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La mitad de los zulianos come dos veces al día

La sensación de hambre le recorre el cuerpo a 53.8 % de los zulianos que come dos veces al día. Les hizo un hueco en el estómago. Si hambre es, para la semántica, sentir dolor por no ingerir su ciente energía a través de los alimentos, para el zuliano es no tener desayuno, almuerzo y cena sobre su mesa. El Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) entrevistó a 800 personas residentes en la región entre el 1 y el 12 de junio para su informe de Gestión de gobierno y coyuntura política.

Ochenta y dos por ciento de estas personas, todos mayores de edad y de distintos estratos sociales, piensan que el principal problema del país es la inseguridad alimentaria, el desabastecimiento y la escasez. En una población con cuatro millones 141 mil 572 habitantes, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas para 2016, 53.8 equivale a la mitad de adultos, jóvenes y niños de 21 municipios zulianos. Solo 23.9 % hace las tres comidas del día y 21.5 %, una.

La familia Sosa compra comida por día. Cada mañana, la madre sale a las tiendas del sector para completar los tomates de la ensalada —cuando tienen mayonesa—, la carne o pollo del plato fuerte y tres plátanos. Lo hace así porque no les alcanza el dinero. Los ingresos netos mensuales suman dos sueldos mínimos y, considerando que la canasta alimentaria cuesta 226 mil bolívares, la comida que ponen en la mesa se logra con lo que les cae en las manos en el transcurso del día.

Los Sosa se ven reflejados en cada ítem de la encuesta del IVAD. Hablando de alimentos, situación que describe la actual situación en su hogar, las cifras del instituto apuntan a que 71.0 de los zulianos compran mucho menos comida que siempre porque en 40 por ciento de los hogares la situación es muy mala.

Vienen cosas peores

Estos números tienen dos explicaciones: dificultad de la población para adquirir alimentos y baja productividad nacional. El profesor de Agronomía de la Universidad del Zulia, Werner Gutiérrez, lo advierte desde 2007. “La escasez de alimentos genera mayor inflación y especulación, por tanto, la posibilidad de comprar productos de la canasta básica se reduce. Los 15 mil 51 bolívares y se necesitan veinte salarios mínimos”.

En casa de los Sosa redujeron las proteínas y los carbohidratos. O comen una cosa o la otra. Las dos, ya no. También suprimieron las meriendas, meriendas que nutricionistas recomiendan para mantener activo el metabolismo del cuerpo. Los Sosa son el espejo de un fenómeno que Gutiérrez describe como reducción de alimentos básicos en la dieta diaria. De 23 kilos de carne que una persona comía al año, ahora, solo  consume ocho.

Lo mismo pasa con los huevos: de 130 unidades al año, se pasó a 30. El consumo de proteínas bajó 40 por ciento, y el de carbohidrato, de dos mil 350 calorías en 2015 cayó en mil 850. ¿Las consecuencias? Malnutrición y desnutrición. La traducción de esta realidad para la sociología es pobreza. La necesidad en Zulia nunca había llegado tan alto como ahora.

Natalia Sánchez, socióloga y profesora universitaria, asegura que los índices de pobreza se ubican entre 72 y 80 por ciento. Las regiones con mayor penuria son los municipios del Sur del Lago, Guajira y Páez. Mientras tanto, en la mesa de los Sosa, esperan. Para Werner Gutiérrez, Venezuela no se ubica en inseguridad alimentaria transitoria, como apuntan estudios, pues se trata de un problema coyuntural y estructural. Acerca de si el decreto de emergencia económica presentado por el presidente Maduro ha solucionado los problemas económicos, los zulianos son tajantes, de acuerdo con IVAD: 86.6 % opina que no. Diez por ciento asegura que sí.

La gente se siente perdida

Saciar las necesidades básicas —alimentación, seguridad— es determinante para no desequilibrar las conductas humanas. El venezolano, en general, no las cubre, “y en una sociedad con instituciones débiles, con inexistencia de estado de derecho, genera anomia”, es decir, apatía dentro de un Estado desorganizado socialmente. Y una persona dentro de una sociedad con estas características atípicas puede hacer cosas que nunca pensó hacer.

A finales de mayo, los Sosa se enteraron que sus vecinos más cercanos extrajeron de la frutería de la esquina un par de hortalizas que no pasaron por la caja registradora. “Ellos siempre han sido muy correctos”, comentaba la señora Sosa.

Pero estamos en una Venezuela con inseguridad alimentaria, y en Zulia, 30.3 % de personas se encuentran desesperados, no ven salida. Una solución, siguiendo las palabras de Natalia Sánchez, es instaurar una política de emergencia que concrete un plan a corto plazo. Sin embargo, mientras el Gobierno y los sectores que se oponen a él discuten sobre el diálogo, la mesa de los Sosa, como la del resto de los venezolanos, espera.

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