El diario plural del Zulia
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Simón García // Preguntas a uno mismo

Podríamos llamar conciencia a la capacidad de registrarnos interiormente sobre motivaciones, fines y consecuencias de nuestras acciones. Una forma de pedirnos cuentas y hacer venir respuestas, especialmente aquellas que entendemos como buenas, verdaderas y consistentes.

Ante la elección del 21, nos asaltan las mismas preguntas que en anteriores elecciones. ¿Por quién no y por quién sí, voto? El toque en la pantalla registra la  preferencia acerca de cómo distribuir el poder político según la gratificación o rechazo a partidos y candidatos.

Muchos electores ya no se hacen ninguna pregunta porque frustrados por los errores y la pérdida de misión de los partidos, cansados de engaños y mentiras del sistema político, huyeron de él. Ellos   se  hacen sentir por voluntaria exclusión de la decisión electoral  y conforman una amplia zona de analfabetismo electoral.

Sin embargo, su ausencia expresa una carga cuestionadora de toda la realidad política, dado su rechazo al oficialismo y a la oposición tradicional. Deambulan en  una especie de tierra de nadie que no encuentra incentivos para votar por un autoritarismo que, en su descomposición, comienza a mostrar dos caras, una desde la oposición y otra desde el  poder, asentada en privilegios y ventajismos obtenidos por el uso particular de un Estado que es como gandola volteada en autopista.

Un segundo segmento es el electorado cautivo, leal y obediente a un partido, al margen de sus errores y daños a la democracia. Es una minoría compuesta por quienes votan por hábito por el gobierno de Maduro o por la oposición tradicional, con sus dos sub polos empeñados en negarse mutuamente.

En términos concretos se trata de partidos que se atribuyen la condición de oposición, sin ser alternativa a la estructurada hegemonía del poder autoritario. Ningún grupo opositor exhibe progresos netos y algunos asombran por el record mundial de despilfarro de oportunidades.

Sii sabemos mirar hacia adentro, sin complacencias ni resentimientos, encontraremos que el actor que destruye sistemáticamente a la oposición es la propia oposición. La élite opositora, parte de la élite mayor del sistema, ha dejado de ser palanca para el desarrollo y opera como factor de obstrucción de los cambios.

Pero hay un segmento de ciudadanos, dispersos y aun aislados entre si, que pueden tomar espacio en torno a: 1) Tratar a la gente como prioridad y a los partidos como herramientas. 2) Generar votos ciudadanos inteligentes, responsables y comprometidos con la reconstrucción del país. 3) Reconectar ideas con valores. 4) Renovar el liderazgo a partir de estas elecciones locales  y regionales. 5) conformar una nueva alianza nacional útil para la reconfiguración unitaria y plural de la sociedad , la economía y las instituciones, 6) Activar la relación con una intelectualidad critica que reformule la política desde lo cívico y lo humano, 7) Empoderar al ciudadano ante el Estado

El nuevo electorado, apenas emergiendo, no debe crecer como una expresión anti-política. Una primera manifestación podría ser respaldar candidatos tradicionales que pueden ganar como Rosales, Falcón, Olivares o Ramón Martínez y promover candidatos emergentes como Uzcátegui en Miranda; Solórzano en Aragua; Amengual en Carabobo; Orta en Monagas y muchos independientes en ascenso en la competencia por las Alcaldías, desde Ecarri en Caracas, Juan Carlos Fernández en Maracaibo; Griselda Reyes en Baruta, Gustavo Duque en Chacao, Josy Fernández en San Antonio o Texeira en Vargas.

No son las típicas apuestas a ganador sino la creación de ventanas de futuro. Mucho por definir, acordar y unir. ¿Sera posible?

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