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Rostros con hambre sin diálogo, por Rubia Luzardo

Todos los venezolanos sufren de distintas maneras la crisis social y económica que atraviesa el país. En algunos casos, la situación se torna crónica hasta el límite de la muerte, al no contar muchos con las condiciones básicas de nutrición y defensa natural que permitan a personas vulnerables socialmente inmunizarse ante las patologías más comunes como el caso de una gripe o un simple cuadro viral.

Y esa es la otra cara de la moneda, las sociedades más desposeídas y vulnerables son las que sienten con mayor impacto la crisis, la escasez, de ciencia gubernamental, desidia, pobreza, desempleo, bajo poder adquisitivo, políticas públicas populistas que brindan comida por un día y no seguridad sostenida para sus habitantes.

Realidad conocida por todos, pero jamás vivida como lo hacen los que viven en frontera, en su mayoría representada por grupos étnicos culturalmente diferenciados al resto de la sociedad venezolana. En nuestro Estado Zulia, encontramos a los wayuu y añú originarios del tronco lingüístico arawak en la subregión guajira. Así como los yukpa y Bari con descendencia Caribe y chibcha respectivamente en la Subregión Perijá.

Para los que nunca han visitado estas zonas, les decimos que son los parajes naturales más hermosos que la naturaleza nos ha otorgado, sin embargo, ningún gobierno ha comprendido la trascendencia para la humanidad entera que representa conservar estos territorios y sus habitantes conocedores milenariamente de cómo preservar en forma sustentable sus recursos. No negamos esporádicas iniciativas oficiales a estos sectores, criticamos su falta de continuidad y seguimiento a las mismas.

Mirar la realidad de estos pueblos es una obligación social de todos para conocer los rostros del hambre que no poseen ningún tipo de diálogo con los que detentan el poder, sencillamente están ahí en medio de la miseria, imaginando como sería comer al día siguiente, posterior a este en el que no se ha comido nada.

Algunos pensarán qué relato más contradictorio de una imagen de hambre, cuando por frontera lo que abunda es el contrabando y la liquidez monetaria a granel y, ciertamente eso es así, solo que el aprovechamiento lo poseen quienes tienen acceso a la moneda, los contactos, relaciones de poder y control. Es decir, la realidad del que no tiene influencias se torna dura, difícil y crítica, sin entendimiento de quien domina, negocia o pacta algún acuerdo de poder. El diálogo es válido para los entendimientos necesarios en la convivencia nacional eso lo reconocemos, sin embargo algunos rostros con hambre no poseen el tiempo y los recursos necesarios para mantenerlo, si los actores intervinientes no comprenden estas realidades, el costo social será impredecible.

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