El diario plural del Zulia
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Reconocimiento a un legado, por María Guadalupe Núñez

El título es el lema ideado por la Universidad del Zulia para convocar a la sesión solemne mediante la cual me otorgó el Doctorado Honoris Causa, a proposición de la Facultad de Ingeniería. El que sigue es un extracto del discurso que pronuncié.

Gratitud y reconocimiento son los sentimientos que me embargan en este momento de orgullo y dicha indescriptibles, aunque también de respeto. Mucho respeto, porque en este recinto se encuentra representada la academia, una de las principales dimensiones del quehacer institucional universitario.

Hace cuarenta y cinco años ingresé a la Facultad de Ingeniería. Era una joven de 18 años proveniente de una de las barriadas tradicionales de Maracaibo, Las Delicias. Egresé en la VI Promoción de Ingenieros Químicos. Luego me incorporé al personal académico de esa Facultad y fue un período fructífero en el cual, con los estudiantes, aprendí que la confianza en los otros puede vencer el desánimo ante las dificultades y la desesperanza, y eso lo extrapolé al resto de las actividades que desde entonces he realizado en la institución.

Aprendí lo que es la convivencia, que presupone unos objetivos comunes y la exclusión de actitudes y hechos que puedan causar daño a los demás. Entendí el significado del diálogo, ese saber escuchar y hablar, esencial para las actividades académicas pero también para lidiar con los problemas estructurales de la universidad. Una herramienta que no es aprovechada, escudados en posiciones radicales, discursos altisonantes y el inmediatismo.

Comprendí que la universidad no es una torre de mar l, ajena a todo lo que ocurre a su alrededor, pues está en medio de la sociedad con la que interactúa de manera permanente, que la sustenta y para cuyo progreso existe.

Este aprendizaje de ayer nunca tuvo tanta vigencia como hoy cuando la grave crisis de valores que azota al país ha creado un caos que amenaza con derrumbar todas las instituciones, incluida la universidad que debe asumir, sin cortapisas, su responsabilidad como fuente de luces de la sociedad y, por ende, no puede abstraerse de la problemática nacional. Es la universidad que debe juntarse y unirse en torno al objetivo común de preservar la libertad académica y la autonomía universitaria, más allá de las reivindicaciones socioeconómicas que es el centro de las luchas actuales.

Mi trayectoria de cuarenta años en LUZ y el cúmulo de experiencias adquiridas durante mi gestión gerencial universitaria, un largo y difícil pero gratificante camino, me ha permitido establecer que el diálogo, ese aprender a respetar la verdad y el conocimiento junto con el respeto a la libertad y la dignidad de cada persona, es la única vía para resolver diferencias, por más complejas que sea.

 

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