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Pon tu esfuerzo y Jesús hará lo demás, por Jaime Kelly

La letra de una hermosa canción, dentro de nuestra Iglesia, en uno de sus estribillos dice: “… Yo puse mi esfuerzo, yo puse mi afán, tu pusiste Jesús lo demás”. Es un tema muy lindo, porque hace referencia a varios episodios del Evangelio, en los que se relata los momentos en que los hombres, ante diferentes situaciones de necesidad, presentan a Jesús su esfuerzo, trabajo u ofrenda, y Jesús obra en ello el Milagro.

Esta canción me hace recordar una anécdota que leí sobre la vida del famoso actor norteamericano, Charlton Heston, cuando filmaba una de sus películas llamada “Ben Hur”. Cuentan que el actor trabajó largas horas con los entrenadores para aprender a manejar un carruaje para la escena crucial de la carrera de carruajes. Se esforzó mucho en el aprendizaje del manejo de los caballos y carruajes, pero finalmente se convenció que la tarea era un desafío mayor de lo que había previsto. Se aproximó al director de la película, De Mille, para hablarle acerca de la escena, y le dijo:< Señor De Mille, he trabajado duramente para manejar este carruaje y creo que puedo hacerlo con toda soltura en la escena; lo que no creo es poder ganar la carrera>. El director le contestó: <Usted conduzca solamente; el resto lo hago yo>.

Hermanos, Dios es el Director de nuestra vida. Él confía en que nosotros dominemos el arte de conducir nuestra vida, que como en el caso del actor, estaba referido al “carruaje”, y nosotros debemos con ar en que Él determinará la belleza o el triunfo en el arte o en la “carrera” de nuestra vida.

Dios con su poder puede obrar Milagros y obtener Beneficios, Gracias, bienes de la nada, para alegrar, animar, consolar, sanar, bendecir y proveer a su pueblo, pero Él quiere que nosotros pongamos nuestro esfuerzo, nuestro afán y así Él, gustoso, obra todo lo demás, para que salgamos victoriosos en todos los escenarios de nuestra vida.

De los evangelios podemos reseñar muchos episodios en los que Jesús esperaba, pedía o quería la disposición, el trabajo o esfuerzo del pueblo que a Él acudía, esperando el auxilio, la ayuda, el Milagro. Me voy a permitir compartir uno quizás muy conocido: “Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron diciendo: . Pero Jesús les dijo: . Ellos respondieron :<aquí sólo tenemos cinco panes y dos pescados>. Jesús les dijo: <tráiganmelos para acá>. Tomó los cinco panes y los dos pescados , pronunció la bendición , partió los panes y los entregó a los discípulos… Todos comieron y se saciaron…” (Mt 14,15-20).

Jesús hizo el Milagro, pero no lo hizo de la nada. Él bendijo los panes y los peces que le presentaron. Ellos pusieron algo de sí; lo que tenían lo ofrecieron y lo pusieron a disposición, y Jesús con su Bendición, hizo lo demás. Dice la Palabra, “que comieron hasta saciarse”, es decir, la Gracia fue plena, abundante, quizás mucho más de lo que pensaban e imaginaban.

Amigos, así sucede en nuestra vida. Si queremos sanar, hemos de ir al médico, tomar las medicinas. Si quieres trabajo, debes buscarlo. Si quieres reconciliación, debes acercarte, y así, poniendo nuestro esfuerzo, Jesús obra el milagro en nuestra vida y obtenemos la Victoria. Y en todo lo que hagas, Ora, Levanta tus ojos al cielo, de ahí viene la Bendición. Amen.

 

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