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Referéndum: ¡mandato claro!, por César Ramos Parra

De manera masiva el pueblo venezolano acudió, atendiendo el llamado de los líderes opositores, a estampar su firma para solicitar, con un mínimo de 200 mil firmas la activación de la consulta refrendaria de mitad de período para revocar el mandato al presidente, Nicolás Maduro. Recibidas éstas por el CNE, se procederá luego a la recolección de, al menos, 4 millones de firmas para solicitarle a esa instancia la convocatoria del referéndum respectivo. Se iniciaría así, un proceso constitucional, pacífico y electoral que debe concluir con el llamado del CNE a que el pueblo se pronuncie en las urnas electorales sobre, si el Presidente debe continuar o no en el ejercicio del cargo. Para ello se requerirán, por lo menos, 7.5 millones de votos favorables a la salida del cargo, en cuyo caso, 30 días después, deberíamos estar seleccionando un nuevo presidente para concluir el período constitucional.

Quienes impulsaron el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, desatendieron las exhortaciones que le fueron formuladas, por diversos sectores y particularmente por nosotros, los universitarios, para producir los cambios de su modelo político. La división y el sectarismo impulsados con todo el poder del Estado, la destrucción de nuestro aparato productivo, la recentralización del País y concentración en el Jefe de Estado de un excesivo poder en detrimento de la autonomía de los otros Poderes, La intromisión de factores foráneos e intereses geopolíticos no compatibles con el interés nacional, la desviación de nuestra riqueza para colocarla al servicio de intereses distintos a la educación, salud, producción y estímulo a nuestra economía, mantenimiento y construcción de obras, entre tantas otras áreas donde debieron invertirse los cuantiosísimos recursos recibidos, son la causa de este monumental debacle. Ello, sin poder cuantificar el despilfarro y la corrupción de la mayor riqueza recibida por el País en toda su historia.

El desconocimiento de la voluntad popular por parte de los grupos políticos representados en el llamado Polo Patriótico, con la elección de la nueva Asamblea Nacional, constituyó una clara manifestación de torpeza política. Era el momento de hacer un profundo acto de conciencia, asumir el fracaso del modelo, abrir espacios al diálogo y la negociación con todos los sectores nacionales e iniciar un proceso de rectificación. Ocurrió todo lo contrario. Se desconoció el mandato popular y se radicalizaron en una conducta equivocada, con el apoyo del TSJ, al margen de nuestra Constitución.

El Gobierno y su Presidente, están totalmente deslegitimados nacionalmente y desacreditados en el contexto internacional. En un escenario como este, su salida es inminente. El tiempo de la rectificación pasó. Los niveles de rechazo e inconformidad que la inmensa mayoría nacional siente por este gobierno son irreversibles. De nada valdrán subterfugios ni tácticas dilatorias para tratar de ganar tiempo y prolongar el sufrimiento de una sociedad harta de este caos. Lo sensato sería la renuncia para facilitar la reconstrucción nacional, con un gobierno amplio e inclusivo, y poder comenzar a dar pasos serios que nos conduzcan a superar la situación de grave calamidad y miseria en la cual nos encontramos. Ojalá y el Gobierno haga esta vez lectura correcta del sentimiento popular. La alternabilidad en el poder es una virtud de la democracia; ello no significa la muerte de las organizaciones, al contrario, es la marcha constante del mejoramiento y la perfectibilidad.

 

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