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El cristiano está obligado a tener actividad política

La vida espiritual de los fieles católicos no debe consagrarse únicamente a los reclinatorios. Es más: todos están llamados a hundirse en el fango de la cotidianidad y tratar de salir limpios de él. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es un ofrecimiento que se les hace para que vivan su fe desde la dimensión cultural, política, económica.

En la esfera política esta hoja de ruta es un contrapeso no manifiesto frente a la narrativa mesiánica de los movimientos izquierdistas, especialmente, muy dados a mostrarse como los inventores de la bondad, la honestidad y la justicia en la Tierra.

“Sólo con el socialismo es posible salvar el planeta y obtener justicia; el capitalismo es el camino al infierno y a la destrucción del mundo”, dijo el fallecido Hugo Chávez en diciembre de 2009.

El sacerdote José Andrés Bravo, profesor de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica), recuerda que el socialismo es una ideología, y por lo tanto, “es netamente humana, temporal, contingente, que tiene su teoría”.

derechoLa Doctrina Social, en cambio, no lo es. Su fundamento es la Biblia, en la que no se hallará un programa político. Así que no propone una técnica sino tres fundamentos: principios de reflexión (el ser humano y su dignidad. Organizarse para convivir con criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios); criterios de juicio (respeto a los derechos y deberes del prójimo, tener una idea clara de la antropología cristiana sobre qué es la Humanidad, la sociedad), y las directrices de acción (involucrarse en las diversas pastorales y en la vida pública).

“Hay quienes dicen ‘yo soy cristiano, pero tengo que meter trampa porque soy político’. Eso no puede ser. Otros dicen: ‘yo encontré a Cristo y dejé la política’. Y no, ahí es cuando más tienes que involucrarte, con los valores cristianos. Es una tremenda obligación del laico cristiano tener actividad política, no digo partidista, pero sí participar en los asuntos públicos”.

No basta votar
El Compendio de la DSI señala que los ciudadanos están llamados a ejercitar libre y responsablemente su papel cívico “con y para” los demás, porque es una de las “mejores garantías de permanencia de la democracia”. La morosidad con esta tarea diaria, terrenal, puede marcar la diferencia entre el autoritarismo y la libertad a largo plazo.

Para sortear los obstáculos (culturales, jurídicos, sociales) que impiden la cooperación solidaria de la gente en los destinos de sus comunidades, se requiere educación e información, de modo que nadie se conforme con mecanismos de participación “insuficientes e incorrectas”, como relacionarse con el sistema democrático exclusivamente a través del voto, “llegando aun en muchos casos a abstenerse”.

“Los fieles laicos de ningún modo puede abdicar de la participación en la política. La difundida opinión deque la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifica lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”, escribió san Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Christifideles Laici (1988).

El Concilio Plenario de Venezuela advirtió en el 2006 que muchísimos cristianos mostraban una actitud pasiva ante los asuntos de sus comunidades, que no hacen suya las responsabilidades sociales y políticas, insoslayables para cualquier persona, ya no como creyentes. “Esa apatía e indiferencia contraría el compromiso cristiano con la comunidad para la construcción de un nuevo país”.

El párroco Bravo señala que no pocos fieles viven su fe en forma individual, con una piedad desencarnada y una espiritualidad aérea. “Y un Cristo desencarnado lleva a un cristiano indiferente. Todo tiene una dimensión exterior, de servicio. La parábola del buen samaritano es acercarnos al humano herido, sea quien sea. El verdadero amor es comprometernos con el herido, para sanarlo, para servirlo”.

Jesús predicó un reino que no es de este mundo, explica, pero que su sola predicación impulsa al hombre a cambiar las relaciones interhumanas. “Un reino de justicia, de paz, que se va construyendo en la historia concreta. La iglesia es un misterio, pero un misterio con rostro humano”.

Cristo, ¿socialista?
“Una vez el presidente Chávez, muy tímidamente, dijo ‘yo soy marxista’. Y lo combinó con el cristianismo. Lo envolvió”, recuerda el sacerdote José Andrés Bravo. Y Chávez también envolvió –o al menos eso parece– a sus copartidarios que leen la “opción por los pobres” cristiana en clave soviética y no dudan en afirmar que Jesús era socialista.

“Esas expresiones hay que tomarlas muy en cuenta porque se nos planteó un gobierno democrático, incluso en la Constitución, y nos están implantando un gobierno socialista”.

Los cristianos poco formados son capaces de decir cualquier cosa cuando se trata de política, advierte el párroco. Hasta de justificar su ideología proclamando que el Mesías fue precursor del bolchevismo.

“La parábola del Juicio Final nos dice ‘tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron’. Es decir, los grandes problemas sociales los apunta ahí mismo, nos llama a nos ser indiferentes. Entonces, ¿Jesucristo es socialista? No. Ni el socialismo ni el capitalismo existían”.

Bravo subraya que quien concibe a Cristo como un zelote rebelde, un destructor, está tan equivocado como quienes lo asumen como un espiritualista apartado del mundo, indiferente a los problemas concretos de la Humanidad.

Ya el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, en su obra Teología de la Liberación (1971), lanzó una advertencia a los dirigentes que se amparaban en la obra de Cristo para justificar sus acciones: “Jesús es opuesto a todo mesianismo político-religioso que no respeta ni la hondura de lo religioso ni la consistencia propia de la acción política”.

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