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Hace 60 años fue derrocado Marcos Pérez Jiménez

Enrique Aristeguieta Gramcko a rma que el Pacto de Punto Fijo fue una alianza de gobernabilidad

Hoy, hace 60 años, un movimiento cívico-militar derroca al gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, quien una vez depuesto, huye del país rumbo a República Dominicana a bordo del avión presidencial la “Vaca Sagrada”.

En la madrugada del 23 de enero, pese a contar con el apoyo de un importante sector de las Fuerzas Armadas, Pérez Jiménez decide abandonar el Palacio de Mira ores y trasladarse al Aeropuerto La Carlota, Caracas, donde toma el avión que lo lleva a la isla caribeña. Al conocerse la noticia de la deposición del dictador, el pueblo venezolano se lanza a la calle y durante más de medio siglo celebró la restitución de la democracia y la libertad.

A finales de ese mismo año, 1958, se firma el Pacto de Punto Fijo entre los tres candidatos presidenciales del momento: Rómulo Betancourt por AD; Rafael Caldera, por Copei; y Wolfang Larrazábal, por URD, quienes se comprometieron a gobernar mediante una alianza de los tres partidos, independientemente de quien se alzara con el triunfo.

Seis décadas después, Venezuela vive una severa crisis política, económica y social que mantiene en expectativas al mundo y que ha llevado al Gobierno nacional y a la oposición a buscar puntos de encuentro en una negociación o pacto que actualmente se desarrolla en República Dominicana. Tres expertos, consultados por Versión Final nos hablan acerca de las diferencias entre el Pacto de Punto Fijo, la negociación actual y sobre el futuro del diálogo en el país.

Para Sergio Urdaneta, excongresista de Copei y constitucionalista, revisar y entender el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez nos muestra lo importante que es la unidad de todos los sectores políticos, económicos, académicos, intelectuales, trabajadores, estudiantes, campesinos “para salir de este vergonzoso presente”.

El experto considera que la unión de todas las fuerzas sociales es la razón más poderosa con que cuenta el pueblo para salir del actual conflicto, “y derrotar un modelo político que pretende secuestrar la libertad y la dignidad del pueblo de Venezuela”. Observa que actualmente no hay una propuesta de país escrita o pensada, para salir de la problemática como sí ocurrió con el Pacto de Punto Fijo. Urdaneta asegura que lo más cerca ha sido la conformación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) “que con mucha frecuencia fue sectaria y excluyente”, pero sirvió para hacerle frente electoralmente al modelo oficialista.

El jurista invita a reflexionar: “Hoy debemos pensar si seguimos jugando con el destino del país o nos comprometemos en un pacto unitario para salir de la crisis indignante que vivimos. La unidad es y debe ser un patrimonio de todos, la unidad no puede ni debe ser secuestrada por unos pocos. Revivamos el espíritu unitario del 23 de enero de 1958”.

Sin mediar palabra

Según Enrique Aristeguieta Gramcko, historiador, miembro de la Junta Patriótica que derrocó a Marcos Pérez Jiménez, el Pacto de Punto Fijo fue una alianza de gobernabilidad en víspera de unas elecciones. “Lo de Santo Domingo es una cosa que no tiene nombre. Eso no tiene pie ni cabeza”, asegura.

En su opinión, el Gobierno no está dispuesto a ceder en nada. “Y no sé qué hace la oposición o los que dicen ser de oposición sentados con unos criminales a conversar. Nosotros jamás conversamos con Pérez Jiménez y eso que era un santo comparado con estos bandidos de ahorita, y puede ponerlo así como lo estoy diciendo”, subraya Aristeguieta Gramcko.

El historiador considera que la mesa de negociación no es la salida a la crisis política y social del país. “Claro que no. Es más bien un bene cio para el régimen que gana tiempo con eso y a lo mejor inventa unas elecciones amañadas y habrá algún sinvergüenza que concurra y que asista a esas elecciones amañadas sabiendo que va a perder”.

Pacto estratégico

De acuerdo con José Alberto Olivar, historiador, profesor de la Universidad Simón Bolívar, el Pacto de Punto Fijo fue una asociación estratégica y táctica por parte de los partidos que estaban haciéndole frente a la dictadura. Recuerda que coordinaban acciones conjuntas sin apetitos personales, sin figuración de uno sobre otros, para combatir la dictadura, afinar los mecanismos que tendieran a incorporar al resto de la sociedad en esa lucha contra el régimen perezjimenista.

Olivar desconfía de la mesa de negociación actual. “Particularmente, no inspiran mi confianza”. Cree que la práctica reiterada por parte del Ejecutivo nacional, desde el año 2002, de invitar al diálogo, ha llevado una y otra vez a los factores representativos de la dirigencia opositora a limpiarle el rostro a la dictadura y esto se ha convertido en una artimaña, una y otra vez, puesta de manifiesto para ganar tiempo en favor de quienes ostentan el poder”, precisa.

Sostiene que la MUD, más allá de quienes están asistiendo a la mesa de negociación, debe tomar como referente las necesidades de trabajar en conjunto, bajo una postura “verdaderamente” unitaria, donde no destaque la ambición de poder y de ocupar posiciones de relevancia dentro de la estructura del Estado.

El académico plantea asumir la necesidad del país que requiere democracia, pero también gestionar las necesidades urgentes de la población venezolana.

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