El diario plural del Zulia
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Vientos de Cambio, por León Sarcos

La historia nos ha dado una de sus páginas para escribir una parte de la historia del Zulia. No sé de qué extensión ni de qué proporciones serán nuestras conquistas; de lo único que pueden estar seguros es que esa página no se quedará en blanco.

Y sin lugar a dudas, la pagina que la historia le dio a Fernando Chumaceiro no solo no quedó en blanco, como tantas gestiones grises y vacías dejadas por muchos gobernantes Zulianos sino que él, con un equipo de hombres y mujeres dignos de reconocimiento, dejó un bonito legado del que hoy pueden sentirse orgullosos sus descendientes, sus amigos y seguidores.

Fernando lideró en el Zulia un momento estelar de estabilidad institucional, progreso y desarrollo, al cual contribuyó desde la Presidencia de la Corporación de Desarrollo de la Región Zuliana (CORPOZULIA). A él lo escucharía por vez primera siendo su anfitrión como dirigente estudiantil en LUZ, porque cultura y desarrollo caminan en paralelo. Fernando fue expresión genuina de la Sociedad Civil en el duro batallar por la Reforma del Estado que concluyó con el inicio del Proceso de Descentralización y la elección directa de Alcaldes y Gobernadores. A Fernando tocó el honor de ser el primer alcalde electo por votación universal, directa y secreta, e igualmente supo con dignidad e inteligencia devolver al soberano durante dos periodos consecutivos la confianza depositada en él. Encontró en sus propias palabras “un rancho” y le dio a la ciudad la estructura gerencial para integrarla a la modernidad.

Lo conocí una tarde de agitación estudiantil en los pasillos de la Facultad de Economía en 1976, cuando gentilmente respondió a una invitación que personalmente le formulara, para dictar una conferencia sobre el Programa Siderocarbonífero. En adelante forjaríamos una amistad que, hasta hoy, ni las mezquindades ni las oscuridades tan propias del entorno político han podido minar. Su profunda vocación humanista y cristiana ¿soy Cristocéntrico, me decía a menudo?, su sensibilidad social y vocación de servicio, su encendida pasión contra el centralismo, su cultivo de la poesía (ama la de Pablo Neruda) y el cultivo de buenas lecturas y libros nos hicieron inseparables. Al punto que él me repetía (pues tiene un profundo respeto por la cultura Wayúu, de la que tengo ascendencia por parte materna);¡Mira que nosotros tenemos un pacto apache!¡Sangre con sangre!

La realidad, cruel en ocasiones, y un grupo de aventureros bajo falsas promesas de redención nos devolvieron al militarismo primitivo, corrupto e ineficiente del pasado. Hoy agonizante, se devoro con apetito pantagruélico históricas conquistas de la civilidad, inspirado en el au?, hoy nos anuncian la vuelta al futuro, el renacer de la esperanza, el despertar de una sociedad, el revivir de una ciudadanía. Vientos de cambios comienzan a soplar en una geografía maltrecha, una vida institucional devastada, un aparato productivo desmantelado y una sociedad de ciudadanos expectantes.

No sé quiénes serán los protagonistas de este nuevo ciclo histórico, pero percibo la misma suficiencia y arrogancia, al igual que los partidos tradicionales de ayer, en los emergentes de hoy. Con la salvedad, de que aquellos tenían una orientación doctrinaria; los de ahora no. Por eso me he mantenido ausente de la vanguardia política, hasta hace solo unas semanas, el 2 de julio, cuando una convocatoria pública invitando a los ciudadanos al Hotel Brisas del Norte, a participar en el rescate de la ciudad, capturó mi atención y mi ánimo.

La convocatoria la formulaba Carlos Alaimo, médico y empresario, presidente de la Fundación Humanismo y Progreso, que auspiciaba la creación de un voluntariado denominado Pasión por Maracaibo, cuya misión fundamental busca incentivar la participación ciudadana a través de la inclusión. En palabras de Carlos, solo el esfuerzo conjunto entre un gobierno inclusivo, la empresa privada, la sociedad civil y la participación masiva de los ciudadanos comprometidos con el cambio, hará posible la convivencia creativa, el crecimiento, y la transformación de la ciudad.

Me fui ese día espontáneamente al hotel a la hora señalada por los organizadores y cuando entró al lobby, donde lo esperaba, se detuvo y con gentileza después del saludo, me invitó a conversar durante un buen rato, a pesar de que mucha gente lo esperaba en un gran salón. Se trata de devolverle la belleza, la limpieza, la funcionalidad, la seguridad y el sano esparcimiento a la ciudadanía y eso solo será posible con una nueva administración inclusiva y un liderazgo proactivo, colectivo y horizontal que asuma lo mejor de lo pasado y lo poco de bueno que pueda tener el presente. En pocas palabras aliviar la maltrecha dignidad de la ciudad, y restituir a todos los ciudadanos el orgullo de sentirse maracaiberos.

No me había encontrado con Carlos, desde los años juveniles, en los que fuimos adversarios políticos: él era militante de la Democracia Cristiana y yo del Movimiento al Socialismo. Ambos liderizábamos al movimiento estudiantil en nuestras respectivas facultades. Era de los Paradores, para decirlo con un término muy propio del entorno wayúu ¿hombre lleno de coraje que suele frenar los abusos de quienes pretenden imponerse por la fuerza?, en eso de frenar a la izquierda radical, y ello habla de su fuerte carácter, vital en nuestro medio político para sobrevivir e imponerse, sobre todo si se tiene inteligencia, talento creativo e ideas para ser un buen líder y un gran emprendedor, como es su caso.

Carlos Alaimo nació en abril, el mes de la primavera, de la esperanza. Es un hombre sencillo, directo, ferviente seguidor del humanismo cristiano; por eso no es casual que siempre haya vuelto su mirada al Oeste, la zona más depauperada, y con mayor concentración de la gente de la etnia Wayuu. Allí nació su proyecto piloto La Sagrada Familia, un modelo de atención medica único en el país, que después de veinticinco años ha crecido y se ha multiplicado para beneficio de la sociedad. Hoy se plantea un gran reto en el área de la comunicación al ejercer como Presidente editor del diario Versión Final.

No es Carlos, un advenedizo ni uno de esos improvisados que, en busca del prestigio que no tienen, se lanzan a la arena política. Carlos siempre ha sido un fajador, desde los tiempos juveniles, por la justicia social, la dignidad de los seres humanos, y el bienestar de todos particularmente, de los que menos tienen. Hoy se ha impuesto una cruzada por la transformación de la ciudad y el mejor vivir de su gente, y en ese camino ha venido sumando la pasión de miles de ciudadanos maracaiberos comprometidos con ese noble propósito.

Mi agudo tacto le ha sugerido, que la pasión es un sentimiento efímero, pasajero. El con aguzada inteligencia, me ha respondido llevándose las manos a la parte superior de la camisa, y sacando un crucifijo que lleva sobre su pecho:

¿Pero no la pasión de nuestro Señor, que se ha hecho eterna? me dijo con mucha seguridad tocando la cruz con el pulgar. Esa es la Pasión por Maracaibo, que tenemos que llenar de ideas, de razones, de proyectos, de soluciones, de esperanzas.

No creo en los hombres providenciales: la vida nos ha demostrado que a la postre se convierten en un fraude, en una nueva decepción. Creo en los equipos inteligentes, horizontales, donde cada quien juega a perfección y en armonía para cumplir las tareas que se le imponen, razón por la cual se convierten en un Team invencible y para la eternidad. Creo en los grandes y en los pequeños proyectos manejados con buen tino para beneficio de la sociedad en general.

Creo que Carlos Alaimo está obligado a construir ese movimiento, esa agrupación, esa organización que nos ayude, con una nueva visión de la política, a salir de la inercia y el marasmo en el que nos encontramos. Él será la chispa, el referente, y la referencia de los otros. Tiene la inteligencia, la experiencia, el prestigio, el carácter y la visión para motivarlo y lograrlo.

Fernando Chumaceiro, el líder, como solía decirle, en las muchas y largas conversaciones que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, me enfatizaba, refiriéndose al servicio público y al privado:

¿Siempre he pensado la vida como una larga carrera de postas. Percibo que la mía será larga y no sé si muy fructífera. No sé quien será mi relevo, de lo que si estoy plenamente seguro es que mientras a mi me toque participar, mi testimonio será de rectitud e integridad.

Vientos de cambio remueven las páginas del libro sobre la historia del Zulia… Tengo buenos indicios de que una nueva está por escribirse…No puedo predecir qué extensión tendrá, ni de qué calidad será, pero de lo que si estoy convencido es de que Carlos Alaimo tampoco la dejará en blanco.

 

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