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Las mañanas ya no huelen a café venezolano

CRISIS // La expropiación de Fama de América y Café Madrid desplomó la producción nacional. El “marroncito” es costumbre y tradición. Políticas erradas deterioraron la industria, al punto de tener que importar el 80 % del producto.

Extraño el aroma del café venezolano que tanto me enorgullecía. Este que estoy tomando ahora, me lo venden diciendo que es artesanal, pero ni se asemeja. Lo tomo por mi costumbre, ya me resigné a su sinsabor”. Eloisa Gómez, ama de casa, se lamenta, sin saber que su experiencia es prueba de la debacle en la que está sumida la producción cafetalera nacional.

El incremento de las ventas de café artesanal, la desmejora del sabor y el elevado costo resuenan en la Federación de Cafécultores de Venezuela (Fedecave), organización que contabiliza que en 2016 se produjeron menos de 10 quintales (10 sacos de 46 kilos cada uno) por hectárea (10 mil metros cuadrados), cuando al nivel óptimo podrían obtenerse entre 30 y 40 quintales de café por hectárea. Agregan que en Venezuela para 1990 estaban operativas cerca de un millón y medio hectáreas de las cuales solo quedan activas no más de 500 mil.

El delicado y engorroso trabajo de producir y procesar café estaba arraigado en la cultura de más de 250 mil familias esparcidas en 17 estados del país. Según Maximiliano Pérez, presidente de Fedecave, hoy subsisten solo ocho mil familias cafécultoras.

El principal problema que ha azotado a esta industria –que llegó en 1933 a ser capaz de generar las divisas necesarias como para pagar la deuda externa de ese entonces– es que los planes gubernamentales implementados han sido decretados de forma inconsulta.

No hay un plan gubernamental para el incentivo del desarrollo de los cultivos, en los que se ocupe a la asistencia técnica, capacitación y actualización al productor y el nanciamiento sustentable”, explica Elvis Portillo, decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad del Zulia (LUZ) y productor de café.

De exportar a importar

Gracias al esfuerzo articulado de productores y el gobierno bolivariano, Venezuela no importará mas café”, decía Wilmar Castro Soteldo, ministro Agricultura Productiva y Tierras, en noviembre de 2016 desde la Unidad de Producción Socialista Argimiro Gabaldón, en el estado Trujillo, pero la realidad que denuncian los productores es distinta, puesto que el ingeniero agrónomo Portillo asegura que con la expropiación de las torrefactoras Fama de América y Flor de Patria se perdió la capacidad de producción y “nos llevo a importar el 70 % del café que consumimos”.

Las cifras de Pérez indican que “el Sindicato de Trabajadores Cafetaleros expuso en enero de 2016 que el 94.2% del café que había procesado el consorcio gubernamental era café nicaragüense”.

Precios golpean la moral

Erradicar la cadena especulativa de comercialización del café era uno de los objetivos cuando se expropiaron las dos torrefactoras con más importancia en todo el país y la posterior creación de la Corporación Venezolana del Café.

El Centro de Control de exportaciones de Nicaragua, el país al que Venezuela le compra más café, publica que este le paga el quintal a 207 dólares, es decir 37 dólares más que el precio establecido internacionalmente, por ende, 20 % más de lo que paga el gobierno estadounidense.

A los productores nos compran el quintal en no más de 100 mil bolívares, y el café extranjero, un producto de baja calidad, sin controles sanitarios, mal secado, mal tostado y mal seleccionado, lo pagan en 300 dólares por saco”, denuncia Manuel Rojas, coordinador general de la Fedecave.

Rojas cuenta que debido a que la cosecha es tan precaria y el Gobierno, a través de la Corporación Venezolana del Café, lo paga tan barato, muchos productores comercializan su cosecha en los mismos poblados de origen.

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