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Vientos de intervención, por Julio Portillo

Venezuela es un problema internacional. Lo que ocurre en el interior de este país no le puede ser indiferente a la comunidad internacional. Se trata de un caso patético a nivel mundial. De cómo un país inmensamente rico ha sido destruido por un Gobierno que se mantiene en el poder por la vía del terror de Estado e impide la autodeterminación de su propio pueblo. El tema ha pasado de un nivel teórico, de si debe haber una intervención lícita por la vía de violación de tratados, si es de carácter humanitario o de si es para proteger a la población civil víctima de la violación constante de derechos humanos por parte del régimen en el poder.

Hay vientos abiertos y encubiertos de intervención, que no necesariamente son de carácter armado o de pre-guerra. Pide intervención la OEA al aplicar la Carta Democrática, habla de intervención el New York Times al pedirle al Gobierno norteamericano que deje la pasividad ante el caso venezolano.

Pero existe una intervención encubierta de Rusia y Estados Unidos que recuerda el pacto Johnson Bréznev de los tiempos de la guerra fría, en que estas potencias se repartían el mundo. Santo Domingo y Checoslovaquia son los ejemplos. El expresidente boliviano, Jorge Quiroga, desde Washington acusó esta semana al Presidente Obama y al papa Francisco de no ser lo suficientemente sinceros respecto a la situación de Venezuela, al sacrificar a esta, anteponiéndola a los arreglos con Cuba y a la paz en Colombia. Es un tipo de intervención por omisión.

Rusia advirtió en estos días que no acepta ninguna intervención para que cambie el Gobierno venezolano, que eso lo deben resolver los venezolanos. Se trata de una advertencia, porque Venezuela está endeudada seriamente por compra de armamentos con Rusia.

En los próximos días las Naciones Unidas desde Ginebra examinarán por segunda vez la cuestión venezolana ante la inexplicable suspensión del revocatorio en Venezuela. De una u otra forma los gobiernos de Argentina, Chile, Colombia, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Brasil, Paraguay, Uruguay, España, Vaticano, Honduras, se han manifestado por lo que ocurre en Venezuela.

Vale la pena preguntarse entonces si el Gobierno ante una contundente oposición interna que algunos cuantifican como del 85% de la población, está siendo sostenido por intereses internacionales de potencias extra continentales o de gobiernos parásitos del petróleo.

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