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Una desventura llamada TSJ, por Énder Arenas Barrios

Del Estado venezolano podemos decir que es por ejemplo una ficción, algo mas irreal que real, puesto que hay dimensiones de la sociedad que no logran tenerlo como referente. Por ejemplo, uno mira hacia la frontera y allí no llega el Estado, el territorio es así solo un dato geográfico, pero de ninguna manera una entidad política.

El Estado, hablando a través del gobierno de Maduro, se inventa el carnet de la patria y solo sirve de referencia no como principio de identidad ciudadana sino como mediación para hacerse de una bolsa de comida o cualquier otra dádiva y opera solo para una parte de la sociedad, lo que quiere decir es que tampoco atiende a la totalidad de sus habitantes, los cuales a unos, a los que dicen ser sus afectos, los maneja como masa de maniobra y el resto, el Estado ( léase gobierno) pretende convertirlo mas que en una entidad política, en solo un dato demográfico.

Pero sobre todo, es en el sistema de justicia donde el Estado (léase gobierno) deja de serlo para ser solo una ficción, pues se ha politizado la justicia y esto ha dado paso al abuso y a la violación de las garantías básicas. Algunos pensaran que ahora es mas Estado (gobierno) que nunca, pero es solo su apariencia, pues en verdad es más débil que nunca.

Es más el sistema de justicia venezolano, en su expresión más encumbrada, el Tribunal Supremo de Justicia ( TSJ) y a su vez en la expresión más encumbrada de esta, la Sala Constitucional, ha terminado por convertir a la maldad en una institución del Estado (léase gobierno).

En Venezuela, cuyo Gobierno ha dicho que ahora si es una verdadera democracia, obviamente son cosas de un país donde todo se ha vuelto simulacro, la democracia, sobre todo la democracia, ha pasado a ser una ficción, un disimulo, una vaina para que la crean los pendejos. Y en ese contexto le ha tocado al TSJ, que en verdad es una entidad más obscena que lo obsceno, dar un golpe a la voluntad popular y acabar con esa ficción que en estos dieciocho años, tercamente, hemos llamado democracia.

Ojo, no es que el TSJ, junto con el CNE solo haya cambiado los resultados que el soberano se ha dado en los recientes comicios electorales para elegir los diputados a la Asamblea Nacional, ya con eso es suficiente para calificar al régimen como dictatorial, sino que ahora empleando mecanismos “judiciales” hacen lo que en el pasado solo hacían las Fuerzas Armadas: dar un golpe de Estado e instaurar una dictadura.

A veces me pregunto qué diablos pensarán los magistrados que conforman la Sala Constitucional. A ratos he llagado a la conclusión que estos tipos y tipos no pudieran ni siquiera dar una clase de Moral y Cívica del viejo pénsum de educación media. Estos personajes viven en la orgía de un disimulo, dicen tener lo que no tienen: “yo soy un magistrado de la república y defiendo la justicia, el estado de derecho y la Constitución nacional” y dicen no tener lo que realmente tienen: vicios, apetencias, sumisión, deshonestidad y una gran vocación para la cabronería.

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