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Vivir la Pascua, por Jaime Kelly

En mis acostumbradas lecturas acerca de la vida de los santos, me encontré con una corta y sencilla reflexión del gran Santo de Chile, San Alberto Hurtado, acerca de la Resurrección, y me pareció propicia compartirla con ustedes, pero no sin antes recordar quién fue y es Alberto Hurtado.

Alberto Hurtado nació en Viña del Mar (Chile) en 1901. Se graduó de abogado, ingresó en la Compañía de Jesús (Jesuitas) y se doctoró en Ciencias Pedagógicas en Bélgica. Al regresar a Chile, ya ordenado sacerdote, se dedicó a la enseñanza y al apostolado entre los jóvenes. Su preocupación por los más pobres y obreros, lo motivó a buscar soluciones a la luz del Evangelio, por medio de la fundación del “Hogar de Cristo”. Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1994, y posteriormente Canonizado por el Papa Benedicto XVI, en el 2005. Es considerado el patrono de los trabajadores en Chile.

En sus obras escritas, solía incluir muchas comparaciones, anécdotas y cuentos. En cuanto a la Resurrección, reflexionó con esta comparación: “Los peces del océano viven en agua salada y a pesar del medio salado, tenemos que echarles sal cuando lo comemos; se conservan insípidos, sosos”.

Amigos, la Resurrección es nueva vida, es alegría, esperanza, es transformación, es cambio; sin embargo, muchos cristianos no experimentan esa nueva vida, esa alegría y mucho menos viven la esperanza. Nos dice la Palabra: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, y vana es también vuestra fe. Si nuestra esperanza en Cristo se termina con la vida presente, somos los más infelices de todos los hombres” (1 Cor 15, 14 y 19).

Hermanos, estos versículos nos tienen que animar en la esperanza de la Victoria de Cristo, del triunfo de la vida sobre la muerte y saber que en Cristo podemos alcanzar hasta lo que consideramos imposible.

A Jesús, nuestro Señor, Salvador y Redentor a quien seguimos y buscamos vivir en sus enseñanzas, nada lo detuvo, ni el sepulcro. Él lucho, sufrió, pero venció para darnos vida en plenitud.

Nuestra fe en Él nos debe llenar de alegría y esperanza, y aunque sea muy grande el sufrimiento, la tristeza y te invada la desesperación, busca meditar, reflexionar y más aún, “vivir la resurrección”. Déjate tocar y transformar por Jesús y viviendo las enseñanzas de nuestra Iglesia en cada tiempo litúrgico, le encontrarás sentido a tu vida, al sufrimiento, pero también te alegrarás de la Victoria.

Jesús quiere que le reconozcas como tu Señor y Salvador, y que descubras su Gracia y su Amor en ti. Él siempre está, somos nosotros quienes no nos damos cuenta de su presencia Resucitada y Resucitadora. Nos dice la Palabra además: “En realidad no está lejos de cada unos de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos…” (He 17,28).

Así como nos enseña San Alberto, muchas veces somos como los peces del océano, vivimos en el agua salada, pero somos sosos; es decir, vivimos en el océano del Amor y de la Misericordia de Dios y no nos damos cuenta, y no nos aprovechamos de esa Bendición y no le damos sabor a la vida.

Amigo, ¡despierta a la alegría de la Resurrección!, fijando tu mirada y poniendo tu confianza en Jesús. Nos decía San Alberto Hurtado: “Como la alegría del profesor es la ciencia de sus alumnos, su esperanza no es completa hasta que todos aprendan; como el capitán del buque no tiene esperanza completa hasta que se salve el último, así es Cristo con su Resurrección”… ¡Vive la Pascua su Resurrección su Misericordia!

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