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Sin pasto, no hay carne ni leche, por Werner Gutiérrez Ferrer

Continúan las malas noticias para el sector ganadero sin que el gobierno dé respuesta a las necesidades de un sector estratégico para la seguridad y soberanía alimentaria nacional.

Luego de tres años de un verano inclemente en la mayoría de las zonas agroproductoras que ha causado –según reporta el presidente de Fedenaga, Carlos Albornoz– la disminución de la superficie de pastos en el país de 10 millones de hectáreas a solo 4.5 millones, el sector esperaba con la llegada de las lluvias el poder iniciar la recuperación de sus potreros. No obstante, nos volvemos a encontrar con la inoperatividad de Agropatria, no hay semilla de pasto disponible en sus depósitos para asumir esta impostergable tarea.

Adicionalmente, las empresas semilleristas privadas de amplia tradición están atadas de manos sin semillas que ofrecer debido a que las deudas con los proveedores internacionales que vienen arrastrando desde el 2014, les cerró toda posibilidad de continuar comercializando este agroinsumo esencial para recuperar la ganadería nacional. Mientras, el Gobierno continúa sin ofrecer solución alguna a estas empresas para que honren sus compromisos.

En el mercado nacional han aparecido diversos proveedores que se asumen podrían estar conectadas con funcionarios gubernamentales, accediendo a dólares preferenciales, que de la noche a la mañana están trayendo semillas de pastos supuestamente desde Brasil, que seguro estoy, no están cumpliendo los requisitos establecidos en las disposiciones de la Ley de Semilla, aprobada según Gaceta Oficial N° 6.207 en fecha 28 de diciembre de 2015.

He acompañado las gestiones de la Unión de Ganaderos de la Villa del Rosario ante nuestro Departamento de Botánica de la Facultad de Agronomía de la Universidad del Zulia para realizar las pruebas respectivas a un lote importante de semillas defectuosas que le fueron vendidas a esta asociación. El resultado arrojó un alto porcentaje de impurezas y una muy baja germinación de las mismas, traídas según reza la etiqueta que las identifica, de nuestro país vecino, miembro del Mercosur.

¿Qué tendrá que decir al respecto la Comisión Nacional de Semilla, el INIA y MPPAT ante este hecho que se está repitiendo en todo el país? ¿Quiénes se estarán enriqueciendo aprovechándose de la desgracia del sector ganadero venezolano? ¿Por qué se asignan divisas a discreción a empresas de dudosa responsabilidad dejando de lado a proveedores de amplia tradición que permitieron en otrora desarrollar los 10 millones de hectáreas de pastizales en Venezuela? Esperamos la respuesta del Gobierno.

Le aclaramos una vez más a los militares que hoy dirigen toda la política agrícola nacional. Sin semillas no recuperaremos los pastizales, y «sin pasto, no hay carne ni leche» para 30 millones de venezolanos. Al país le urge alcanzar la meta de 30 millones de cabezas de ganado; el primer paso, establecer un nuevo modelo agrícola y económico. ¡Sí se puede!

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