El diario plural del Zulia

Rodrigo Méndez // El COVID19 parece ser la puerta a la primera tragedia global

El Fin de la Primera Guerra Mundial se selló en la madrugada del 11 de noviembre de 1918, en un vagón de tren en el bosque de Compiègne, los representantes de las potencias aliadas firmaron el armisticio con Alemania.

Al finalizar la guerra se estableció un nuevo orden territorial que trajo como consecuencia el desmembramiento de cuatro imperios que fueron el alemán, el ruso, el austrohúngaro y el otomano, y se formaron nuevos países, lo que modificó la demografía de Europa central.

La guerra dejó una gran devastación y elevados gastos militares tras invertir importantes sumas de dinero en la investigación científica, desarrollo de armamento y tecnologías destinadas a los enfrentamientos armados.

Estados Unidos salió fortalecido desde el punto de vista económico, político, militar e industrial convirtiéndose en la locomotora de la economía mundial. La ciudad de Nueva York había crecido hasta convertirse en la mayor metrópolis de Estados Unidos y los agentes de bolsa del distrito de Wall Street creyeron que el mercado podía sostener niveles constantes de altos de precios de las acciones que habían alcanzado lo que pareció ser una meseta alta permanente.

La euforia y las ganancias financieras de la gran tendencia de mercado fueron hechas pedazos el Jueves Negro, 24 de octubre de 1929 cuando el valor de las acciones en la Bolsa de Nueva York se desplomó. Los precios de las acciones cayeron ese día y continuaron cayendo a una tasa sin precedentes durante un mes entero. 100 000 trabajadores estadounidenses perdieron su empleo en un periodo de tres días.

Hoy hace casi un siglo de la autocorrección del Sistema Económico Mundial conocido como “La Gran Depresión” momentum del crac fue una tormenta perfecta y condujo a la más catastrófica caída del mercado de valores en la historia, que precipitó la expansión del pánico y el comienzo de consecuencias sin precedentes y a largo plazo para los Estados Unidos, poniendo fin a los felices años 20.

Parece que el ciclo se repite, el Partido Republicano gobierna la nación más poderosa del mundo, hoy como en aquel entonces un hombre del mundo financiero ejerce la Primera Magistratura, ayer Herbert Clara Hoover. Un republicano traído de Wall St. los dos primeros años de su Gobierno las desregulaciones del Mercado de Valores creo una burbuja financiera estableciendo las ventas de acciones a créditos con tan sólo una inversión del 10% del monto de la inversión, lo que va ha servir para ponerle la mano a los pequeños ahorros de la incipiente clase media, con la promesa de que el incremento constante de los precios se encargaría de pagar la deuda, no siendo así y con el Crack de la bolsa, todos quedaron con deudas que había que cumplir arrastrándolos a la pobreza.

Hoy el horizonte que se presenta vislumbra un cielo igual de gris, solo la penumbra que apenas nos permite ver poca luz al final del túnel.

La peste de este siglo, bautizada como COVID 19, es un monstruo que muestra sus dientes y afiladas garras. Un enemigo que hay que vencer, más sin embargo muchos sonríen con las medidas de aislamiento social adoptadas por los Gobiernos de los Pueblos, desafiando a la suerte, y a la vez convirtiéndose en ese ejército mudo que esparce el mal.

En el verano de 2008, una psíquica anciana que afirmó que comenzó a recibir premoniciones a los 5 años publicó un libro que contenía una predicción ominosa.
“Alrededor de 2020, una enfermedad grave similar a la neumonía se extenderá por todo el mundo, atacando los pulmones y los bronquios y resistiendo todos los tratamientos conocidos”, dijo. “Casi más desconcertante que la enfermedad en sí será el hecho de que de repente desaparecerá tan rápido como llegó, atacará de nuevo diez años después y luego desaparecerá por completo”.

La predicción desapareció de la memoria pública y la autora del libro, Sylvia Browne, murió en 2013. Pero la pandemia de coronavirus ha atraído una nueva atención al libro de Browne, “Fin de los días: predicciones y profecías sobre el fin del mundo”.

Como antes afirmé gobiernos y funcionarios de salud pública han emitido todo tipo de pautas para ayudar a las personas a protegerse contra la propagación del covid-19. Pero hay otro contagio que los expertos parecen incapaces de detener: la plaga de profetas que advierte que el coronavirus es una señal de que estamos al “fin de los días”.

No trato de ser profético en este artículo, ni mucho menos sembrar miedo muy por el contrario, ruego que se cierre filas en torno a nuestra fe de que todo pasará, y con esta seguridad orar a Dios y suplicar por quienes más padecen.

Pero hay otras señales que nos hace escépticos y es la noticia que cierra el celofán, el cinturón de volcanes que de manera casi sincronizada comenzaron a teñir el cielo con columnas de cenizas y humo de hasta 500 metros de altura, aunque no se tiene constancia ni de víctimas ni de daños materiales.
Los volcanes que se activaron en las últimas horas son:
Krakatoa, ubicado en el Estrecho de Sunda, Indonesia.
Merapi, en Java Central, Indonesia.
Semeru, ubicado en Java Oriental, Indonesia
Dukono, Halmahera.
Kerinci, Sumatra
Klyuchevskoy, Kamchatka.
Shiveluch, Kamchatka.
Popocatépetl, México.
Sanjay, Ecuador.
Sabancaya, Perú.
Nevados de Chillán, en Chile.
Aso, Kyushu central.
Kuchinoerabu-jima, Islas Ryukyu
Sakurajima, Japón.
Ibu, en Halmahera, Indonesia.

Como si fuera poco el mar de Galilea en Israel súbitamente comenzó a desbordarse el día de ayer, un fenómeno no ocurrido en los últimos 300 años en la zona.

Parece un año de terror, con el COVID19 ya era para dejar de verla de haber sido una película, cuando estos fenómenos amenazan con explosionar gran parte de la faz de la tierra.

Sin duda este año dejará huellas que partirán la historia, todo ese oscuro panorama empujará una profunda crisis en haga colapsar los sistemas sanitarios alrededor del mundo, desde los más precarios hasta los más avanzados, ha llevado a algo inédito: que por primera vez, los gobiernos defiendan la salud pública, no solo por encima de la economía, sino a costa de ella.

En resumen lo antes narrado muestra que hoy como ayer estamos a un paso de una catástrofe económica con consecuencias comparables a la Gran Depresión de 1929, la falta de medidas profilácticas globales, y el aislamiento social de la manera implementada han empujado a
la cesación del flujo libre de bienes y servicios en el mercado, lo que arrastrarán los aparatos productivos más débiles, gracias a un liderazgo político frívolo que no resuelve, sino genera otros problemas económicos y sociales, podemos afirmar que se avecina una recesión global que hará que el PIB del Planeta decrezca, el desempleo aumente y millones de personas se sumen a los índices de pobreza.

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