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Vida en plenitud, por Jaime Kelly MSC

Constantemente escucho decir: “¡Cómo han cambiado las cosas! Hemos perdido calidad de vida”; “No hay paz”, “vivimos en zozobra”, “me siento desesperada”. Y ante esta realidad la voz del señor Jesús resuena diciéndonos: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Jn. 10,10).

Tener vida en plenitud es vida en tranquilidad, con paz y alegría. Jesús en su predicación, ante la pregunta de un maestro de la ley sobre qué debe hacerse para conseguir la vida eterna, le responde: “¿Qué está escrito en la Escritura?, ¿Qué lees en ella? El hombre contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Jesús le dijo: ¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás!”(Lc.10,26-28). Los mandatos del Señor se resumen en amar (Jn.13,35). Dios Padre entregó a través de Moisés los Diez Mandamientos (Ex.20), para que el pueblo de Israel y toda la humanidad “viviera en el amor, feliz en este mundo y gozara luego de la vida eterna”.

Cuando no vivimos los mandamientos de Dios, nos hacemos esclavos del pecado y no sólo nos afectamos nosotros, sino que causamos dolor. La mentira y el engaño hacen esclavo al hombre, sólo viviendo en la verdad podremos ser libres (“La Verdad nos hará libre” Jn 8,32) y Jesús es la verdad (Jn.14,6). Por eso ante tanta situación de violencia, de agresividad, que trae consigo tantos atracos, accidentes de tránsitos, secuestros, homicidios, hoy muchos me preguntan cuál es la voluntad de Dios, ¿qué tenemos que hacer?, sólo puedo contestar con las palabras del Señor: “El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ese es el que me ama.

El que me ama a mí será amado por mi Padre y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. (Jn 14,21). Necesitamos educar al pueblo en los principios y valores fundamentales y básicos para toda sociedad: el respeto, la tolerancia y la reconciliación; como decía Simón Bolívar “Un pueblo sin educación es objeto de su propia destrucción”. En ocasión de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, contemplemos la vida divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: una vida de comunión y de amor perfecto, origen y meta de cada criatura. Amén.

 

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