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Crisis política del Gobierno de Maduro sacude al chavismo como fuerza política

“Ser chavista, ante todo, es tener presente que Chávez vive, vive en ti, en mí, en todos. Es recordar que todos somos Chávez”, reza el Partido Socialista Unidos de Venezuela en su sitio web, como señal de que el modelo que gobierna, es más que un sistema político, es un sistema ideológico.

Emilio Guerrero, fundador del PSUV en Buenos Aires, la primera expresión del partido ideado por Hugo Chávez fuera de Venezuela, cree que con la expiración de Chávez desapareció, también, un sistema político, pues considera que el régimen de instituciones se organizó alrededor de una única figura y bajo el mando personal de su despacho, y añade: “El sistema se sustentó en un fondo social del que el líder bolivariano fue centro y víctima”.

Explica Guerrero que cuando la gente cantó “Con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro”, en las calles y frente al féretro del líder recién desaparecido, ello marcó el origen y el final del chavismo como sistema político, pero señala que el suceso abrió una fase creativa de repotenciación del chavismo como movimiento y como gobierno.

En ello concuerda Ruth Guerrero, politóloga, cuando dice que el chavismo deberá analizar y rectificar los fallos en el sistema ideológico y económico que plantearon para poder programarse de nuevo frente al electorado como una opción popular.

La también profesora de la URU, asegura que si algo está claro, es que un modelo político que es aborrecido por cerca del 80 % de la población de un país, debe tener graves fallas de estructura, planificación y acción.

La crisis social, económica y política en la que cayó el país son señaladas como la consecuencia de un modelo político errado y terco en el que pretendían que la pura imagen del líder del proceso fuera capaz de levantar la situación.

Guerrero señala que el venezolano mantiene en su memoria el hombre como mito, pero a la vez busca soluciones a una gestión que no le cumplió, por lo que no es posible fusionar el prestigio del mito con una gestión ineficiente.

Más severo es Gabriel Reyes, analista, quien señala que el deterioro de la línea gubernamental chavista se da como consecuencia de que no existe modelo político y de que “trataron de vender el modelo populista, que no es más que una medida de patas cortas sostenida con corrupción y apegada a subsistir gracias a la renta petrolera”.

“El chavismo no se va extinguir a pesar de que pierda fuerza y respaldo porque es un modelo de mucha influencia social”, sentencia John Magdaleno, consultor político, al tiempo que añade que el chavismo, como modelo político puede mutar o transformarse, pero desaparecer no parece probable.

En la misma línea se afinca Elsa Cardozo, internacionalista, al decir que pese a que el mayor problema del sistema es que sus premisas son falsas, lo sustenta un marcado populismo y la minuciosa construcción de lealtades y votos comprados, un soporte clientelar sin tapujos.

Una expansión fallida

En América latina se sintió cómo las ideas revolucionarias de Hugo Chávez ganaban adeptos y gobiernos constituidos con altos porcentajes de popularidad y aceptación. Pese a ello, Bolivia y Ecuador, los dos países latinoamericanos en los que el modelo chavista caló más, mantuvieron un sistema económico muy distinto al que propuso Chávez, detalla Magdaleno, debido a que estos Estados se percataron de que la dolarización y la libertad a la empresa privada son sostén indispensable para las economías. Esa fue para el analista una exportación muy limitada del modelo.

Por esto considera que una reexpansión del chavismo o del socialismo del siglo XXI por América u otros continentes no es posible. “Dicho modelo ha caído en desprestigio total”.

Magdaleno señala que la imposibilidad de un nuevo esparcimiento recae en cuatro puntos esenciales:

Primero, en que se propuso una política económica anacrónica, en la que el Estado administra los recursos, a su antojo, teniendo el marxismo como ejemplo y “las experiencias de los intentos de socialismo del siglo XX validan que es un proceso político inviable y condenado al fracaso”.

Está también el hecho de que es un sistema autoritario. “Su versión radical de contradecir a los demás modelos y la dominación social que impulsa no es muy atractivo para otros países”.

En tercer lugar, explica Magdaleno que “las formas usadas para perpetrarse en el poder son con altas dosis de represión, y eso es algo que las sociedades modernas han aprendido a rechazar y huir”. Por último señala que “la legitimación de la sociedad militarizada” que respalda el proceso bolivariano no tiene respaldo en el extranjero y, menos aún, cabida para implementarse en sus respectivas sociedades.

Sobre la posibilidad de sostener la imagen de Chávez, Gabriel Reyes no duda en que de este líder “se hablará toda la vida porque la historia no entenderá, no sabrá explicar, cómo un hombre fue capaz de acabar con la riqueza y productividad de un país en menos de 15 años”. Cardozo, además agrega, que no hay bienes disponibles para satisfacer el apoyo clientelar y en el temor de perder la aprobación, se han cometidos tantos errores, con un costo político cada día más elevado. “Hasta dónde están dispuestos a llegar para mantener vivo el legado, es una pregunta sin respuesta”.

 

 

 

 

 

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