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Simón García // Necesario es luchar

La sociedad venezolana no se rendirá, aunque rondan motivos para el desaliento. Ahora requiere no solo luchar sino escoger la mejor forma de hacerlo. Hay seis puntos de partida a tomar en cuenta: 1. La estrategia de la salida violenta llegó a su nivel de fracasos. 2. El proceso de aglutinación de fuerzas de cambio debe tener como eje intereses de país y no la hegemonía de una parcialidad. 3.) Hay que asumir la lucha dentro y contra las restricciones autocráticas. 4) Practicar una oferta de alianzas a puertas abiertas para los que comparten un mismo objetivo. 5) Es clave favorecer el encuentro con sectores del bloque dominante que puedan aceptar un acuerdo constitucional. 6) La indispensable solidaridad internacional debe hacerse compatible con la autonomía nacional.

El gobierno está resolviendo el lado político del conflicto de poder a su favor. Aprieta sus tuercas hacia el totalitarismo y no hacia una liberalización. Sabe que su permanencia no depende de la legitimidad que invoca la oposición sino en evitar, por todos los medios, que el rechazo del 90 % de la población se convierta en votos que lo derroten. Intenta trasladar el monolitismo económico, social y del Estado al terreno electoral. En esto hay ayudas que no se comprenden.

Estamos perdiendo la lucha por la democracia, no sólo por la fuerza de la represión, sino porque la política de la oposición la debilita constantemente. Hay cuatro evidencias de esta mengua: 1) Casi nula capacidad de movilización ante la agresión contra AD y PJ. 2) Indiferencia del país ante ese nuevo atropello a la CN. Y más de fondo, 3) No toda la población que está contra el gobierno se identifica con la oposición. 4) Bajan las expectativas hacia un cambio a mediano plazo y crece la adopción de conductas adaptativas al régimen.

Cada día estamos más próximos, con crecientes dificultades de reversa, al modelo cubano. La única posibilidad de no hundirnos en ese colapso exige abandonar salidas insurreccionales. Un viraje que requiere crear un nuevo consenso estratégico, una nueva coalición entre todas las expresiones de la oposición, partidistas y sociales. También, reconfigurar posiciones y roles en el equipo dirigente.

Toda decisión táctica, toda iniciativa política tiene sentido si hay una estrategia transicional diferente a la actual, si se le habla con franqueza al país, si se vuelve prioridad defender a la gente, si se prefigura una alternativa asentada en valores éticos y humanistas.

Sin cambio de la estrategia más ciudadanos se apartarán de la política y dejarán de creer en ella. El camino pasa por conquistar derechos, garantías, condiciones, espacios, tejido económico y calidad de vida dentro de la comarca autocrática, pero con una oposición centrada en cambiar y dejar atrás las crisis.

Más luchas solo son posibles con mejores luchas. Acciones que sustituyan fracasos por logros, errores por aciertos, que fortalezcan partidos y organizaciones sociales, que promuevan conciencia y abran puertas a nuevos actores no partidistas como la Iglesia, los empresarios no rentistas, los productores de conocimientos y cultura o las Fuerzas Armadas. Una alianza incluyente, emprendedora de cambios de civilización y con sinergia para una reconstrucción estable y consolidada de la economía, la democracia y bienestar no populista.

Los rostros del viraje van a emerger. Aparecerán centenares de dirigentes locales para poner toda su pasión en lograr victorias. La política, como equilibrio entre la prudencia y la osadía, va a desafiar al poder dominante.Y si se hace bien, va a vencer.

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