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¿Qué había antes de la dictadura?, por Ender Arenas

El título y el tema de esta nota surge por un hecho inesperado. Resulta que tengo cuatro hijos, mis dos Ana, María Gabriela y Rafael. Las dos mayores y Rafa están más curtidos, tiene una mejor aproximación política a lo que sucede en el país y sufren el desconsuelo y el desencanto que sufren los realistas que saben que las salidas no van a ser fáciles, incluso, me lo dijo Ana V., una de estas madrugadas, no parecen que serán pacíficas y democráticas.

Pero María se aproxima de manera más ingenua y sin embargo, me hizo una pregunta crucial: ¿qué había antes de esto que yo designo como un desastre? y ¿por qué siento nostalgia por lo que había? Y si, es verdad, siento nostalgia por lo que teníamos y que un día, cuando nadie lo esperaba se rompió y no hemos podido hasta hoy de recomponer lo que había y toda la sociedad sufre las irresponsables decisiones, que un diciembre de 1998 la mayoría de los habitantes de este país tomaron.

“¿Que había?”, fue la pregunta y me respondí a mí mismo: había un enorme consenso democrático con orientaciones normativas positivas, respecto a la democracia representativa y de las instituciones políticas particulares que componen un régimen democrático.

Si fuese posible cuantificar la magnitud del consenso construido, articulado por el pacto social conocido como Punto Fijo, diríamos, siguiendo a Michael Mann, que era del 100% a 75% y que los portadores de orientaciones negativas hacia la democracia iban del 0 % al 25 % pero eran extremos marginales colocados a la derecha o a la izquierda. Esa mayoría compartía normas y pautas. Betancourt había logrado estructurar un sistema y un gobierno en un mismo proceso, pero diferenciados: la democracia como un sistema de valores antiautoritarios y la democracia como tecnología de gobierno fundado sobre acuerdos institucionales compartidos por los actores más significativos.

Vino 1989 y allí se experimentó el primer cambio en la magnitud del consenso construido en 1958, el sistema político empezó un sutil desplazamiento del “consenso democrático” al “disenso democrático”, si lo contabilizamos, sería de 75% al 60% que compartían orientaciones positivas y del 25% al 40% que compartían orientaciones negativas. Esta situación no fue leída de manera adecuada por los partidos políticos fundamentales de entonces (AD, COPEI, MAS). El deslizamiento hacia esta situación se materializa en el año 92, a una situación de “disenso” a secas con el golpe de Estado contra CAP, donde la proporción sería de 60% a 40% que comparten orientaciones positivas y de 40% a 60% que comparten orientaciones negativas, pero que ya configuran una minoría consistente, pues a pesar de ser efectivamente una minoría produjo efecto estatales fundamentales, pues lograron sacar de la presidencia a Carlos Andrés Pérez.

Finalmente, en el 98 con la elección de Hugo Chávez el antiguo “consenso democrático” ya es historia los venezolanos que comparten orientaciones negativas hacia la democracia es ya del 60% al 75%, consolidando una situación política caracterizada como un “disenso antidemocrático”. Diecinueve años después, hemos experimentado el mayor proceso de descomposición estatal en la historia del país y donde el desempeño estatal ha sido tan pobre que ha sido incapaz de superar la crisis, que por lo demás, el mismo la produjo: desintegración normativa, bajo desempeño estatal y desintegración socioeconómica.

Se hace vital un proceso de transición que sea exitoso y que desemboque en un proceso de recuperación de la democracia, similar al que una vez tuvimos en el sentido de un acuerdo normativo, tanto en torno a procedimientos formales democráticos como acuerdo en torno a contenidos sustantivos: orientación antiautoritaria, tolerancia, igualdad en la interacción social y orientaciones normativas positivas respecto a rasgos socioeconómicos de carácter capitalista, etcétera.

Claro, a lo mejor la repuesta a María no es la mejor, porque es posible que Ana V. tenga razón cuando dice que el régimen lo dirige una minoría que se comporta como si fuera una vasta mayoría que valora negativamente a la democracia y sus instituciones, pues su ADN es dictatorial y se opone a toda transición de libertad y democracia y para ello está dispuesta incluso a matarnos.

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