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“El Señor es mi Pastor”. Salmo 23 (22), por Padre Jaime Kelly MSC

Hermanos, hoy más que nunca debemos orar y orar, depositando nuestra confianza en Jesús, mediador de las Gracias delante del Padre, porque nadie va al Padre si no es por Jesús su único hijo, salvador y redentor nuestro. Jesús es nuestro pastor, quien nos cuida en el gran pasto de la vida y solo a él debemos seguir. Solo su voz debemos escuchar, para que en los peligros, obstáculos, trampas que lobos hambrientos propician en nuestra vida, seamos defendidos y amparados por su gracia, que como dice el salmista, del salmo 63 (62) “vale más que la vida”.

Recitamos con el salmo 23 (22): “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. Reflexionemos. Nosotros por lo general nos quejamos y nos quejamos y decimos que nos falta una cosa o la otra. Pensemos, entonces, ¿sentimos verdaderamente a Jesús como nuestro pastor quien da la vida por sus ovejas (Juan 10,11), les da alimento y calor? Dice además el salmo: “En verdes pastos él me hace reposar. A las aguas de descanso me conduce y reconforta mi alma”. ¿Sentimos nosotros que en la vida, que se convierte muchas veces en áridos valles, Jesús, como buen pastor, cuidando de mi vida me da descanso y alivio para retomar fuerzas, aligerar la carga y descansar en él seguro, para luego continuar el camino? Dice además… “Por el camino del bueno me dirige, por amor a su nombre”. Jesús nos ama, es nuestro hermano mayor y todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Dios se recrea en nosotros porque en nosotros ve a Jesús, todos somos sus hijos e imagen suya y él habita en nosotros por su santo espíritu.

“Aunque pase por quebradas oscuras no temo ningún mal, porque tú estás conmigo”… Hermanos, en la vida pasamos por momentos de tribulación, desolación, desiertos, pero si tomamos conciencia que Jesús va delante como el buen pastor, con su vara y su bastón para defendernos, sabremos que podremos superarlo. “La mesa has preparado para mi frente a mis adversarios, con aceite perfumas mi cabeza”. Hay momentos en que nos sentimos perseguidos y hasta acorralados por quienes nos adversan, pero fíjense que dice el salmista, “con aceite perfumas”… es decir, nos asiste y auxilia.

Concluye diciendo: “…Irán conmigo la dicha y tu favor”. Como nos dice el Papa Francisco: “Nos sabemos pequeños e indignos; pero en Dios está nuestra seguridad y alegría; él jamás defrauda y es quien por caminos misteriosos nos conduce con amor de Padre”.

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