El diario plural del Zulia
TOPE AMERICARGO

Rodrigo Méndez: Sí se puede

 

En la angustiosa realidad que vivimos, invocamos  a Dios,  solo  para pedir que vuelva la época de los cupos CADIVI, nos aferramos al pasado y cuando oramos olvidamos que todo cuanto existe esta allí por su voluntad, vivir aún en  penurias

esforzarnos para enderezar aquello que sea susceptible de cambio, puesto que no brotará  otro ojo después de perdido, sin embargo mucho del devenir fue nuestra responsabilidad, después de abandonar el paraíso al hombre se le reconoció el libre albedrío.

Entender las nuevas realidades incluye que,  con la misma velocidad que vemos como se estiran nuestros hijos con más rapidez envejecemos e incluso nuestro cuerpo comienza a fenecer.

Es también comprender que todo es reversible, salvo cuando se pasa la barrera de la muerte, para quienes observar de este lado queda la resignación.

Así hemos experimentado cambios temporales en nuestro cuerpo cuando pasamos  el Páramo, son reacciones  por el cambio ambiental, pero al bajar de nuevo recuperamos él aliento y no buscándolo entre la maleza, así también cuando estos cambios son duraderos y persisten, el organismo pasará por un nuevo proceso de adaptación.

Así también a nuestro espíritu hay que imbuirlo, hay que incorporarlo al proceso de cambio de realidad, o la transformación somático retrocede  hacia adentro, y la acumulación de la tensión interna puede, dar entrada a la enfermedad, iniciando el deterioro de nuestro cuerpo con síntomas de depresión, resultado del agobio en que vivimos, la ansiedad nos aturde no terminamos de entender que nuestro mundo cambió, que es definitivo, podremos marchar hacia otros estadios, pero del que partimos, a ese no volveremos, ya no existe y si lo aceptamos lograremos serenidad, todos  anhelamos superar el estado emocional, más nos aferramos a la ilusión de  regresar a Venezuela, no solo al territorio, suplicamos a Dios volver al pasado, por eso recurrimos al Baúl de los Recuerdos, en el momento hacemos una chanza, luego la nostalgia nos invade y la verdad es que en ese momento nada es mejor que una persona cercana para hacernos ver que nuestro camino sigue abierto y que debemos seguir luchando por nuestros objetivos, y enterrar lo vivido, dejarlo allí, en el Baúl nadie nos lo podrá arrebatar.

Pero la vida es otra cosa, no es solo tristeza, ella   pasa cuando el dolor se libera, para entender la vida recurramos a  la Madre Teresa de Calcuta quien nos legó la mejor definición que he podido encontrar:

“La vida es una oportunidad, benefíciate de ella. La vida es belleza, admírala. La vida es un sueño, alcánzalo. La vida es un desafío, enfréntalo, La vida es un juego, juégalo.”

Siempre que nos quejamos de la vida solo vemos las ruinas  del entorno, éstas constituyen las obras del pasado y la calamidad del presente, las ruinas nos atañen en tanto nos comprometen a su transformación,  sin las ruinas no hay aprendizaje, sin ruinas no hay aprecio por él cambio, no se persigue el futuro como el sueño que nos devuelva lo mejor del mundo conocido, empero esa empresa demanda corazón, si no se va a la lucha dispuesto a darlo todo, no vendrá la Victoria ansiada.

Escribió  Carlos Dorado en artículo de opinión publicado en El Universal:   En la abadía de Westminster, está enterrado un obispo anglicano, cuya tumba tiene la siguiente inscripción: “Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar al mundo. Al hacerme mayor y más sabio, descubrí que no se podía y me resigné a cambiar a mi país. También resultó imposible. En mis últimos años, intenté desesperadamente cambiar al menos a mi familia más cercana, pero fue igualmente inútil. Ahora en mi lecho de muerte, caigo en la cuenta de que, si simplemente hubiera cambiado yo mismo en primer lugar, mi ejemplo habría transformado a mi familia. Con su inspiración y su apoyo, habría podido mejorar mi país y, ¿quién sabe?, tal vez habría cambiado el mundo”.  Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. ¡Todos quisiéramos una Venezuela mejor, pero no queremos ser un venezolano mejor! Que cambie el gobierno, que cambie la oposición, que cambien todo, ¡menos yo! ¿Cómo vamos a tener otros resultados, si estamos haciendo siempre lo mismo? ¡Un mundo diferente, no puede ser construido por personas indiferentes!

Con ideas claras en la ruta a seguir, no podrá haber inflexión alguna si queremos construir un país donde prive la lealtad en los negocios, las cuentas claras, con reglas transparentes, la justicia aunque demore llegará para dar lo que le corresponde a cada quien, allí ningún niño dormirá  sin comer, no morarán las familias sin un techo, sencillo, pero lo suficiente para abrigarla, la salud comenzará con el orden, cada cosa en su sitio, hasta la basura procesada y generando bienestar; si volvemos a tener fe en nuestra fuerza creativa,  claro que se puede y como proclama el eslogan de una  empresa modelo en la vieja Venezuela, SI SE PUEDE.

 

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