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Rodrigo Méndez // ¿Las Sanciones Internacionales Impulsan el Cambio?

Las sanciones internacionales se han convertido en un elemento fundamental en el ámbito de las relaciones internacionales contemporáneas a los fines de conservar el status quo mundial dominante.

Son medidas coercitivas que se aplican contra Estados, entidades no estatales o individuos que suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacional.

Una sanción económica es una penalización comercial y financiera aplicada por uno o más países contra un Estado, grupo o persona.

Las sanciones económicas pueden incluir varias formas de barreras comerciales (arancelarias o no como suspensión de licencias, cuotas de mercado, supresión absoluta del comercio de exportación e importación de materias primas, materiales, insumos y cualquier producto de lícito comercio, subvenciones, etc.) y restricciones a las transacciones financieras internacionales.

Las sanciones económicas no se imponen necesariamente debido a las circunstancias económicas; también pueden ser impuestas por una variedad de asuntos políticos, militares y sociales. Pueden utilizarse para lograr objetivos nacionales e internacionales.

Por tanto, las sanciones suponen un riesgo añadido al proceso de internacionalización por parte de las empresas públicas o privadas y una obligación de cumplimiento de los particulares. No obstante, las empresas no solo deben cumplir con la normativa vigente en su país, sino que deben prestar atención a otras normativas extranjeras, especialmente a las vigentes en Estados Unidos. Las “secondary sanctions”, sanciones de Estados Unidos, aplicables a quienes mantienen relaciones con países u empresas sobre los que pesan prohibiciones, pueden complicar notablemente el acceso de una empresa al mercado financiero norteamericano.

Desde la entrada en vigor del Tratado de Maastricht en noviembre de 1993, las sanciones impuestas por la Unión Europea se han incrementado de manera notable.

Como es del dominio público, contra determinados sujetos que ocupan  cargos en la dirección y administración del estado venezolano, se han decretado sanciones económicas por organismos internacionales y gobiernos de algunos países de la comunidad internacional, debido a circunstancias políticas, en concreto por haberse convertido el gobierno que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela en un “gobierno de facto” al negarse a celebrar elecciones nacionales transparente y licitas una vez que la oposición venezolana y la comunidad internacional determinara que la convocatoria electoral realizada en 2018 fuera fraudulenta.

Cuando se habla de sanciones dentro del nuevo orden internacional surgen varias preguntas para los Estados que las imponen, para los Estados objeto de éstas, los académicos y en general la comunidad internacional.

En cualquier caso, y para realizar un análisis profundo, es necesario tener en cuenta que el derecho internacional, de hondas raíces natura- listas, cada día es más positivo. Continuamente se suscriben nuevos tratados de todo tipo y en diferentes áreas.

Estos tratados pasan a intitularse Ley Nacional para los Estados Firmantes, una vez concluya el proceso pautado a tal efecto en el Derecho interno.

En el concierto internacional de países democráticos se procura ir abandonando las acciones unilaterales y afincar las acciones multilaterales, aún y cuando existen grupos de presión, gobiernos e incluso movimientos de países o  naciones que se creen con derecho y autoridad para sancionar hacen una valoración de la conducta del país que será sancionado valoración que no siempre contiene un análisis jurídico desde el punto de vista internacional.

Hoy por hoy, el peso de lo pragmático, lleva a cada uno de los gobiernos de los países a ser muy prudentes en las decisiones y acciones a tomar a la hora de la defensa de los principios ideológicos, incluso de aquellos que tradicionalmente han enarbolando la bandera de la libertad.

Desde el punto de vista de los Estados o Estado sancionador, los costos anticipados o las expectativas de beneficios futuros serán decisivos al momento de adoptar una determinación.

En muchos casos las sanciones pueden producir ganancias económicas, como en la guerra del Golfo; tales ganancias también se pueden obtener absteniéndose de entregar ayuda a organismos multilaterales de apoyo, o la captura de los mercados dejados por la vacancia del Estado sancionado, o con la captura que puede ser de dos formas: de los mercados internos por parte de sus productores o de los mercados externos a otros países.

En el caso Venezuela encontramos que se trata de un proceso gradual de quiebre intencional de la economía, el desmonte por abandono, o por acción directa del gobierno para desmontar una industria, línea  o sector de la producción, el dumpin o competencia desleal con productos importados por  el gobierno.

El PIB se ha contraído en más del 15% al año desde 2016. La hiperinflación alcanzó 10.000.000% en 2019, con un PIB nominal promedio de 70.140.000.000$ US, y una población en la línea de la pobreza del 81,77 para el año 2017, según un estudio de Encobi

El gobierno de Venezuela está  en bancarrota, sosteniendo el flujo comercial con ingresos negros.

Las acciones adoptadas  por la comunidad internacional llegan tarde, la nomenclatura oficial solo en la ciudad de Madrid tienen inversiones en bienes raíces sobre las siete mil unidades entre departamentos y viviendas de lujo, esto según publicación del The New York Times.

En conclusión las sanciones  simplemente no pueden perjudicar a la clase gobernante venezolana de la misma forma que podrían haberlo hecho varios años antes.

Las importaciones y exportaciones con el sector privado -un mercado aún considerable a pesar de las políticas socialistas de Maduro- continuarán fluyendo libremente, originarias de fuentes lícitas y al igual que las remesas enviadas por los venezolanos que viven en el extranjero, entre unos y otros recursos de comerciales y financieros proveyeron durante el presente año cerca de veinte mil millones de dólares americanos, y vista que la economía se ha reducido a un 25% de lo que fue para el año 2014, tenemos entonces que aún el tamaño de la economía de Venezuela se ha mermado de 250.000.000.000,00 a 70.140 millones de dólares americanos, PIB nominal para el presente año y un 93 % de la población bajo la línea de la  pobreza según las estadísticas de Encobi, es decir  la población de Venezuela no tiene ingresos suficientes para comprar alimentos, la pobreza multidimensional creció sobre el 60% de la población

Esta es la radiografía de una crisis que se agrava. Hay cada vez más niños sufriendo de desarrollo físico retrasado como consecuencia de la desnutrición y solo se sostiene  el pueblo venezolano sobre las ruinas de la infraestructura construida durante las cuatro décadas de la democracia representativa, hoy con muy limitada oferta de agua potable y electricidad.

La represión, el caos y la inseguridad también ponen su cuota para empeorar la situación. Y esa mezcla no puede dejar otro resultado que la partida de los venezolanos, que Naciones Unidas ya calcula en más de 5 millones de migrantes.

Los discursos de Donald Trump y de Nicolás Maduro incluyen referencias a las sanciones como la única medida para ayudar a los venezolanos, en el caso estadounidense, o como la causa de la catástrofe económica del país petrolero, desde el lado venezolano.

Lo cierto es que  el pueblo de Venezuela sufre  penurias, ha sido sometido a fuerza de privársele hasta de lo más elemental, como los alimentos y lo más sencillo por básico como la energía para preparar los alimentos y poderlos transformar en sustentos de la vida, pero llegará la hora en el el pueblo unido haga justicia.

Muy a pesar de que la imposición de sanciones ha demostrado no ser un instrumento eficiente y nunca han logrado resolver los problemas de los regímenes dictatoriales o totalitarios, así está demostrado a lo largo de la historia.

Huelga decir que  las sanciones internacionales procuran, por la vía de la coerción, forzar la solución definitiva para Venezuela, ese resultado no se ha dado por una sola razón, la naturaleza del régimen, es un clan al que no le conmueve el sufrimiento, que ve a la pobreza como una oportunidad de perpetuarse en el poder, no en vano su mantra principal es: “el fin justifica los medios”.

Lo que también es cierto,  nunca antes hemos estado más cerca de alcanzar un cambio de rumbo, solo ha faltado al país añadir un acuerdo que permita la transición ordenada a un proceso de saneamiento de la economía nacional, ahora si se abandona la lucha entonces sí se consolida la opresión y el dictador de turno.

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