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“Oclocracia, mistificación y violencia en el comunismo”

En el Manifiesto del Partido comunista (1848), Marx y Engels no consideran a Rusia entre los países en los cuales debería arrancar y consolidarse la revolución socialista, pues siendo una economía prevalentemente agrícola no presentaba características del desarrollo industrial. Casi setenta años después de la publicación del  Manifiesto, por ironía, el “socialismo científico” propuesto por los dos filósofos, se realizaría en Rusia con el nombrado “socialismo real”, bajo la guía primero de Lenin y del partido bolchevique y sucesivamente de Stalin, quienes lo consolidarían utilizando la mistificación de la oclocracia, con violencia y terror.

Así, la “propuesta civilizadora” del socialismo, con vistas a eliminar la explotación del hombre sobre el hombre y las diferencias sociales, para lograr una sociedad basada en igualitarismo, debería  borrar el capitalismo -fuente de la diferencia-, según lo escrito en el Manifiesto. De igual manera, con su afirmación, ir suprimiendo “la independencia y libertades burguesas”, el Estado de derecho, la democracia parlamentaria, el mercado, la propiedad privada, la familia burguesa y la religión, recurriendo a los medios de la persecución, la tortura, el asesinato y la permanente “mistificación” de la realidad.

El analista de cuestiones rusas Martin Malia, en su texto La Tragedia soviética: historia del socialismo en Rusia 1917-1991, habla del comunismo como de “la paradoja de un gran ideal que llevó a un gran crimen”. La historiadora Annie Kriegel, profunda estudiosa del comunismo habiendo sido también funcionaria del Partido Comunista Francés (1945-1957), se convertiría en uno de sus mayores críticos luego de descubrirse atrocidades del período de Stalin, escribe sobre las dos caras del comunismo: una luminosa y la otra sombría, como un actor que interpreta más personajes.

Mistificación y violencia son intrínsecamente necesarios para realizar el ideario socialista-comunista. Se instrumentalizan para nivelar y hacer aceptar la supuesta igualdad de origen entre los seres humanos, abarcando todos los planos de actividad de la vida social, a la manera de la Utopía de Moro. Contrariamente, la naturaleza racional del ser humano, si bien anhela algunas igualdades en principios y derechos, aspira aún más a la libertad que fundamenta esos principios y derechos. Mistificación y violencia para consumar una igualdad desigual, con historia de sangre que colorea los territorios donde han gobernado las dictaduras socialistas/comunistas.

La línea macabra de esta ideología política y el sin escrúpulo de sus cabecillas, estaban perfilados en las palabras de los mismos revolucionarios bolcheviques en el comienzo de la revolución rusa. En El libro negro del comunismo (p.70), a la pregunta sobre cómo prevenir la anarquía, el jerarca del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado (CRMP) Feliks Dzerzhinsky, contestaría a los representantes del soviet de la provincia de Pskov, dejar a la “espontaneidad revolucionaria de la masa” actuar contra los enemigos del pueblo. “Nosotros no estamos ahí más que para canalizar y dirigir el odio y el deseo de venganza de los oprimidos  contra los opresores”, afirmaría (p.70).

Esta trilla de sangre comenzaría con Lenin y Stalin la ampliaría sucesivamente a los mismos revolucionarios del Politburó, del ejército y del Komintern, por medio de la purga (represión) durante los años 1936 y 1938; así se desplegaría sobre Rusia y federados un largo manto de terror. En el texto citado (p.220), se reportan investigaciones en las cuales aparece la firma de Stalin al pié de 362 listas para la pena de muerte. Estas “incluían a más de 44.000 nombres de dirigentes y cuadros del partido, del ejército y de la economía”. Más de 39.000 fueron ajusticiados.

Y ¿qué decir de la estrategia del hambre?, arma constantemente utilizada por las dictaduras socialistas-comunistas de la historia contemporánea. Se anota en El libro negro (cap.8), que el control completo de la industria alimentaria y el “sistema del racionamiento” han sido instrumentos de dominio para garantizar la filiación a estos regímenes. Solo los países gobernados por mistificadas oclocracias, han tenido hambrunas en su interior con la muerte de decenas de millares y hasta millones de personas. Así ha sido en la URSS con la “hambruna” no reconocida  de los años 1932 y 1933, en los cuales murieron seis millones de personas; en China desde 1959 a 1961, se reportan las muertes de veinte millones de personas; en Corea del Norte, terminada la ayuda al régimen comunista por parte de la URSS y China, entre 1995 y 1996, murió por hambruna el 10% de la población de este país. La lista de los muertos por la “estrategia del hambre inducida”, es aún más amplia y actualmente incluye los regímenes socialistas-comunistas de Cuba y de Venezuela.

Historia magistra vitae.

Continuará…

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