, son coyunturales. Es la caída de los precios del petróleo. Es la escasez de divisas: “Tenemos que partir de que el 73 por ciento de nuestra capacidad de ingreso mermó. Son 102 años de rentismo. Lamentablemente se acabó con la Venezuela agrícola y pecuaria con la que nos sosteníamos. Pero vamos a fortalecer nuestra economía y Nicolás Maduro será el presidente hasta el 2019”.

 

 

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