El diario plural del Zulia
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Somos mensajeros de la reconciliación, por Padre Jaime Kelly

Hermanos, seguimos avanzando en el tiempo o camino Cuaresmal con miras a llegar a la cumbre de la Pascua, es decir, resucitar con Cristo a una vida nueva. Para resucitar y experimentar esa vida nueva, es necesario reconciliarnos con Dios en Cristo Jesús; por ello en la Cuaresma nos preparamos para entrar con Cristo en el Triduo Pascual, es decir, meditar, reflexionar, vivir con Él, su pasión y muerte, y gozarnos en su resurrección.

Para reconciliarnos con Dios es necesaria la reflexión profunda, el arrepentimiento, el firme propósito de enmienda, el acercarnos al Sacramento de la Reconciliación, cumplir la penitencia que nos fuera impuesta, convencidos de que todo lo que hagamos es poco en relación a la Gracia recibida por medio de Cristo, que “nos amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Una vez reconciliados con nosotros mismos y con Dios, y convencidos de que Él murió por todos, como dice la Palabra: “Él murió por todos, para los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para Él, que por ellos murió y resucitó” (2 Cor 5, 15); es necesario, entonces, constituirnos como “Mensajeros de la Reconciliación”, es decir, que en medio de los conflictos y divisiones que nos rodean estamos invitados a encender “una luz”, lejos de maldecir las tinieblas o acostumbrarnos a ellas.

El cristiano reconciliado con Dios es una persona nueva, como nos dice la Palabra: “Toda persona que está en Cristo, es una creación nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado” (2 Cor 5,17). Por eso no podemos vivir en el pasado, ni en un círculo que se convierte en vicioso, porque lo rondamos y rondamos sin salir de él, y que nos va envolviendo muchas veces en el pecado del odio, la división, la venganza y nos lleva a la tristeza, a la amargura, a la ira; destrozando nuestra vida, nuestro sentir, nuestras relaciones interpersonales, siendo muchas veces factores de división y viviendo en una guerra continua, olvidando que Jesús, quien dio la vida por nosotros, es Paz; como dice la Palabra en Efesios 2,14 y 15: “Él es nuestra paz, Él ha destruido el muro de separación, el odio, y de los pueblos ha hecho uno solo… creando de los dos un solo hombre nuevo”.

Hermanos, no podemos vivir en el pasado, sea un pasado alegre y mucho menos, si ha sido doloroso. Hemos de renovarnos cada día en la Gracia de Dios, la cual siempre trae consigo cosas nuevas, aleccionadoras, cuando nos con amos a ella. Recordemos lo que nos dice la Palabra: “Somos, pues los ayudantes de Dios, y ahora les suplicamos que no hagan inútil la Gracia de Dios que han recibido” (2 Cor 6,1). Tomando unas palabras del Papa Francisco, es necesario hacer sentir el abrazo misterioso de nuestro Dios” que es “un Dios que nos precede, nos espera y recibe… Dejémonos encontrar por el Señor: Él está cerca de nosotros. El Señor no se cansa de perdonarnos… Vivamos con ánimo, esperanza y renovados en la fe para transmitir el mensaje de la reconciliación y ayudemos a construir la civilización del Amor… Dios les Bendiga. 

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