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Se nos puso cuadrada la arepa, por Werner Gutiérrez Ferrer

Nuestra tradicional arepa, elaborada a partir de la harina de maíz blanco, es considerada la expresión culinaria más autóctona de los venezolanos.

El maíz es el único cereal en Venezuela que duplicó sus rendimientos desde los años 80, pasando de 1.740 kilogramos por hectárea a 3.500 kg en la actualidad. Hasta 1998 nos vimos en la necesidad de importar maíz blanco, momento a partir del cual, gracias al desarrollo logrado en nuestras fronteras, se alcanza el autoabastecimiento.

Durante el período de 1995 a 2005 la producción de maíz experimentó un incremento del 89 %; sin embargo, por políticas erróneas, comienza a decaer la superficie sembrada y desde el año 2008 al 2015 se produce una caída en la producción interna del 58.5 %, convirtiéndonos nuevamente en un país importador de este cereal. Hoy, se estima que el 50 % del consumo nacional, debe ser importado.

En mayo pasado, la Superintendencia de Precios Justos anuncia que el precio por kilo de harina de maíz pasó de 19 a 190 bolívares. Manuel Larrazábal, director de Alimentos de Empresas Polar, grupo que cubre el 50 % de la demanda interna de este rubro, asegura que la industria pierde 30 bolívares por cada kilo. Según sus estructuras de costos, el precio de venta debería ser de 230 bolívares considerando que el nuevo precio fijado al maíz blanco es de Bs. 96.5 por kilogramo, por lo que continúa existiendo un desestímulo a la producción de este rubro.

Venmaíz ha alertado de la escasez de materia prima para continuar produciendo a la máxima capacidad de sus plantas. Solo Empresas Polar requiere en el año 1.400.000 toneladas de maíz blanco, de manera urgente aseguran necesitar 400.000 toneladas las cuales deben ser importadas por el Gobierno, único autorizado para traer este grano al país.

En Venezuela hay 18 plantas de harina de maíz estatales y nueve del sector privado, tres de las cuales están intervenidas por el Gobierno. Empresas Polar en sus tres plantas, pese a los ataques gubernamentales, ha tenido un incremento del 10 % en su producción. Al cierre del 2015, siete de las 12 plantas bajo el control de la organización oficial Venalcasa, presentan saldos negativos en su producción.

Mientras, al venezolano “se nos ha puesto cuadrada la arepa”, desde el 2013 la harina precocida de maíz ha ido desapareciendo de los abastos y supermercados, alcanzando un índice de escasez del 80 %. Esta situación nos obliga a pagar en el mercado informal hasta 1.500 bs/kg de harina de maíz, con un agravante, se ha impulsado el ingreso de harinas elaboradas en Colombia, perdiendo nuestra identidad, y favoreciendo a empresarios foráneos.

Para autoabastecernos de maíz blanco y amarillo, necesitamos la siembra de 1.000.000 de hectáreas de este cultivo. Las tierras, el conocimiento y el compromiso abundan en nuestros campos. Las propuestas están sobre la mesa. Nos urge una política coherente, y verdaderamente nacionalista. ¡Sí se puede!

 

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